No estaba del todo vivo ni del todo muerto. Apenas arrastraba una sombra famélica por las aceras rotas de la gran ciudad. Caminaba por andar y nada más. En casi ningún lado lo esperaban, no como andaba esperando que lo esperaran. Para las tres de la mañana se había hartado del mundo y de la bebida, de las putas que lo rodeaban sin tener nada que ofrecerle. Cuarto o quinto bar, daba lo mismo. Nunca era el primero y parecía que nunca fuera el ultimo. Ni lo pensó: caminó derecho al puente con la dignidad del que decidió matarse. Y se tiró.
El río le lavó las ropas y el cuerpo apareció hinchado en una orilla a 20km de allí cinco días después.Lleno de gusanos. Lo encontraron dos nenes que andaban cazando bichos. Finalmente, cuando ya no importaba, lo encontró alguien que lo andaba buscando.
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