abril 26, 2012


Y una noche, recostados los dos después del sexo, ella comenzó a fumar sus brazos, disfrutando cada pitada, subiendo, corriendo segura tras esa línea roja que va trepando los cigarrillos. Subió hasta el hombro, siguió hasta el pecho, y cuando llegó al corazón, mordió con fuerza, y la marca perfecta de su dentadura de muñeca mentolada quedó como un tatuaje en el corazón de su hombre.

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