diciembre 15, 2011

Harto de perder el tiempo en su propia fantasía tomó el martillo y, de tres golpes, destruyó el reloj.
Entonces salió a la calle sonriendo, caminaba con las manos en los bolsillos, sabiendo que ya no había más tiempo que perder.

1 comentario:

  1. Sutil, justo como no acostumbra la vida ni el tiempo!

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