Quizá sea una nostalgia estúpida. Algo de un carácter sobreprotector. Pero a veces extraño cuando mis poemas estaban encerrados en cuadernos que nadie leía. El asunto es que las palabras se vuelan. Lo que he escrito ya no es mio. Y no quiero que se me mal interprete: no extraño ni uno solo de mis poemas, no he escrito nunca algo que quisiera quedarme. Pueden volar tan lejos como quieran y convertirse en las palabras de quien quieran. Como animalitos abandonados: que alguien los encuentre y les de un hogar.
Pero hay algo en esas palabras que me pertenece: el sentimiento. El proceso de escribir y publicar me resulta enajenante. Mis sentimientos ahora se hacen de otros, de gente que ni siquiera conozco. Y me disperso como polvo en el viento, me siento desvanecerme en cada verso.
Es una nostalgia estúpida, no lo niego ni lo discuto. Siempre será un honor que algún enamorado le regale a su chica un poema de los que escribo: ¡dichoso si a él le funciona! A mi, casi nunca. Yo solía copiar a grandes poetas para enamorar mujeres. Que ahora alguien me copie a mi es, además de claro síntoma de decadencia cultural, un honor. Pero igual duele, un poquito, que las palabras se me vuelen con mis sentimientos. Mi vida esta ahí dando vueltas por el aire. Y mis secretos andan en boca de extraños.
Espero sepan guardarlos como corresponde.
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