septiembre 02, 2015

Nunca ocurre

Cierto día, un sujeto entró con prisa, visiblemente asustado, a la comisaria.
Un oficial se acercó a ayudarlo y el hombre explicó:
─He venido lo más rápido posible porque mi único vecino ha salido de su casa dejando una ventana abierta por la pueden verse muchos de sus objetos valiosos. Creo que es preciso que pongan un vigilante a cuidar su casa hasta que mi vecino regrese. Con tanta inseguridad en que vivimos yo podría aprovechar su descuido para robarle sus cosas.
La hipocresía encuentra rápido su excusa


Ocurrió en cierta ocasión, que cuando volvía a su casa del trabajo, un hombre notó en el suelo algo que parecía un billete de cien pesos. El hombre se agachó como si fuera a recogerlo y, viéndolo de más cerca, se dijo:
─Ciertamente mis ojos no me engañaron: alguien ha perdido un billete de cien pesos cuando pasó por aquí. Seguramente quien lo perdió pronto descubrirá su pérdida y comenzará a desandar el camino buscando dónde pudo haberlo perdido. Así que mejor lo dejo ahí mismo. ¡Levantarlo o moverlo de algún modo que le impida encontrarlo sería lo mismo que robarle!─ pensó horrizado. ─¿O acaso podría justificar por mi desconocimiento de esa persona o por su desconocimiento hacia mí el hacerle algún tipo de daño? ¿Acaso entrar a robarle en su propia casa cuidando que nadie me vea no sería igualmente un crímen?