marzo 17, 2015

Encuentro con Dios

Si me encontrara un día al mismísimo Dios le preguntaria cuáles son las cosas que más ama en el mundo.
Entonces se las quitaría todas, una por una y las destruiría irremediablemente, para siempre.
Después me sentaria a verlo llorar al Gran Idiota.
Y me reiría, mucho, muchísimo, de su eterno dolor.

Vladimir entendía las cosas como mejor podía

Vladimir entendía las cosas como mejor podía. Era pobre. No tenía escuela ni sabía leer. Tenía un pedacito de tierra que le dieron cuando la reforma agraria. Y un hijo de seis años llamado Iván.
Cuando el cura apareció ya pasado el mediodía Vladimir le prohibió dar los oficios y además, si quería quedarse, tenía que sacarse la sotana.
─Hacen falta manos, padrecito, si quiere ayudar se queda, pero como hombre, no como cura.
El cura intentó una defensa pero Vladimir ya tenía la escopeta apuntándole.
─Su Dios se llevó uno de los mios, padrecito, ya quisiera llevarme yo uno de los suyos.
El Cura, sin la sotana, ayudó a cargar el ataúd.
Al amanecer Vladimir había picado la tierra con la punta de la pala y hasta el mediodía había estado cavando.
─Le hiciste bonita la tumba─ dijo la esposa en torno al agujero en la tierra.
─Al menos eso pude darle─ respondió Vladimir, que tampoco entendía cómo podía cavarse una tumba con tanto amor.
Él fue el primero en echar tierra sobre el ataúd de su hijo Iván.