julio 24, 2014

Breve historia de un genocidio divino


Hace 2500 años, los sacerdotes judíos inventaron un libro en el que se auto proclamaban "el pueblo elegido" por el "único Dios" para justificar la guerra, el saqueo y la conquista sobre todas las culturas vecinas y otorgarse a sí mismos el derecho "divino" sobre la tierra que ocupaban estas naciones.
Hace 2000 años, una secta dentro del sionismo escribió una segunda parte del libro inventando el cristianismo, que rápidamente se haría del control político del mundo. Durante más mil años, y en nombre del mismo dios, el Vaticano controló el poder político de todas las naciones europeas y la Inquisición cometió toda clase de crímenes. Hasta entonces, ninguna secta ni poder en la historia había alcanzado tal extremo de crueldad y perversidad (solo superaría esto el mismo cristianismo en el mayor genocidio de la historia: las conquistas de África y América).
Hace alrededor de 1000 años, cuando el Vaticano controlaba absolutamente todo el mundo europeo, el sionismo encontró la forma de dominar incluso a quienes dominaban: con la invención del mercado y la banca, los judíos esclavizaron a las naciones a través del endeudamiento. Desde entonces, este sistema conocido como "capitalismo", a ejercido el control de cada pueblo en el mundo.
A fines del siglo XVII, el sionismo, ya fuertemente apoyado en el control económico de las naciones más poderosas, inventa una nación nueva en el mundo: los EEUU, teniendo así, y por primera vez en la historia, un país íntegramente controlado, casi "propio", gracias al sistema capitalista.
En poco más de dos siglos, esta "gran nación", fundada y controlada por los capitales sionistas, inventaría la banca internacional, el FMI y el militarismo.
Durante el siglo XX el sionismo yanqui inventó cuanta crisis económica hiciera falta para apretar aún más las cadenas con las que ataron al resto del mundo y, dos veces también, inventó la "gran guerra" o "guerra mundial" con la que profundizaron el control del mundo y esclavizaron aún más a todos los pueblos que se suponen libres.
Actualmente, y en nombre del mismo dios que hace 2500 años, el sionismo continúa ejerciendo la guerra y la explotación. Sin embargo, y extrañamente, ninguna de los dos "grandes guerras" que hizo esta gran nación capitalista-sionista fue contra culturas que adoren a otro dios: tanto Rusia como Alemania son naciones cristianas (heterodoxas o luteranas o como sea, son cristianas). Ambas naciones fueron puestas en el lugar del mal, casualmente, cuando decidieron no aceptar las reglas del sionismo (el comunismo es ateo por lo que no reconoce ningún derecho "divino" a nadie y la Alemania nazi tuvo como característica principal la erradicación de todo poder sionista independiente del gobierno alemán).

Una familia divina

El dios de la Biblia no se llamaba Yahvé, se llamaba Enlil.
No era el dios de los judíos, sino de las naciones de la Mesopotamia.
Tampoco era el dios "único": tenía una hermana que se llamaba Ki (también conocida como Ninhursag).
Que además de ser su hermana era también su esposa.
Que no solo era su hermana y esposa, sino que también fue concubina del hermanastro de ambos, que se llamaba Enki.

La relación entre Enlil (YAhvé) y Enki no era del todo buena. Enlil era más militarista, enérgico y rápido para el castigo (pueden ver la Biblia si quiere). Enki era más del tipo "bohemio": un gran científico, capaz hasta de curar la muerte, amante además de la poesía y toda forma de cultura. Pero lo que más los dividió no fue esto, sino el hombre.
Enlil odiaba a la humanidad, a la que no había creado él sino su hermanastro con la ayuda de su hermana. Para Enlil, ese "mono mejorado" solo debía dedicarse a trabajar para mantener sus templos y su alto nivel de vida (sí, casi igual). Y le molestaba, y mucho, la forma rápida en que se expandía, reproducía y creaba ciudades, cultura, y hasta algo que parecía "amor propio" a la raza, lo que lo volvía en algunas ocasiones algo rebelde y difícil de explotar.
Ese, Enlil, es el dios que la Biblia llama el "único" y al que se atribuye habernos creado.
A Enki también lo encuentra en la Biblia. En el Génesis, Enki propone que el hombre sea inmortal y sabio, inteligente, culto y, sobre todo (y acá viene el alejamiento con su medio hermano), libre.
Con todo esto, ya podemos decirlo abiertamente: Enki es la serpiente, la famosa serpiente que ama al hombre y lo quiere convertir en un ser igual a los dioses, inteligente, inmortal y libre.
El "pecado original" (la manzana) no fue otro que adorar a un dios distinto al que la Biblia ordenaba: seguir el camino del conocimeinto, el arte, la sabiduría cuando el Dios Yahvé necesitaba esclavos que lo alimentaran y vistieran y adoraran.


La Biblia cambió algunas otras cosas.
No solo Enlil no fue quien nos creó, sino que además todo el tiempo buscaba la forma de eliminarnos a todos.
No por nuestros pecados si no por su soberbia y para poder dormir: le molestaba el ruido que hacíamos y decidió que debía destruirnos para poder dormir en paz (literalmente, así está contado).
Varias veces lo intentó pero siempre Enki nos salvaba de una u otra forma.
Cuando finalmente el buen Enlil-Yahvé envió el diluvio para deshacerse de todos nosotros, no fue él quién salvó a Noé (que tampoco se llamaba Noé, sino Ziusudra) sino Enki, lamentando la suerte que correrían sus criaturas y violando incluso las leyes de los dioses que le habían prohibir salvar otra vez a esa plaga que ya por entonces veníamos siendo.

Un último dato sobre esta malintencionada inversión de roles entre el dios bueno que nos creó y nos ama y el dios malo que nunca nos quiso:
en la misma Biblia dice que estamos siendo gobernados por Satanás (que vendría a ser el "dios malo", la serpiente).  Pero según el Génesis, el dios malo era Enki-la serpiente y Enlil-Yahvé era el dios bueno-todo amor, el "único" dios verdadero.

Parece que la Biblia no se ha equivocado ni un punto en todo esto: desde hace 2500 años que el mundo "civilizado" está bajo el dominio hebreo (primero) y cristiano (después): los adoradores de Enlil-Yahvé han regido el mundo desde hace milenios.
Los adoradores del dios malo que ha buscado destruirnos siempre son los que han configurado este mundo de guerras, hambre, miseria y también los más grandes genocidios causados en la historia se han causado en nombre de este dios mientras que los adoradores del buen Enki (aquellos que han comido la manzana) se han dedicado a crear arte, cultura y curar enfermedades (el símbolo de la medicina, que tiene dos serpientes enredadas a una especie de cetro se debe a Enki-la serpiente, también llamado "Ea" que significa el "Señor de la tierra", así que si usted recién se está enterando de todo esto le aviso que llegó tarde).

Quedan para otro día otras cuestiones interesantes como el asunto de cómo la diosa madre Ninhursag fue ridículamente convertida en una simple mortal (después nos quejamos del machismo y ¡vean lo que ha hecho la Biblia con nuestra diosa madre!) y paridora de un dios ni siquiera completo sino mitad humana.
O cómo es que ya en la América precolombina se conocían estas historias y adoraban al dios civilizador y bueno que amaba a los hombres y les enseñaba el arte y la ciencia hasta que el déspota de su medio hermano lo expulsó del mundo al igual que Enlil-Yahvé expulsó a Enki-la serpiente en la otra mitad del mundo.

julio 03, 2014

Sobre el miedo de los cristianos 

"...el manuscrito en cuestión, de autor desconocido, posiblemente redactado en tiempos posteriores a la última cruzada, se conservaba por entonces en la Abadía de Héras, al sur de Grecia, sin haber tenido yo más noticias de esto desde entonces.
Maravillosamente adornado, esta obra monumental cuenta, entre otras, la graciosa historia ocurrida al sabio Al Hadí Muhad, del que poco se cuenta salvo haber sido maestro de Saladino durante la última cruzada y que terminó su vida bajo la protección del Príncipe Diahud Mufad Jalí en la pequeña aldea de Al Hafad en las afueras de la imponente Damasco.

En ocasión de estar el Príncipe visitando una aldea vecina, ocurrió el encuentro narrado en el dicho manuscrito.

Al sabio Al Hadí Muhad le fue presentado durante la cena un sacerdote cristiano de origen valenciano.
Del cura solo se cuenta que había sido tomado prisionero y, habiendo sido liberado, pidió se le permitiera quedarse allí, maravillado por la cultura y los conocimientos de aquellas gentes, cosa que le fue concedida por su captor, quien lo tomó a su servicio y mecenazgo.
Al Muhad, que mucho había aprendido de la fe cristiana estando al servicio de Saladino, quiso escuchar de esa digna fuente qué cosa era eso que llamaban "posesiones", que tantas veces había oido hablar a los europeos que participaban en las cruzadas y cómo era aquello de los "exorcismos".
Se cuenta entonces que el sacerdote, honrado por el interés del sabio, se explayó sin hacerse rogar.
Al llegar a los exorcismos, el sabio lo interrumpió:
─¿Entonces, esos "demonios" que ustedes dicen se meten en los cuerpos de las personas huyen al ser invocado el nombre de vuestro Cristo?
El sacerdote asintió.
El sabio, dirijiéndose entonces al Príncipe, dijo notablemente divertido:
─¡Muchos problemas han traido a nuestros ejércitos estos hombres tan rápidos para la espada y la conquista y que, sin embargo, temen tanto a demonios que se asustan con más facilidad que nuestros niños!..."

En C.H. Laëndsohm, "Manuscritos árabes en tierras occidentales"; tomo IV; Peter Baker Ed., Londres, 1974.