agosto 22, 2011

De los brazos a los miles de días de ausencias repetidas, de ser de aire, nube, lluvia, a no ser. Entre un millón de hormigas destruyendo un rosal pulula la esperanza. El hambre, la sed, la falta de ánimo nos consumieron las flores. Se secaron las piedras y el desierto se hizo. Nació, como de un vientre marino, un océano de arena y soles. Nos hicimos viento, tormenta, nos olvidamos bajo la arena y los siglos, con sus besos de brisas, nos oxidaron.