abril 26, 2013


El argumento del fumador: el voto kamikaze.

La respuesta más habitual de los fumadores, a la hora de explicar por qué no deja ese vicio, ha sido siempre algo así como esto:
"Si igual me voy a morir, al menos elijo de qué"
Un argumento idiota hasta para mi que lo he usado alguna vez (o varias).
Lo cierto es que, en política al menos, parece que los argentinos hemos caído tan bajo que ya decidimos el voto en base a ese mismo argumento. Sería algo así:
"Ya que todos nos vamos a morir, al menos elijo que me mate la policía o un chorro en CABA"
 o 
"Ya que todos nos vamos a morir, al menos elijo que me dejen morir en una inundación porque se afanaron la guita del entubamiento del Maldonado".
Los que hace diez o quince años creíamos que el voto castigo era lo peor que nos podía pasar como país (así le abrimos la puerta al Menemismo y, después, contra el mismo Menemismo, al Kirchnerismo) descubrimos que este país no va a dejar de sorprendernos nunca. Siempre hay un subsuelo más al que seguir cayendo. 
Ahora resulta que castigamos al Macrismo votando al Kirchnerismo, y castigamos al Kirchnerismo votando al Macrismo...¡genios! ¡genios mundiales de las redes sociales! ¡Barriletes cósmicos de la democracia!
Si es cierto aquello de que cada país tiene el gobierno que se merece, también es cierto que Dios es argentino, porque lo que es nosotros, por merecimiento, deberíamos tener gobiernos mucho peores todavía.
A pesar del "voto kamikaze" seguimos vivos. Deberíamos dar gracias. 

Un día decidió que sería él mismo su propio reloj. A cada vuelta completa de su sangre por todo su sistema de venas y arterias le daría un nombre que reemplazaría a los minutos.
Porque el tiempo es interno, pensaba, propio.
─Mi tiempo es humano y ningún artilugio mecánico me dirá cuándo es el momento de nada.

abril 25, 2013


Me dormí. De haber podido estar en Buenos Aires quizás hubiera estado en la calle, frente al congreso, hasta la hora que fuera. Pero "el modelo" (no tenía un mango) me lo impidió y me dormí mirádolo por televisión.
Sin otra solución, me tuve que conformarcon onfiar en mis compatriotas apostados con firme decisión frente al congreso. En esos millones de compatriotas que tienen la ventaja de estar donde se toman las decisiones que afectarán a país entero y que allí estaban, tan firmes... 
Bueno, no tan firmes.
Cuando me desperté hoy lo primero que hice fue encender la tele para enterarme si había terminado todo o si el resto del país teníamos que salir también a la calle a dar una mano a los que gritaban en Buenos Aires y a mostrar que no eran solo unos caceroludos de algún barrio cheto de Baires. 
Bastó un titular y un pequeño zapping por los canales de la "opo" para saber que habíamos perdido. No, que nos habíamos rendido.
En 1999, y con casi el 50% de los votos, asumía el gobierno de De La Rúa. A días de cumplirse los dos años de gobierno, nadie pensó en las instituciones, en dejarlo terminar, en que había sido electo por la mayoría. Nos metieron la mano en el bolsillo. Había que pedir la cabeza de todos. Que sepan que a los argentinos nadie nos roba tan descaradamente y que si se quieren robar la patria entera que laven la guita de la obra pública como hace cualquier gobierno decente. 
Pero en la cara y con un decreto no, eso era imperdonable. Quedarse con los ahorros era el límite a la institucionalidad y la democracia.
Hoy, la vergüenza de ser argentino es grande. Mayor aun que la crisis de fines de 2001 o cualquier escándalo de este gobierno.
Más grande que la patria que nos parió. 
La Plaza se llena cuando no podemos comprar dólares o viajar al exterior. Anoche, se fueron a dormir. 
Hoy han destruido la república. Hoy fuimos la generación que dejó que destruyeran la República Argentina. Hoy somos los que dentro de diez años vamos a decir "yo no la voté" o "yo estaba gritando en la calle para que no lo hicieran". 
Pero es mentira, somos los que hacemos explotar las redes sociales mirando a Lanata el domingo a la noche, los que compartimos fotos graciosas (¡porque encima nos parece gracioso!) sobre los impresentables que se llevan bolsos y bolsos de dinero.
Si, reírse de Karina Jelinek es divertido, pobre boluda que no entiende nada y nosotros todo. ¿Nosotros sí entendemos? Ahora si me causó gracia.
Las generaciones futuras sentirán vergüenza de nosotros. Y con mucha razón.
Seremos, para la historia, la generación que volteó a un presidente cuando nos limitó el acceso a los ahorros , pero que se quedó callada cuando nos quitaron la Constitución y nuestros derechos básicos. 
Porque esto recién empieza. Ahora es fácil imaginar lo que sigue con este gobierno criminal y sin Poder Judicial que nos defienda o, al menos, les meta una pequeña duda o temor a estos delincuentes.
Me da vergüenza ser parte de esta generación de argentinos. Y ojalá a ustedes también.
Finalmente, el Kirchnerismo tenía razón sobre los caceroludos. Gritan para ir a Miami. Y ojalá se vayan. Y no vuelvan. 

Bunos Aires nos dejó solos. Estaban ahí, tenían que gritar, romper, empezar el ruido hasta que los demás (al menos el que puediera pagarse un boleto) llegaran. Pero se fueron a dormir. 

Para terminar, solo una cosa más: que nadie vuelva a quejarse. De nada. Porque no nos ganaron ellos, perdimos nosotros, nos rendimos, vendimos la patria por el subsidio, el plan, la asignación universal por hijo y el fútbol para todos.

Nos merecemos diez años más de Kirchnerismo. Y bien calladitos la boca.

abril 23, 2013


Feliz día del libro

Los libros. El día del libro y el compromiso de pensar en uno, en dos, en tres a lo sumo y no perderme bajo esa montaña de libros que no tendré nunca.
Si tengo que pensar en los predilectos, en esos con los que camino (de alguna forma uno se ha convertido en algo así como un reader que almacena libros en su memoria), me marea y me pierdo entre tantos títulos.
Así que haré un resumen. Un pequeño catálogo de los que no me estoy olvidando en este mismo instante.
El primero, la "Ética para Amador" de Savater que me prestó una novia.
Después la costumbre de llevarme en el bolsito de la facultad los pequeños tomos de una colección de Crónica (cien x cien, creo que se llamaban). "La metamorfosis", de Kafka; "Bola de sebo", de Maupassant; algunos cuentos de Hoffman; "La muerte de Iván Ilich" y "Iván el tonto"de Tolstoi...algunos de la colección.
Pasaron muchos libros, desde entonces.
Una edición viejísima de la "Antología apócrifa" de Nalé Roxlo, que presté y nunca volvió y juro que de verdad lo extraño.
Un volumen chiquito de artículos de Miguel Unamuno y luego, su nivola, "Niebla" con el inolvidable Augusto Pérez discutiendo con su propio autor sobre su derecho a existir.
Una época de muchos viajes que me llevaba los tomos completos de Borges y Cortazar sacados de la biblioteca del colegio. Ahí, en esa biblioteca, también encontré una edición de lujo, en papel Biblia, de las "Cartas a Milena" de Kafka, los dos tomos de una introducción a la filosofía que me vaciaron el cerebro y me volvieron un refutador de todo y mi primer lectura del Quijote la tarde que ella entró a la biblioteca cuando yo tenía apenas 16 años. 
Más frescos están los de Galeano, regalos de cumpleaños de mi hermana tan bien y bellamente dedicados.
No puedo olvidar del primer tomo de las obras completas de Tolstoi en encuadernación de lujo. Nunca conseguí los otros tomos.
Algunas ediciones Castalia (El Lazarillo de Tormes, Vicente Aleixandré...) que son un lujo humilde con sus prólogos y estudios preliminares que no he encontrado en otras ediciones.
Una edición bilingüe del "Critón" de Platón, que me di el gusto de leer en griego antiguo, o los poemas de Horacio y los "Comentarios a la guerra de las Galias", de Julio César, ambos leídos en latín.
Son muchísimos libros a los que he dado rango de familia.
El último, el más fresquito: los cuentos completos de Cortazar, con la letra de ella en la página en blanco del comienzo. He besado esa dedicatoria solo para traerla.
Y sí, tengo que incluirlo, aunque con cierta vergüenza: mi "Primeros poemas", todo un bastardo que trato y trato de convertir en el primogénito. Solo por amor. Y el próximo, "Enamorado del rayo", ese libro que moriré sin terminar nunca. Los dos están guardados también en esto que ni sé que es. 
Digamos, solo para justificar los últimos minutos que he perdido escribiendo esto, que es un homenaje a todos los libros que he amado.
Pablo Mosse (¡cómo pude olvidarme de contar su libro en esta lista!) dijo una vez que discutíamos sobre los libros digitales que el libro impreso es irreemplazable. Puede mojarse, caerse, golpearse y no importa qué le pase, siempre podrá leerse. Un libro es parte de uno, de su casa de sus muebles, de sus parientes que conviven con él.  
¿Tomamos unos mates? Apoyá tranquilo la pava sobre ese libro que está en la mesa. No pasa nada. Ellos dan todo y nunca se quejan. 
Perdón por el desorden, y por todos los libros que no nombré.

abril 20, 2013


La poetisa centroamericana María Cristina Porras contaba entre sus recursos literarios con la costumbre de intercalar palabras que no pertenecían al léxico de ninguna lengua conocida, es decir, que ella misma inventaba.
En agosto de 1967, la Real Academia le sugirió, para mejorar la llegada de sus poemas al público en general, re-editarlos anexando al final del volumen un pequeño glosario de aquellas palabras que ella inventaba con el significado que ella misma les daba.
─Al principio─ explicó luego la poetisa─ tomé la sugerencia como algo gracioso y hasta de una tierna ingenuidad casi infantil. Iba a aceptar la propuesta pero, cuando lo pensé por segunda vez, descubrí la malvada intención detrás de aquel asunto. Buscaban no una mayor comprensión, solo temían las consecuencias de aquellos actos de libertad extrema  para un pueblo como el latinoamericano. Solo pretendían racionalizar al extremo el uso del lenguaje para evitar cualquier brote poético o revolucionario (si no es que son la misma cosa) en su uso. Por supuesto que me negué. Aquel que no puede comprender un poema, aún cuando desconoce el significado particular de cada una de sus palabras, está muerto. La poesía habla, solo hay que escucharla, dejarse llevar por el ritmo...¿o acaso quienes aman al mar le preguntan el por qué de sus olas, de su espuma, o de sus mareas? ¿O acaso alguien le pide explicaciones a su amada sobre el color de su pelo, su tono de voz, o su forma de besar?

abril 19, 2013


A veces la vida se desenvuelve de esa manera caprichosa y estúpida. Una noche, borracha, no pensó antes de abrir las piernas y meses después criaba un hijo sin padre.
─Es la vida ─decía su madre. ─Con vos me pasó lo mismo.
Pero en su interior ella sospechaba otra verdad. Llegaron los años más difíciles, y casi como una Sarmiento de la escuela de la vida había aprendido a odiar a los hombres por lo que le había hecho uno, a las mujeres por lo que no le habían hecho a las otras (eso no era del todo cierto, su caso era bastante común pero todas pensaban igual que ella) y a la vida por hija de puta.
─Bien que te divertiste haciéndolo ─solía decirle el padre para no hacerse cargo del nieto.
El nieto crecía, como podía, medio como a los golpes, y no tardó en hacerse un hombrecito a fuerza de arrastrar el peso de las tradiciones familiares que lo criaron.
Aprendió a bajar calzones (aunque según su madre eso lo traía en los genes) sin la menor responsabilidad, a odiar a los hombres por aquella ausencia de su padre, a odiar a las mujeres por la falta de nadie sabía qué de su madre que se había arruinado la vida criándolo. Y un poco a la vida, también, por hija de puta.
Terminó borracho, mujeriego y jugador. Una joyita, decían los vecinos. Claro que lo que piensen los vecinos se lo pasaba por donde no le daba el sol (frase hecha e inútil ya que varias veces se lo había visto corretear mujeres desnudo por la calle).
La vida era una mierda sin sentido, la resaca de una borrachera eterna que no importaba cuanto vomitaras o cagaras que no se iba a pasar.
Y no eran ellos. Eso hubiera resuelto todo a una mala familia. Era el barrio que también andaba de putas y borracheras. Y una vez que tuvo que viajar al centro descubrió que la cuidad entera era una mujer vieja y arrugada que daba asco pero igual había que darle.
Le contó una vez el primo Federico, ese que había triunfado, que el mundo era así también. Que no había paz en ningún lugar.
Y eso que el primo Federico había tenido suerte. Tenía los ojos claros, tan claro como que la madre había andado cojiendo por ahí con otro. Con otro que un día volvió y se llevó al primo Federico a vivir en su mansión. Boluda no era la madre, porque el tipo que le había hecho al primo era un político importante. De esos que cada tanto salen en una foto con el que vende droga en la esquina del barrio, o con el que maneja el piribundín de la otra punta donde el otro primo, Marito, se pegó la sífilis.
Y el primo Federico decía que el mundo entero era un mierda, que no valía la pena salir de casa. Claro que su casa no era la casa de estos semi.parientes semi-humanos de los que ya solo se acordaba para venir a refregarles lo puta que era la actriz esa a la que llamaba "novia".
Una vez se agarraron a trompadas con Marito porque este le tocó el culo a la actriz de culebrones caros.
Pero cuando el primo Federico venía de visita salían todos los primos. Y era un fiesta porque el primo Federico parecía el presidente de lo bien vestido que andaba. Y pagaba todo, claro, para que vieran que tenía. Entonces las mismas negritas que los miraban pasar todas las tardes sin contestarles ni el saludo se dejaban meter la mano a ver si el primo rico o alguno de la familia les hacía un crio.
Y así repitieron la historia. El nietito del que nadie se había querido hacer cargo aguantaba a la bruta de la esquina embarazada. La brutita corría con ventaja: ella sí tenía un padre, y uno que medía más de ancho que de alto y borracho era capaz de matar un cristiano con las manos atadas. No había forma de escaparse sin perder una parte del cuerpo y tuvo que hacerse cargo de la bruta, del pibe y del trago interminable del suegro.
─Si te divertiste poniendolá ahora divertite limpiándole el culo al pibe─ dijo el abuelo, casi feliz de poder demostrar su sabiduría de viejo estúpido otra vez, ahora con su nieto.
Y él entendió, tarde, cuando ya no le servía de nada, por qué la vida era esa mierda infinita y cíclica que se repetía generación tras generación. Cuando después de unos meses la bruta parió una nena con los ojos del primo Federico, se prendió un cigarrillo de yerba en la puerda del hospital y entre pitada y pitada se repetía:
─¡Qué puta de mierda!
Pero nadie sabía si hablaba de su madre, de su tía, de la bruta, de la cuidad o de la vida misma.

abril 08, 2013

El León y la Gacela (fábula erótica)


Cuando el León se enamoró de la Gacela todo en la selva se volvió confuso.
Quizás porque él no conocía otra forma de relacionarse con ella que la de perseguirla con las fauces húmedas que a la Gacela le resultaba difícil creerse aquel cuento.
Fue recién cuando el rey se convirtió en la principal burla de la selva que ella le dio algo de crédito, y una tarde que él comenzó a perseguirla con la boca abierta y babeante ella, después de pensarlo dos veces, se dejó alcanzar por el León.
Y juntos descubrieron otra forma de jugar al cazador y la presa.


Un bote de madera algo podrida atado junto al muelle. Debería moverse suavemente con el agua, pero el lago está congelado. Un paisaje clásico con montañas con bosques cubiertos de nieve en las laderas.  El cuadro de un lago con marco de pedregal frío. En lo poco que queda para el cielo, un gris que muchos definirían como depresivo.
Un escenario más que conocido, accesible a la imaginación de cualquiera.
Agregamos la cabaña, la máquina de escribir, el aroma de un café recién preparado. Todo esto convenientemente cerca de una ventana.
El escritor: desalineado, con su barba descuidada de varios días, un par de lentes viejos, un saco con botones desprendido sobre su desgastada camisa preferida.
De a ratos la intuición ─suficientemente escasa para llamarla inspiración─ le hace un ruido que le despierta algo que se le agita dentro, se revuelve y se vuelve a dormir.
Tiene ante si una metáfora completa: un objeto privado de su naturaleza móvil.
Así como el teclado del piano esconde las notas necesarias para una canción, también el teclado de su máquina de escribir esconde, como un jeroglífico, lo que está sacudiéndose en su cabeza.
El cuadro completo es un crucigrama que se resuelve encontrando la combinación exacta de las teclas.

abril 03, 2013


Ética Electoral
(o "Basta de votar como imbéciles")

Veo con cierta tristeza al poder paseando entre las ruinas húmedas de una ciudad que ayer estaba, literalmente, bajo el agua.
Nadie se arriesga a mojarse los zapatitos de charol: esperaron que bajara el agua, que se secaran las calles, para ir a recorrer las zonas inundadas.
La culpa es de Macri, de Cristina, de Scioli, de la puta lluvia que se le ocurre, justamente, caer sobre la tierra. Nosotros, pobres víctimas.
¿Quién los votó? ¿Quién votó a Macri, a Cristina, a Scioli, a cada uno de esos cientos y miles de inmorales enriquecidos ilegítimamente?
Seguramente, se votan ellos mismos. Porque nosotros, pobres víctimas.
Ahora saldrán los mismos estúpidos de siempre preguntando a quién votaría, o que votan al menos malo, o que son todos iguales y que da lo mismo votar a uno o a otro. Y los que nos hemos tomado el triste laburo de recorrer la página de cada uno de los candidatos en cada elección, de vernos hasta el hartazgo cada discurso, de mirarles cada gesto esperando encontrar una señal que nos ayude un poco, nos damos la cabeza contra la pared pensando que todo es tan al pedo que ni vale la pena seguir creyendo ni en la propia madre.
Les preguntaría, a quienes votaron a estos, a cuántos candidatos más conocían. Cuánto se informaron, cuánto buscaron entre esas boletas desconocidas para ver si había alguien mejor.
No saben. Para ellos (para la gran mayoría) el mundo es Macri o Cristina. Scioli o Cristina. Son incapaces de levantarse del sillón, de sacar Los Simpson a ver si en algún canal de esos arriba del 17 o 18 aparece el tipo desconocido, el candidato de 100 gatos locos con alguna buena idea.
Se escudan, y a veces creo que es válido el argumento, en que no tiene fe. Que son todos la misma mierda. Que al menos votamos.
Más del 80% de la población (no solo en Argentina, sino en el mundo) carece de la capacidad (según la RAE "preparación, o medios para realizar un acto") para decidir con argumentos válidos, quién está mejor capacitado para gobernar, administrar, un estado.
Le dicen (y dicen que es lo menos malo) "democracia". Pero se pronuncia "populismo". Siempre absolutamente siempre, la democracia es populismo. Gana el que miente más y mejor a esa gran mayoría de des-capacitados políticos. Savater, en un sentido más amplio, les llamó "imbéciles", pero aquí todavía nos sirve esa definición:

"¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. [...]La palabra «imbécil» viene del latín baculus que significa «bastón»: el imbécil es el que necesita bastón para caminar. Si el imbécil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu el debilucho y cojitranco, aunque su cuerpo pegue unas volteretas de órdago. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir: a) El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque. b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez. c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace está dictado por la opinión mayoritaria de los que le rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa. d) El que sabe que quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o con poca fuerza. A fin de cuentas, termina siempre haciendo lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra más entonado. e) El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo. Todos estos tipos de imbecilidad necesitan bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de fuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. [...] Los imbéciles suelen acabar bastante mal, [...]suelen fastidiarse a sí mismos y nunca logran vivir la buena vida esa que tanto nos apetece a ti y a mí. Y todavía siento más tener que informarte qué síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos [...] Conclusión: ¡alerta!, ¡en guardia!, ¡la imbecilidad acecha y no perdona! "

(Extracto de: Fernando Savater, "Ética para Amador"; cap. "Aparece Pepito Grillo").

abril 02, 2013


Abril, 2, de 2013.

Sé, y no me importa, que es un tema complicado, una herida llena de mierda que todavía no hemos podido cerrar. Pero cada 2 de abril pienso en lo mismo y, por lo general, he preferido callarme por miedo a herir sentimientos por los que tengo un respeto casi religioso.
Sigo escuchando esa palabrita: "colonialismo". Inglaterra debe devolver (si, devolver, así hablan) las Malvinas para terminar con el colonialismo. ("Coloniaje", como dijo la Gran Burra, no existe en ningún idioma real ni imaginario.)

Para terminar el colonialismo, entonces, alcanzaría con cambiar de colonialista.

Perdón, pero no puedo quedarme callado mientras me dan de comer mi alfalfa. La soberanía es un concepto entre vivos, no entre muertos. Los isleños que viven en las islas son un pueblo nativo, "criollo" como decíamos por acá en época de la colonia en contraposición a los "colonialistas". Son un pueblo que en pleno siglo XXI pertenecen a una corona. O a una democracia extranjera, según quién mire, pero todo termina dando lo mismo.
Verlo de una o de otra manera es seguir apagando hambre con agua.
El fin del colonialismo llegará, precisamente, cuando ingleses y argentinos aplaudamos la independencia política de las islas como un nuevo país libre e independiente. Un nuevo integrante de la América del Sur y, por qué no, un nuevo hermano latino americano (salvo por ese problemita del idioma, claro, pero es un detalle que bien podríamos tolerar).

Como animal político ese (sí, eso) es uno de mis mayores sueños: que dejemos de pelearnos por una nación que ni es inglesa ni es argentina. Que dejemos de joder a los muertos (también hay muertos ingleses enterrados en las islas) y por fin aceptemos que NADIE es dueño de nadie y que cada pueblo tiene la OBLIGACIÓN de ser un pueblo libre y soberano de sí mismo.

Claro, para eso (para tal grado de madurez humana y política) falta, de parte nuestra al menos, una generación entera de argentinos dotada de cerebro. Y eso sí que es un sueño...

Volver es no quedarse, tampoco, en lo avanzado. No olvidar que el horizonte nos rodea en 360 grados. Hay un cielo delante nuestro, pero también detrás; y a cada lado.
Olvidar que una vez fuimos el pie y no la huella; reconocer en esa huella a ese ser que miraba, anhelante, ese mismo camino no como una experiencia pisada sino como un puente por cruzar.
Después, es cierto, modificamos el rumbo, aprendemos, buscamos nuevas opciones nos adaptamos a nuevos sueños, nuevas circunstancias y, a veces, hasta renegamos de ese ser que fuimos.
Pero esa huella que vemos detrás nuestro, que llamamos "pasado", fue alguna vez lo que tuvimos delante y quisimos recorrer.

Volver a recorrer un camino abandonado que incluso tratamos, injustamente, como un error, es también reconocer el error de haber olvidado.
De haber olvidado esa parte tan propia e íntima que es la que define quién somos, y de dónde venimos.