abril 20, 2011
Me siento perdido y confundido en un mundo exitista. La ética moderna persigue los antiguos cánones de la alquimia pretendiendo convertir en oro todo lo que toca. Todo se justifica con la frase "pero mirá que te pago" como si eso fuera lo único realmente importante. Bueno, acepto que me escupan en la cara cien millones de personas, ¡pero me pagan!...Me importa tan poco este materialismo rayano en lo patológico que sueño con un futuro habitado por generaciones que han sido privadas de toda forma de familia por la ambición obsesiva de sus procreadores. En ellos reside mi esperanza de una nueva ética: en los hijos de los cada vez más ausentes padres enfermos. Quizás un día esos hijos huérfanos del materialismo asfixiante reinventen el mundo a partir de nuevos valores que hoy, incluso en las clases más empobrecidas, han sido olvidados.
El tipo era un pobre escritor. Trabajaba en la redacción de un diario local: se ocupaba del horóscopo.
El asunto es que le gustaba una mina, una vecina del barrio donde vivía. La tenía bien estudiada, los horarios, el trabajo, las salidas, todo lo que ella hacía. Y un día empezó a escribir para ella.
"Virgo: una nueva amistad comenzará hoy, este atenta a esa persona que conocerá". Y la espero para encontrarla en el supermercado. Pero no se animó a hablarle.
No se desanimó y así estuvo un tiempo redactando el horóscopo de ella según sus propios planes.
"Virgo: Recibirá una sorpresa de alguien que será importante en su vida". Y el tipo le mandaba flores.
Pasaba el tiempo y todo el trabajo era en vano. Nada parecía funcionar: regalos, sorpresas, encuentros fortuitos, de todo intentó sin resultados.
Un día supo lo único que no había averiguado de ella: esa mujer no tenia ni un pelo de supersticiosa, jamás había leído un horóscopo.
Entendió también lo más importante: a ESA mujer, él no le gustaba.
El asunto es que le gustaba una mina, una vecina del barrio donde vivía. La tenía bien estudiada, los horarios, el trabajo, las salidas, todo lo que ella hacía. Y un día empezó a escribir para ella.
"Virgo: una nueva amistad comenzará hoy, este atenta a esa persona que conocerá". Y la espero para encontrarla en el supermercado. Pero no se animó a hablarle.
No se desanimó y así estuvo un tiempo redactando el horóscopo de ella según sus propios planes.
"Virgo: Recibirá una sorpresa de alguien que será importante en su vida". Y el tipo le mandaba flores.
Pasaba el tiempo y todo el trabajo era en vano. Nada parecía funcionar: regalos, sorpresas, encuentros fortuitos, de todo intentó sin resultados.
Un día supo lo único que no había averiguado de ella: esa mujer no tenia ni un pelo de supersticiosa, jamás había leído un horóscopo.
Entendió también lo más importante: a ESA mujer, él no le gustaba.
Quizá sea una nostalgia estúpida. Algo de un carácter sobreprotector. Pero a veces extraño cuando mis poemas estaban encerrados en cuadernos que nadie leía. El asunto es que las palabras se vuelan. Lo que he escrito ya no es mio. Y no quiero que se me mal interprete: no extraño ni uno solo de mis poemas, no he escrito nunca algo que quisiera quedarme. Pueden volar tan lejos como quieran y convertirse en las palabras de quien quieran. Como animalitos abandonados: que alguien los encuentre y les de un hogar.
Pero hay algo en esas palabras que me pertenece: el sentimiento. El proceso de escribir y publicar me resulta enajenante. Mis sentimientos ahora se hacen de otros, de gente que ni siquiera conozco. Y me disperso como polvo en el viento, me siento desvanecerme en cada verso.
Es una nostalgia estúpida, no lo niego ni lo discuto. Siempre será un honor que algún enamorado le regale a su chica un poema de los que escribo: ¡dichoso si a él le funciona! A mi, casi nunca. Yo solía copiar a grandes poetas para enamorar mujeres. Que ahora alguien me copie a mi es, además de claro síntoma de decadencia cultural, un honor. Pero igual duele, un poquito, que las palabras se me vuelen con mis sentimientos. Mi vida esta ahí dando vueltas por el aire. Y mis secretos andan en boca de extraños.
Espero sepan guardarlos como corresponde.
Pero hay algo en esas palabras que me pertenece: el sentimiento. El proceso de escribir y publicar me resulta enajenante. Mis sentimientos ahora se hacen de otros, de gente que ni siquiera conozco. Y me disperso como polvo en el viento, me siento desvanecerme en cada verso.
Es una nostalgia estúpida, no lo niego ni lo discuto. Siempre será un honor que algún enamorado le regale a su chica un poema de los que escribo: ¡dichoso si a él le funciona! A mi, casi nunca. Yo solía copiar a grandes poetas para enamorar mujeres. Que ahora alguien me copie a mi es, además de claro síntoma de decadencia cultural, un honor. Pero igual duele, un poquito, que las palabras se me vuelen con mis sentimientos. Mi vida esta ahí dando vueltas por el aire. Y mis secretos andan en boca de extraños.
Espero sepan guardarlos como corresponde.
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