diciembre 11, 2013

Desde hace años, la política ha tomado rumbos verdaderamente inhumanos y antidemocráticos con el único pretexto de adecuarse a los cambios que la globalización ha generado en nuestro mundo.
El avance desmedido y sin control de las empresas multinacionales y los grandes capitales financieros (los mismos que han llevado a la quiebra a media Unión Europea) ha llevado al autoproclamamiento como soberano del mundo a estos intereses corporativistas y multinacionales en contra de la soberanía individual de cada una de las naciones del mundo.
Este nuevo gobierno mundial de las empresas y los especuladores financieros exige, para su supervivencia y libre albedrio, la aniquiliación absoluta de cualquier fuerza moral o política que pueda significar un freno a sus ambiciones desproporcionadas y contrarias al sentir de los pueblos que, cada vez más, van siendo marginados en la toma de  decisiones de sus propios asuntos.
Empresas petroleras deciden qué es legal y qué no en cada país de acuerdo a sus propios intereses, poniendo a cada nación al borde de una crisis energética u obligando a pagar a cada país por sus propios recursos, principio que constituyó los fundamentos del imperialismo y el colonialismo que la historia afirma haber dejado atrás.
La co-existencia entre el gobierno mundial de los capitales y los gobiernos nacionales, soberanos e independientes ha llegado a su fin hace tiempo: el Capital exige la adecuación de las naciones del mundo y de sus administraciones para poner fin a cualquier obstáculo que impida el triunfo de las empresas por sobre los gobiernos, del dinero por sobre los hombres.
La pobreza y la marginalidad en crecimiento constante poco importa si es reflejo de un crecimiento desmedido de los dividendos que los pueblos les brindan mansamente aceptando la explotación de sus individuos.
Hace ya varias décadas que en Latinoamérica han iniciado la trasformación de la política en una mera administración financiera y empresarial. Hace años que han convertido ─o al menos intentado─ reemplazar a la política por la administración empresarial con el claro fin de convertir a paises enteros en sus propias sucursales.
El cambio continúa siendo desfavorable a los pueblos: cada día son menos los gobernantes y más los gerentes de paises o ciudades colocados por manos invisibles a través de los medios y las empresas que buscan aumentar sus ganancias sin importar el altísimo costo de vidas humanas sacrificadas al Dios Dinero.
En muchos paises de nuestra Latinoamérica esto ya ha sido llevado acabo con total éxito: administradores especialistas en ciencias económicas  y rebajados a meros administradores de sucursales más que en política y liderazgo ya ocupan los puestos de poder de media Latinoamérica si no más.
Está en el pueblo, en cada uno de los pueblos, la responsabilidad de revertir esta trasformación: expulsar definitivamente a los gerentes-empleados que las empresas multinaciones han colocado en nuestros gobiernos para reemplazarlos por verdaderos gobernantes, líderes que gobiernen un país y no una empresa, que tengan bien profundamente aprendido que cada ciudadano vale aunque no de ganancias o incluso dando pérdidas, que la seguridad, la salud y la educación son gastos innegociables para cualquier Estado y no un gasto o una pérdida de dinero.
Debemos comenzar una verdadera lucha contra el gobierno empresarial que quiere arrasar con nuestros recursos y nuestras vidas. Poner fin a la especulación financiera que ya ha arruinado a casi todos los países, aún a los denominados "paises desarrollados" ─incluso EEUU, ese faro que lleva a los demás paises a estrellarse una y otra vez, estuvo al borde del default no hace mucho.
Debemos decir basta a los gerentes que quieren ocupar el puesto de los gobernantes. Debemos comenzar la reconstrucción de nuestros paises a partir de ideales elevados y verdaderos que nos lleven a ser naciones libres de cadenas y de mandatos foráneos.
Debemos recuperar la soberanía de nuestros pueblos, la capacidad de tomar nuestras propias decisiones más allá de los intereses económicos de estas empresas que, hoy por hoy, cuentan con nuestras naciones y a cada uno de sus ciudadanos en sus inventarios.
Si es preciso, debemos tomar las plazas y las calles, ejercer la desobediencia civil ante las imposiciones de estos gerentes de pueblos. Echarlos de una buena vez sin que nos corran, como suelen hacerlo, con el cuento de la democracia y las instituciones que ellos mismos han adaptado a su convenciencia.
Es preciso recordar, como nunca antes, que nuestros paises llevan siglos de ser utilizados como fábricas de esclavos y que solo a través de la resistencia y la lucha fue que nuestros próceres han logrado ya una vez romper nuestras cadenas.
Ayer fueron las monarquías colonialistas e imperialistas, hoy son los grandes capitales quienes pretenden gobernar sobre nuestros pueblos. Una vez América Latina comenzó la carrera hacia la independencia. Llegó la hora de poner fin a la lucha que tanta sangre y tantos mártires nos costó. Llegó la hora de ser verdaderamente paises libres y capaces de tomar nuestras propias decisiones y de echar a la basura los capitales que nos roban la comida como plagas.
Ya hemos dicho "basta" muchas veces. Es tiempo de salir y hacer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario