febrero 01, 2012

Buscando a...


Se pasó todo el día fumando en el balcón, esperando que ella pasara por debajo, sin ningún resultado. O al menos no el resultado que esperaba.
Descubrió, mirando para abajo, a toda esa gente que iba y venía por las aceras sin detenerse, corriendo apurados vaya a saber uno por qué o para llegar dónde.
Descubrió también, mirando derecho y hacia arriba, que no era el único que fumaba en el balcón esperando que un amor de verano les regalara una mirada desde allí abajo.
Y así tuvo la idea. Contratar hombres delgados, altos. Vestirlos de jean azul, con suéter a rayas rojas y blancas horizontales. La anciana del departamento vecino tejió los gorros de lana.
Cuando estuvo todo listo les dio la misión para la que los había contratado: debían caminar entre la muchedumbre, pasear por un lado y por otro discretamente, sin hacerse notar más que lo necesario para dejarse encontrar de vez en cuando.
La mujer que esperaba no volvió a pasar por debajo del balcón. Seguramente, las que esperaban todos los demás tampoco. Pero ahora, esperar un amor fumando en el balcón era un juego: cada tanto, alguno se sonreía y se felicitaba a si mismo por haber encontrado, entre toda esa muchedumbre de gente, al Wally de su calle.