julio 02, 2011

Crimen y castigo de ser Argentino.

Mis amigos más cercanos saben que desde muy jóven he hinchado por cada selección de fútbol que se ha enfrentado a la Selección Argentina. Muchos, que apenas me han conocido, lo han tomado como una falta de patriotismo, o, peor aún, como una muestra de "antipatriotismo". Afortunadamente, nunca fui acusado de traición a la patria. 
Mi sentimiento "patriótico" es bastante débil. No he logrado, casi nunca, sentirme argentino. No puedo, aunque lo quiera y lo intente. Lo más que consigo es alguna especie de lástima por ese orgullo que más tiene que ver con la soberbia y el egocentrismo que con el amor por un suelo.
Tengo aquí a mis vivos y a mis muertos. Mi niñez, mi adolescencia, mis primeros amores, mis primeras aventuras en la vida. Todo lo que he sido, y soy, está íntimamente ligado a este suelo. Pero no seré NUNCA un "argentino".
Poco falta para que se cumpla un año de mi primer poema publicado. Desde entonces, he tenido la dicha de que mi poesía me regale amigos de varios países de Latinoamérica. Los medios de comunicación nos permiten hoy sembrar ciertas formas de amistad que no requieren de la cercanía física. En Chile, en Urugüay, en Colombia, en Perú y en Méjico he cosechado algunos afectos distantes, pero, no por eso, menos válidos. Pero hay algo común en el conocimiento con esa gente: el "vos no parecés argentino". Al poco tiempo de las primeras conversaciones aparece ya este comentario inevitable para todos ellos. No he podido, y vaya si me hubiera gustado poderlo, evitar esa vergüenza: la vergüenza de no parecer argentino por parecer "buena gente".
Esa gente tiene, y ha tenido por mucho tiempo, una imagen triste de nosotros. Han aprendido a despreciarnos, y, si me permiten esta confidencia, creo que fuimos nosotros quienes les enseñamos a hacerlo.
Hoy quiero celebrar esas amistades. Saludar a mis amigos bolitas, perucas, chilotes, paragüas...Agradecerles el HONOR de poder ser amigos. Celebrar a esta América hermosa que los Argentinos olvidamos y despreciamos queriendo parecer europeos. 
Pero también quiero pedir, por favor, a todos los argentinos, que dejemos de generar el odio que generamos. Que dejemos de creernos lo que no somos. Que seamos, finalmente, un poco, al menos un poquito, de lo que decimos que somos y vamos a encontrar muchísimos amigos en todo el mundo. Amigos verdaderos y que valen tanto o más que cualquiera de nosotros.
Un abrazo sincero a todos mis hermanos latinoamericanos. Y perdón por la soberbia.