Lo admiraba. Admiraba esa forma que él tenía de mirarla a través de los ladrillos, de las estructuras sólidas de esa realidad que no requiere argumentos para ser real. Ella lo observaba desde abajo, hacia una altura que le inventaba con sus ojos de muñeca inocente, virginal. Suspiraba al verlo sabiendo que jamás podría volver a vivir sin esa forma infantil de amarlo, sin sentir en su hombre ese amor indiferente pero sincero del hombre maduro que ama de la misma forma en que recuerda al perrito que se murió en la infancia.
abril 26, 2012
Lo admiraba. Admiraba esa forma que él tenía de mirarla a través de los ladrillos, de las estructuras sólidas de esa realidad que no requiere argumentos para ser real. Ella lo observaba desde abajo, hacia una altura que le inventaba con sus ojos de muñeca inocente, virginal. Suspiraba al verlo sabiendo que jamás podría volver a vivir sin esa forma infantil de amarlo, sin sentir en su hombre ese amor indiferente pero sincero del hombre maduro que ama de la misma forma en que recuerda al perrito que se murió en la infancia.
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Era amor infantil pero seguía siendo amor
ResponderEliminarque pasa, ni siquiera leer puede distraer mi mente de estos pensamientos amorosos absurdos
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