septiembre 30, 2013

Veía desde el balcón su pueblo entero
llorando, gritando, pidiendo
en las calles
limosnas, derechos, justicia.

Había comprado un médico.
Había pagado una década de maestros para sus hijos.
Había comprado un auto, un perro y, por supuesto, ese departamento con balcón.

Los compró porque era joven y su padre le había dicho, enseñado, impuesto...
no sabía de las otras vidas pero desde el balcón las fue descubriendo
una por una, tarde a tarde, noche a noche
cuando las cosas que trepaban hasta su ventana comenzaron a no dejarlo dormir.

Al principio solo veía todo aquel mundo a sus pies como quien asiste a un circo o al teatro.
Hasta que una mañana pasó por debajo suyo un viejo amigo de la infancia buscando trabajo.
Otra tarde un pariente que hacía años no veía pasó cabizbajo, con papeles de hospitales públicos en la mano.
Un día pasó su suegra buscando un abogado que hiciera que el cretino del marido pagara por aquella zorra de la oficina.

De a poco fue construyendo ─sin notarlo, sin quererlo─ una escalera entre el mundo de abajo y su mundo de arriba.

Un día subió por la escalera un telegrama.

Entonces vio desde abajo aquel balcón que no pudo terminar de pagar.
Un otro lo vio pasar buscando trabajo,
vio a su mujer buscando un abogado que terminara aquel hogar que se había vuelto gris,
vio a sus chicos volviendo de una escuela pública,
vio a su perro rascarse las pulgas.

Pasó el resto de su vida tratando de recordar cómo es que había fabricado esa escalera.
Pero en el fondo sabía, había aprendido, que todo lo que sube baja
y que jamás sucede al revés.


septiembre 28, 2013

Un día cualquiera un hombre quiso tener algo que pertenecía a otro hombre. Sabía que no debía, pero el deseo creció dentro suyo y lo devoró de a poco hasta que al fin se decidió y lo tomó.
Al principio se escondió, avergonzado de su acto tan vil. Con el tiempo descubrió que nadie lo buscaba, nadie condenaba su robo. Entonces volvió a robar.
Otro hombre, que también anhelaba algo que tenía su hermano, viendo que nadie lo castigaría por tomar lo ajeno, también robó.
Y luego otro, y otro, y otro. Pronto, cientos de personas robaban y ya nadie preguntaba si aquello estaría bien o mal. Solo lo hacían. Era más fácil que pedir las cosas y más aún, que ganarlas.
Un día eran miles los que robaban sin pudor y ya casi no conocían otra forma de conseguir lo que querían.
Y nadie hacía nada, nadie los castigaba. Apenas unos pocos cobardes que no tenían el valor de adueñarse de lo ajeno condenaban en voz alta aquella costumbre. Pero no pasaba de ahí. 
Un día la gente descubrió con sorpresa que robar era la norma y trabajar, la excepción. Y que quienes robaban triunfaban en la vida más de lo que alguna vez se pensó que podía triunfarse. Incluso, ¡si hasta llegaban a ser poderosos hombres que mandaban y tomaban decisiones!
Y entre los que no robaban se miraron y se dijeron "ya es tarde, ya han vencido". Y se dejaron gobernar esperando, un día, poder al menos robar ellos lo suficiente para vivir.
Es el síndrome del fumador. Nadie mejor que el fumador sabe cuánto daña el cigarrillo (todas esas fotos y leyendas en los atados son cuentos infantiles comparadas con lo que nosotros sabemos por dentro).
Europa fuma Monarquías. Latinaoamérica fuma Gobiernos Corruptos. Estas dos "marquillas" han destruído más vidas que todo el tabaco junto.
Al igual que el fumador cuando dice (como un estúpido) "de algo hay que morir, yo al menos elijo de qué", de un lado y del otro del Océano Atlántico nos autoconvecemos de estar elijiendo nuestro destino. 
Aunque solo estemos dejandonos morir solo para no hacer el esfuerzo de curarnos. 
Pero ya saben cómo es esto: es fácil decir "el cigarrillo me está matando" mientras encendemos otro cigarrillo.

septiembre 26, 2013

La única respuesta que sabía el sabio era "Si lo hubieras sabido antes entonces hubiera sido demasiado tarde antes".
Gratitud

La porquería literaria, esa basura de todos los días que nunca falla. Raramente se me ocurren cosas interesantes que escribir, en cambio esa basura, esos poemas que nunca mostraré a nadie, esos cuentos que ni yo leería...
Esa porquería que siempre sale fácil (no como esas obras maestras que casi nunca aparecen) está en cada verso que han leído, en cada línea escrita que les ha gustado.
Uno no debe ser así, como muchos, ingrato con esa basura. Cuando no hay nada que dispare un buen poema, un buen cuento, ella está ahí, siempre, como la mujer que le ceba mate en la cama a uno cuando anda deprimido o enfermo, o como la mujer que te dice "ya llegará" cuando uno quiere bajar los brazos.
¿Cuántas mañanas hemos perdido buscando un gran poema que contar y, sin embargo, solo ella, esa basura, acudió a calmar nuestra ansiedad, a consolar nuestra mediocridad solo para dejarnos creer que la disciplina servirá de algo?
A esa mujer que acompaña, alienta, sostiene, uno la ama. Entonces, ¿por qué seguimos despreciando esos textos horribles, inleíbles, que siempre están ahí logrando el milagro de que uno siga intentándolo, siga luchando cada verso, cada renglón a pesar de todo?
La ingratitud, sabemos, es un detalle poco agradable y, después de todo, la literatura no tiene la culpa de nuestro poco talento.
No tengamos miedo a la basura literaria, no encontraremos nada más leal en la vida.

septiembre 23, 2013

Variaciones sobre un mismo tema (tema I)

Primera variación:
Los escalones crujieron de a uno a la vez, con una pausa entre uno y otro, como si necesitaran ese segundo para respirar; entonces el hombre levantaba el otro pie y lo apoyaba sobre el siguiente escalón. Lentamente, tratando de hacer el menor ruido posible. Ese segundo le permitía apreciar como nunca antes los vitrales en la pared a la altura del descanso: grandes ángeles, de largas alas en punta, cortaban con espadas de fuego la cabeza de los caídos.Dios observaba, sin tomar parte, desde una nube muy por encima de los que luchaban.
─Así es la vida ─ pensó ─ Dios arriba, lejos, disfrutando de nuestros dolores y nuestras luchas.
El ruido de un trueno lo devolvió a la realidad. Levantó el otro pie y notó que la madera del descanso de la escalera no crujía.
─Buena señal─pensó.
Pero ni bien apoyó un pie en el primer escalón del último tramo el crujido volvió, con la fuerza del contraste con el silencio que lo precedió.
El hombre renegó de su pensamiento anterior.
─Si así tiene que ser, que así sea.
Decidido como estaba a vengarse aspiró con fuerza, como si él también necesitara ese segundo para respirar, y completó los últimos peldaños ya sin preocuparse por el ruido.
En la habitación ─que había sido su habitación─ la encontró, como esperaba, en los brazos desnudos de se hombre que un mes antes lo había quitado del medio con tres disparos.


Segunda variación:
La niña, con sus ojos claros y su ropa sucia de tierra, señaló desde el estrado al hombre que la había asesinado.


Tercera variación:
─¡Abuelo! ─gritaron los dos niños contentos por la visita.
Desde la cocina la madre echó una mirada de disgusto sin decir nada, tratando de aguantar aquello.
El abuelo los abrazo y les revolvió un poco el pelo mientras les preguntaba cosas de la escuela y de cómo estaban pasando el fin de semana largo. Después los soltó y comenzó a enseñarle juegos nuevos que pronto los chicos entendieron y comenzaron a jugar.
Pasado un rato, la madre apareció en la sala y envió los chicos afuera a que fueran a jugar al sol que tenía que hablar con el abuelo.
─Te pedí que no volvieras, papá ─ comenzó la madre ─. A todos nos gustaría que las cosas no fueran como son y ya bastante difícil fue explicarle a los chicos lo del accidente. ¿Sabés lo que es tener que explicar en la escuela que los chicos no hablan en serio cuando dicen que estuvieron jugando contigo? Ya estoy harta de inventar excusas, que ellos creen que todavía estás con nosotros, que son chicos y que no entienden que los muertos se van para siempre. ¿Sabés que me preguntaron anoche mientras los acostaba? Querían que les cuente cómo hacés para bajar del cielo y llegar hasta acá y si alguna vez vas a llevarlos con vos con cuando te vayas.


Cuarta variación:
Con el último aliento llegó hasta los pies de la cama que su viuda compartía con su amante. Y allí cayeron sus huesos como una maldición.

septiembre 18, 2013

Piratería S.A.

Algunos artistas creen que las leyes que dicen proteger a los artistas protegen, en realidad, al intermediario. A esa clase de aves carroñeras que ni escriben ni leen, ni componen ni escuchan, ni pintan ni visitan los museos: solo ganan, ganan, y siguen ganando.
El escritor peruano Rodolfo Arbuena era uno de ellos.
─Yo pago para editar un libro, el lector paga por leerlo, pero el editor cobra por editarlo y cobra por venderlo─ solía decir.
Durante toda su vida luchó por la (mal) llamada "piratería"; no en contra, si no a favor de la piratería.
A tal punto que de sus últimos libros editó un solo ejemplar, con una leyenda que decía:
"Cópielo, de cualquier modo que le sea posible, a mano o por algún medio técnico; préstelo, déjelo olvidado dónde sea que otro pueda encontrarlo. Pero por favor, no haga nada con este libro que evite que otros puedan leerlo."

septiembre 16, 2013

Noe

─A ver, mujer, que Dios me dijo de todas las especies. ¡T-O-D-A-S las especies!
─¡Pero que eres terco, Noe! ¿No ves que te maldecirán durante milenios por subir esos mosquitos?

Ansiedad

Aprendió el lenguaje de los delfines gracias a una vieja silla desvencijada y los largos ataques de ansiedad que le agarraban cuando ella no llegaba.
Autoconocimiento

Todo aquello de la belleza interior o que lo importante es lo de adentro le importaba poco y nada. El feo se sabe feo y sabe que eso es una limitación en todos los aspectos de la vida.
Por eso se escondía el monstruo debajo de la cama, para no asustar al niño.

El elevante

El elevante es un animal gris, de patas cortas y gruesas, de orejas grandes en proporción a la cabeza y pequeño.
Habita en el África más salvaje, donde viven los pigmeos. Justamente, estos, debido a su pequeño tamaño, utilizan al elevante como medio de transporte, aunque también lo cazan para provisionarse de comida y cuero para vestir.
Toda la actividad de estos pigmeos gira en torno al elevante. Para ellos, el resto de la fauna es, simplemente, irrelevante.