enero 28, 2013

A veces es solo cuestión de salirse un poco de nuestra comodidad para pensar el problema desde un ángulo totalmente diferente.
Cuando muere un Bush queda un Bush hijo, y luego quedará un Bush hijo del hijo, y así siempre porque el padre y el hijo y el hijo del hijo son piezas reemplazables de una maquinaria que no los necesita para extenderse.
En nuestro mundo, en el sistema en que vivimos adormecidos, cada hombre es reemplazable, aún, sus propios líderes, esos que parecen importantes.
Pero cuando muere un Cacique, o un cantor indio, no queda nada y su cultura se van con ellos.
Y cada día que pasa, una cultura, una forma de vida entera, se pierde irremediablemente. Con cada último representante de tal o cual cultura originaria que muere, una parte de la vida humana se muere y se pierde para siempre. Sin que hagamos nada.

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