abril 26, 2012


Allí, tendido en la arcillosa tierra desde hacía un par de días, el hombre se aliviaba la soledad con su nueva mascota, y le conversaba. Después de algún tiempo (horas, días, no podía estar seguro) el hombre le había puesto un nombre y el animal, parecía, respondía a veces a él. Así pasaron algún tiempo más; el hombre ya sintiendo la rigidez de la quietud conversando con el desinteresado animal mientras el obscuro pájaro continuaba picoteando la carne seca de quien ahora lo llamaba por un nombre.

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