junio 27, 2013

─Sabés que no es posible─ dijo ella.
─Si, pero no sé, yo esperaba que...
─No tenés que esperar nada de mi
─Pero yo...
─Está bien, no te sientas mal
─No, no me siento mal, me siento enamorado...
─Bueno, que no te sientas culpable quise decir...
─No siento culpa, siento amor...
─Bueno, que no te preocupes por mi, que no me molesta que te hayas enamorado
─No habría por qué molestarse
─No importa, ¿sabés? Dejá así, estabas escribiendo un cuento, yo era tu protagonista; me creaste tan perfecta que te enamoraste...pero no puedo amarte, soy un personaje de uno de tus cuentos; ni siquiera soy real.

Él lo pensó dos veces. La amaba, no podía hacerle eso, aunque tenía que hacerlo. Entonces borró cada palabra que había escrito hasta llegar al título del cuento que tenía a medio escribir. El título, precisamente Su nombre, le dolió más que le resto.
Cuando la hoja había vuelto a estar en blanco recordó sus últimas palabras "me hiciste tan perfecta" había dicho ella. No, pensó él, para ser perfecta me faltó darte la capacidad de amar.

junio 22, 2013

Estábamos todos ahí esperando, como niños en vísperas de Nochebuena, desde hacía demasiado tiempo.
Lo habían prometido, profetizado. Incluso algunos lo habían anunciado desde hace mucho, muchísimo tiempo.
El fin del mundo casi se consumaba sobre nuestras cabezas. Un morboso orgullo nos recorría: nuestra generación, entre miles y miles, sería privilegiado testigo de tan fundamental evento.
La curiosidad se resolvía en calma. Nuestra única duda era por entonces cuándo terminaría todo aquello. Pero la ansiedad había dado paso a una vana sensación de paz: no era un fin violento como muchas veces habíamos temido sino algo lento, aunque no agónico.
Cierto que cuando se cumplieron diez años del comienzo de aquel diluvio alguna desesperación se sintió. Todavía podíamos sobrevivir en los lugares más altos de la tierra ─jamás la humanidad había sido consciente de todo el espacio inhabitado que el mundo escondía sobre sus cordilleras. 
Algunos ya se comenzaban a impacientar, a desear que de una buena vez el agua terminara con todo. Otros, enamorados de los números y las matemáticas, presentaban cálculos precisos de cuánto más tardaría en llegar el fin del fin del mundo. No falta mucho, decían, ya no puede tardar mucho más en consumarse la irreversible muerte.
Fue entonces que una noche como cualquier otra nos despertó un silencio olvidado. Un silencio como hacía años no se escuchaba. Y en algunos volvió el miedo ancestral a un cataclismo violento y final. El agua solo había sido el comienzo y ahora la tierra se agitaría hasta quitarse a la última pulga humana de encima. 
Renació el miedo que habíamos olvidado. Permanecimos encerrados y esperamos. Y esperamos.
Pero nada ocurrió. Un día, simplemente, había parado de llover.

Lo más difícil de ser guitarra es tener que acostumbrarse una al maltrato. Cuando era árbol, los pájaros ─que tienen garras─ se posaban sobre mi sin siquiera dejarme una marca, ni rasguño. ¡Y el canto! El canto irrefutable de las aves.
En cambio ahora vivo expuesta a estos animales que rasguñan y lastiman aún no teniendo garras, que desafinan las notas y hasta se les hincha el pecho mientras lo hacen.
Extraño ser árbol. Ser guitarra no era como creía, todo abrazos, caricias, y cantos armoniosos que me mecieran. A veces, sin que pueda hacer algo por evitarlo, me convierten en un arma más que un instrumento.

junio 17, 2013

En las ruinas ha crecido algún yuyito, terco, irreverente, desafiando a todo un sistema de economías globales, de medios digitales y audiovisuales, de tristes muñequitos articulados rozando con la suelas un mundo viejo, más viejo que cualquiera de nosotros.

junio 14, 2013

Último deseo

En el momento que entendió que el hombre iba a matarlo sin importar cuánto dinero le diera, la víctima pidió un solo favor. En un pequeño trozo de papel escribió su cuenta de usuario, su contraseña y unas pocas palabras debajo.
Se lo entregó al homicida y le pidió:
─Por favor, cuando te vayas, escribe esto en mi cuenta de Facebook y luego ciérrala.

junio 12, 2013

Algo para pensar:

Ultimamente, y casi por todos lados, se vienen repitiendo frases como "no a la violencia en el fútbol" o "no a la violencia contra mujeres y niñas".
Más allá de cuestiones educativas básicas (alguno/a me dirá que lo hacía sin saberlo, y es cierto) hay un problemita con este tipo de frases.

Tomemos como ejemplo la siguiente oración: "Repudio la violencia contra mujeres y niñas".

Hay un sujeto tácito ("yo) y el verbo ("repudio") es el núcleo del predicado. Hasta aquí sintaxis fácil y elemental que todos recuerdan.
La segunda parte incluye un objeto directo ("la violencia") y un objeto indirecto ("mujeres y niñas").
Tanto el OD como el OI son MODIFICADORES verbales. MODIFICAN el verbo, en este caso delimitándolo a cierta circunstancia (ya sea el fútbol o las mujeres).
Es decir: ¡se está diciendo que se apoya o no repudia toda otra forma de violencia!
Si querés repudiar la violencia, solo hace falta "no a la violencia". Desde el momento que modificás el verbo poniéndole un límite estás incluyendo a todo el ámbito restante como parte del mensaje opuesto ("No repudio la violencia salvo contra mujeres y niñas").

¿Que estoy exagerando?
Esto es el mismo error tan común y que todos hemos cometido alguna vez: el "te amo cuando me mirás así".
"¿Y cuando no te miro así?" le preguntarán con toda razón.
Hagan un breve experimento: se paran frente a la persona amada y le dicen: "te amo de lunes a viernes".
Nadie responderá a eso con cariño (y podremos ver cuánto repudian ellas la violencia contra nosotros) y todos pensarán en por qué no el fin de semana.

Los hijos bobos de Iván Ilich

I
En la tumba de los políticos y acomodados debería decir algo así como "se metieron los cargos en el culo".

II
Lo bueno de todo esto es que cuando estén muertos ellos y esté muerto uno, uno ya va a estar acostumbrado a ser nada.

III
Me imagino a algún "acomodado" de esos de los que hoy andan por ahí ostentando títulos en la tumba, tratando de convencer a los gusanos de que ellos son especiales.

IV
Lo malo de todo esto es que cuando estén muertos ellos y esté muerto uno, ellos ya van a estar acostumbrados a los gusanos. 



junio 04, 2013

Dice Eduardo Galeano, desde un libro que cuesta el 5% de lo que gana un esclavo medio:

"En América latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio."
("La televisión/3"; de "El libro de los abrazos")

Don Eduardo, con muy poco respeto, ¿nos toma por tarados a todos sus lectores?