En el momento que entendió que el hombre iba a matarlo sin importar cuánto dinero le diera, la víctima pidió un solo favor. En un pequeño trozo de papel escribió su cuenta de usuario, su contraseña y unas pocas palabras debajo.
Se lo entregó al homicida y le pidió:
─Por favor, cuando te vayas, escribe esto en mi cuenta de Facebook y luego ciérrala.
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