octubre 19, 2013

Una gillette en el tobogán.*

Cuando era chico, los juegos de la plaza no era común que estuvieran en el patio de una casa. Salvo alguna hamaca medio artesanal, a lo "hágalo usted mismo" pero no más que eso.
Sin embargo, en los últimos años han proliferado las grandes jugueterías que ofrecen, embalados y listos para armar, este tipo de juegos. En su propio patio, su propia plaza.
¿Pública? No, privada. Estos juegos son para armar y disfrutarlos entre las mismas paredes que vivimos encerrados. 
Es lógico, los parques públicos ya no son seguros. 
Como tampoco son seguras o buenas o de calidad las escuelas públicas, ni los hospitales públicos o ningún espacio que pueda definirse de esta manera. Lo público, lo de todos, ha quedado en el recuerdo. Lo seguro, lo saludable, lo bonito, es lo privado, lo mio, no lo nuestro.
¿Cuántas empresas que fabrican estos juguetes han rezado por años para que los parques públicos ya no sean seguros? ¿Cuántas empresas, en general, de todos los rubros, han estado rezando a Dios ─es decir, financiando a nuestros gobiernos─ para que lo público, lo nuestro, ya no sea ni tan seguro ni tan sano ni tan lindo como lo privado, lo mío.
Quizás llevamos décadas desde que un director general o gerente de ventas descubrió que lo público, lo de todos, es riqueza de nadie pero lo privado era el negocio de quien pudiera comprar gobiernos y comenzó a convertir países enteros en sectores privados.



*El título pertence al primer CD del grupo argentino "Autofagia". 

1 comentario:

  1. Nunca lo había visto así... Gracias.

    (Hallé la publicación recordando el ¿mito? de la gillette terrorista)

    Salú2

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