Si hay un intelectual al que hayan convertido en bandera en estas últimas décadas ese es Eduardo Galeano.
Bastión de los gobiernos populistas de América Latina, Galeano definió las políticas y los discursos pro Latinoamérica de los últimos años.
Todos los jóvenes que apoyan estos gobiernos lo leen como si de un profeta se tratara. Y tiene sentido.
Lo que no tiene sentido es que aquellos que hayan leído sus libros sean, hoy por hoy, en Argentina, "nacionales y populares".
En 1998 Galeano publica "Patas arriba", un resumen del mundo moderno, corrupto y criminal en un tono irónico, como si se tratara del programa educativo de una escuela para triunfar en este mundo.
En ese libro Galeano dedica todo un capítulo entero a la impunidad de las grandes corporaciones culpables de crímenes de lesa humanidad.
El capítulo de los "modelos a estudiar" está dedicado casi en su totalidad a una empresa: Chevrón.
Allí se nos cuenta sobre los fusilamientos y ahorcamientos de la dictadura nigeriana a mediados de los '90 y cómo el mismo dictador explicaba estos hechos afirmando que la empresa Chevrón así se lo exigía a cambio de invertir en su país: debían asegurar la estabilidad de la empresa y exterminar a todo aquel que denunciara el envenenamiento del medio ambiente ya que eso afectaba negativamente la imágen de la empresa.
Y el gobierno de Nigeria, cumplió. Como los gobiernos de otros 23 países en los que Chevrón tenía el derecho de apropiarse, como mínimo, del 25% del petróleo extraído sin pagar por él.