diciembre 23, 2013

El amor es una estupidez, dijo ella. Él se rió. A vos porque no te ama nadie, le retrucó. Ella lo miró serio pero enseguida se dijo que no iba a dejarlo ganar. Vos me amás, yo lo sé, dijo ella desafiante.
Él acusó el golpe. Hablaba dormido, no cuenta eso, se defendió.
Por la ventana empezaban a colarse unos raquíticos gusanos de luz, que no alcanzaban ni para una esperanza. Ella brillaba en la camisa blanca que era de él y él cruzaba y descruzaba las piernas desnudo buscando provocarla.
Ella se rió de verdad, con demasiada honestidad. Ni lo pienses, le dijo, vos no me amás, y se rió todavía más de la cara de fastidio de él porque se iba a quedar con las ganas.
¿Sabés una cosa? preguntó ella sin esperar respuesta, vos y yo somos parecidos pero diferentes. Parecidos porque los dos corremos para escaparnos, pero diferentes porque escapamos de cosas diferentes. Vos escapás de la soledad, a mi me gusta la soledad.
¿Y de qué escapás vos? preguntó él sin prestar demasiada atención.
De tipos como vos, respondió ella con su sonrisa de haber ganado. Cuando vos ya no puedas vivir sin mi yo ya no podré vivir con vos.