mayo 31, 2012

La terrible epidemia de mediocridad que azotó al país tenía un foco de infección claro: el Gobierno.
En un acto de heroica resignación la abandonó: ella era demasiado para él.
La vidente, mientras caminaba con la vista puesta en el futuro, no vió aquel auto que doblaba la esquina a toda velocidad, en el presente.

¿Qué has hecho, Monarca, con la Corona sobre tus sienes?
Has golpeado con tu cetro a quién mantiene
tu boca y tu estómago,
tus lujos, tus mujeres, tu castillo,
tus pequeños paraísos inventados.
Tejes y destejes a tu gusto con un poder prestado
contra quienes te lo han confiado.
¿Eres amo y señor de todos tus esclavos?
¿Acaso has olvidado que también ellos son humanos?
¿Qué has hecho, Dictador, con tus poderes?
Más cadenas arrastran el hambre que has creado
y los fantasmas que ha parido tu deshonra.
¿Qué has hecho de todos los discursos pronunciados?
Todo has olvidado y también
que el hombre es libre y las cadenas
más enervan que sujetan.
¿Qué harás, Señor, cuando desnudo vayas
mendigando por las calles
que tan seguro de ti mismo gobernabas?