noviembre 30, 2011

Se despertó. La ansiedad era un millar de hormigas inquietas devorándole las tripas.
Miró el reloj para saber cuántas horas le quedaban con aquella mujer que le había dicho que tenían que hablar.
Extrañamente, él, que nunca había creído en artes adivinatorias y esas fantochadas, sabía muy bien lo que escucharía esa tarde, palabra por palabra.
Todo terminaría cuando escuchara ese nombre oculto que el había descubierto unos meses antes.
Luego vendría el crimen, la sangre, las investigaciones, la cárcel.
Luego, ahora la ansiedad y el odio afilaban el cuchillo.

noviembre 25, 2011

Una vez creí que que había un mundo
que era redondo, habitado por personas.
Una noche desperté sobresaltado por una pesadilla
y entonces lo supe:
no había nada ni nadie,
todo había sido un sueño.
Durante un tiempo moré pensativo por la nada
buscando un ser o, al menos, una roca,
alguien o algo a quien contarle de ese mundo
redondo, repleto de personas que vivían sus vidas.
Con el tiempo me acostumbré a la soledad, al silencio.
Ya no ando por ahí buscando a quien contar mis historias,
me las cuento a mi mismo y, que nadie escuche,
ya no es importante, porque yo me escucho
y me asombro ante las increíbles aventuras de esa gente
y de ese mundo que una vez soñé.

noviembre 21, 2011

Desde que la Presidente de unos cuántos argentinos afirmó que ahora la soberanía se defiende desde las ideas, que la soberanía es un concepto intelectual, no paro de recibir mails de editoriales que están asombradas por la cantidad de recursos que tienen para publicar libros. Dicen que están desesperados por empezar a publicar ideas nuevas. Que no saben de dónde sacar escritores para publicar porque todos estamos más felices sin trabajo y sin editar nada. Aunque hay un miedo terrible a que la gente salga desesperada a saquear librerías ante el pánico de que se agoten los libros y quedarse sin ejemplares.
O no, la Presidente sigue mintiendo como en cada discurso que ha dado en su vida, las editoriales están quebradas, la gente lo único que lee son mensajes de texto, la educación es la peor que hemos tenido en toda la historia, y los escritores, intelectuales o lo que sea que seamos seguimos rogándoles un trabajo a los "trabajadores" del turismo que, sentados al sol con un pastito en la boca, ojeando cada tanto para ver si viene algún turista a comprar cucharitas de bambú para la yerba, nos dé un trabajo barriendo el piso.

noviembre 16, 2011

noviembre 11, 2011

Nunca estaremos más desnudos que cuando nacimos ni más arreglados que cuando nos entierren.

noviembre 09, 2011

Necesitaba el Sol, y una noche lo encontró escondido detrás de un cerro al final del horizonte. Durante varias horas intentó convencerlo de salir de allí. Pero el Sol, que ya ha perdido su hermoso ego de otros siglos no quería mostrarse.
-Ya no me aman-dijo timidamente,-yo era el Astro al que le agradecían el calor, las cosechas, la luz, la vida entera. Pero el hombre me olvidó, se ahogó en cuentos de de falsos dioses y ya no me aman.
El hombrecito entendió que aquello sería arduo. No se resignó, pero necesitó un plan para convencer al Sol de asomarse. Se alejó un poco y se sentó en una piedra. Mientras pensaba sacó una flauta hecha de caña que llevaba en el morral. Y empezó a soplar en ella una antigua melodía que había aprendido de sus ancestros.
Distraído como estaba, el hombrecito no notó que mientras tocaba su canción el Sol asomaba algunos rayos por sobre el cerro para espiarlo. Hasta que al fin, una voz soberbia, llena de amor y que parecía contener todo el cosmos en su eco lo interrumpió:
-Esa canción que tocas, Pastor de llamas, se la enseñé hace mucho a los primeros hombres. Veo que eres un Hijo de ellos. ¿Qué necesitas Hijo?
-Mis cosechas, Padre, necesitan su calor...y mis hijos también, ya que pasan frío porque somos pobres y no tengo para darles abrigo...
-Brillaré por ti- respondió solamente el Astro, con su voz de fuego.
El hombre volvió a su rancho de adobe. Desde aquel día el sol brilló alto en su tierra y las cosechas crecieron más que nunca. Y todo el cerro brilló con la majestuosidad del Astro Sol no dejando al frío tocar a aquella familia.
Para cuando terminó de recolectarse la cosecha, el hombrecito fue al arroyito que quitaba la sed a sus huertas. Allí soplaban unas cañas desde hacía tiempo. Pero estaban más crecidas que nunca por aquel calor nuevo del Sol. Cortó una caña, pidiendo permiso a la Pachamama, y con ella hizo tres flautas para sus hijos. Y con ellas les enseñó a tocar aquella canción de sus ancestros.
Cada día, antes del desayuno, padre e hijos soplaban aquella vieja oración al Sol en agradecimiento al Padre.
Y el Sol, el Padre eterno que nunca abandona a sus hijos, los escucha feliz de saber que aún siguen sus hijos caminando en la tierra.

noviembre 08, 2011

Ejercicios de microrrelato:


*Minutos más tarde, la había olvidado por completo. Sin embargo, nunca dejó de amarla.

                     
*El mirlo se veía inquieto, con sus pequeñas patitas moviéndose a lo largo de la rama. El gato, al pie del árbol, no tenía prisa.


*El conejo miró el calendario y comenzó a tomar precauciones para que su dueño no sospechara que él, una simple mascota, era el Conejo de Pascuas.


*Veía las nubes con calma, adivinando formas, hasta que una lo espantó: era su rostro, con el gesto sereno de la muerte en su boca.


*Lo conoció con el corazón roto y lo amó hasta arreglarselo. Cuando lo olvidó tenía otra vez el corazón roto.


*Logró superar aquel desengaño con meses de terapia. Pero cuando se enamoró de su psicóloga toda la terapia se volvió inútil.



*Un pez creyó en la vida fuera de su mundo cuando hizo contacto con un buzo.


*-¡Qué cuernos más grandes tienes, abuelita!-dijo Caperucita. Y el lobo pensó en la loba, y en cómo cada día se hacían más extraños entre si.


*Esa tarde el sol no se puso tras las montañas como cada día. Se quedó alto en el cielo y ya nunca hubo noches ni lunas ni estrellas, ni enamorados.



*Borra tus huellas cuando te vayas, no sea que se me antoje seguirte.
Una tarde, mirándola a los ojos, le confesó su amor. Ella dudó, hubiera querido decirle que sí, que ella también, pero no estaba segura. Cierto que siempre se había visto reflejada en él, pero después de todo, él era solo su espejo.

noviembre 01, 2011

El médico mira a su paciente. Piensa en el muchacho al que la leucemia le cortó los años antes de llegar a 21. Era su hijo, sano, de costumbres prolijas, moderado en todo, comidas ordenadas, no probó nunca cigarrillo ni alcohol. Ahora, seis meses después, este hombre de algo más de cincuenta años le muestra una sonrisa de pobre pero satisfecha por el resultado de sus estudios. Conocedor del tabaco desde chico, acostumbrado al trago, a la noches de mujerzuelas, a la vida triste de un pobre que llegó vacío a la capital.
Este médico tiene preguntas sin responder y culpas sin repartir. Quiere vivo al hijo muerto. Quiere justicia, alguna forma de justicia sacada de algún tratado de biología. Al otro hombre le hubiera gustado tener las oportunidades del hijo de un médico acomodado, no ser el hijo de un peón borracho y pobre.
La trama es compleja. La culpa es de todos, y de nadie. Somos seres humanos, raza sin verdades, de justicias más poéticas que reales.