septiembre 26, 2013

Gratitud

La porquería literaria, esa basura de todos los días que nunca falla. Raramente se me ocurren cosas interesantes que escribir, en cambio esa basura, esos poemas que nunca mostraré a nadie, esos cuentos que ni yo leería...
Esa porquería que siempre sale fácil (no como esas obras maestras que casi nunca aparecen) está en cada verso que han leído, en cada línea escrita que les ha gustado.
Uno no debe ser así, como muchos, ingrato con esa basura. Cuando no hay nada que dispare un buen poema, un buen cuento, ella está ahí, siempre, como la mujer que le ceba mate en la cama a uno cuando anda deprimido o enfermo, o como la mujer que te dice "ya llegará" cuando uno quiere bajar los brazos.
¿Cuántas mañanas hemos perdido buscando un gran poema que contar y, sin embargo, solo ella, esa basura, acudió a calmar nuestra ansiedad, a consolar nuestra mediocridad solo para dejarnos creer que la disciplina servirá de algo?
A esa mujer que acompaña, alienta, sostiene, uno la ama. Entonces, ¿por qué seguimos despreciando esos textos horribles, inleíbles, que siempre están ahí logrando el milagro de que uno siga intentándolo, siga luchando cada verso, cada renglón a pesar de todo?
La ingratitud, sabemos, es un detalle poco agradable y, después de todo, la literatura no tiene la culpa de nuestro poco talento.
No tengamos miedo a la basura literaria, no encontraremos nada más leal en la vida.

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