agosto 18, 2011

Así pasaban las horas detrás de la ventana: él, viendo la nieve caer entre los árboles, ella, leyendo junto al fuego. Cada vez se tocaban menos, se recordaban menos a sí mismos. Pero el invierno los mantenía unidos con aquella tormenta que no descansaba. Al llegar la primavera cada uno escaparía, pero no del otro ni de ellos sino de ese encierro que es ser uno mismo y no poder salir siquiera a la puerta a fumar un cigarrillo.