diciembre 15, 2011

El diablo se apareció de pronto:
─Puedo darte lo que me pidas a cambio de tu alma.
Él pensó un instante.
─Quiero un final original para esta historia.
─Usted no debería estar aquí, usted fue ateo toda su vida ─ le dijeron ni bien llegó al Cielo.
─En ese caso, tampoco usted ni este Cielo deberían estar aquí, y sin embargo están.
Harto de perder el tiempo en su propia fantasía tomó el martillo y, de tres golpes, destruyó el reloj.
Entonces salió a la calle sonriendo, caminaba con las manos en los bolsillos, sabiendo que ya no había más tiempo que perder.
Se sentó a esperar. Y un día llegó la muerte a buscarlo. Quiso quedarse argumentando que todavía no había vivido, que hacía años que esperaba sin ningún resultado, que morir de esa manera era injusto. Finalmente entendió, tarde, que lo único que llega solo en esta vida es la muerte.