mayo 01, 2011

Los hombres que llegaron de Europa eran la escoria. Buscaban, más que riquezas, el lugar que esas riquezas les daría. Despreciaban a la madre tierra más que a este continente inhóspito que los enfermaba y mataba lentamente. Renegaron de su origen, de su cuna. Se reinventaron, resguardados por un océano infinito. Pero se hicieron lugar con la espada. Necesitaban el oro y la tierra para ser lo que no habían sido en la desgastada Europa. Y los que habían renegado de su origen asesinaron y violaron. Dieron muerte y vida casi simultaneamente.
Hoy somos los hijos de esa escoria. Los que no tenemos abuelos ni en Europa ni en América, los huérfanos de la historia: los Americanos.

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