Durante años había soñado que aquello ocurría:
—Quiero ser todopoderoso—respondió enseguida.
El Diablo resopló aburrido. El hombre estiró la mano.
Dejó pasar varios siglos el Diablo y se presentó a exigir el cumplimiento del pago:
—No puedes tomar mi alma: no cumpliste tu parte del trato— le dijo el hombre. Yo pedí ser todopoderoso pero no lo he sido. Puedo hacer practicamente todo, menos librarme de nuestro trato.
—Nos volveremos a ver —dijo el Diablo, y desapareció en la noche.
Pasaron nuevamente varios siglos y el Diablo volvió a aparecérsele:
—He expuesto tu caso a los más astutos de mis demonios. Tu defensa es justa. Tú ganas.
El hombre se alegró y durante un tiempo recorrió el mundo vanagloriándose de haber vencido al mismo Diablo.
Un día el Señor del Averno regresó:
—Finalmente, has podido todo, hasta librarte de tu obligación conmigo— dijo. Mi parte está cumplida.
Ambos comprendieron lo complejo del asunto: si el Diablo toma el alma del hombre entonces este no habrá podido librarse y el trato es nulo; si no la toma, el trato es válido por lo que debe cumplirse el pago.
Obviamente, gana el Diablo, por diablo. Y porque siempre gana.
enero 12, 2014
El amor es el hilo y el laberinto. Lo que no sabe uno es que la única forma de salir es desandando el amor o, lo que es lo mismo, andando el desamor. Porque alguna vez se aprende que el universo es un complejo sistema de laberintos unidos por sus entradas y salidas: no se sale nunca de un laberinto sin entrar en otro. Y es esto, justamente, lo más terrible del amor.
enero 04, 2014
Navidad
Se celebra, con banquetes y bebidas y fiestas, el nacimiento de uno de los miles de millones de niños nacidos en la calle y la pobreza, mientras se declara unánimemente al resto de ellos como negritos de mierda, villeros, roba stereos, fuma paco...
Le ponen a uno corona de Rey y al resto lo condenan a la marginalidad absoluta, el analfabetismo, las drogas y hasta a la prostitución.
El 6 de agosto, el 4 de junio, el 3 de septiembre, todos los días del año también son Navidad, y todas las calles del mundo son un pesebre.
No es culpa de esos niños que no sepamos qué día del año nacieron.
enero 03, 2014
Carita de buena
Me dice el Flaco entre mate y mate:
Me dice el Flaco entre mate y mate:
Y la tipa te mira con esa carita de buena que vos no sabés si creerle o no porque recién la conociste hace unos días y no sabés casi nada de ella pero vos le creés porque tiene esa carita de buena, porque por ahí la mina estuvo toda la mañana descuartizando a un ex-novio que la dejó, o al perro del vecino porque no dejaba de ladrar....y metió todos los pedacitos del novio o del perro en una bolsa de basura para que nadie los encuentre pero a la tarde la tenés ahi, mirándote con la inocencia de un cachorrito recién nacido, con esa carita de nena buena, esos ojitos de "no mataría ni una mosca" y casi naturalmente, como un movimiento instintivo le mirás los tobillos a ver con qué la tienen atada a la tierra porque jurarías que en cualquier momento la mina va a sacar unas alas enormes y blancas de no sé dónde y se te va a volar y no sabés, ahí mientras la mirás pensando en nada, porque te tiene estúpido, si ayudarla a volverse al cielo o aprovechar antes que se te vuele para besarla.
(fragmento del cuento ""Chiquita, buena y con vestido floreado")
Vestido floreado
"Y era que la había conocido,
con su nombre que flotaba,
con su pequeño vestido..."
(S. Rodríguez, "Caballo místico")
Que había muerto atropellado por un vestido floreado (creía que floreado, los hombres no miramos esas cosas). Cuando le pregunté si me estaba jodiendo me juró que no.
"Era así", me dijo con el brazo extendido y la palma de la mano para abajo, queriéndome decir que ella era así de alta (o de bajita). Yo no la vi venir, venía hojeando un libro de poesía que había conseguido en oferta, una porquería, una de esas antologías de poetas del sur del este de la provincia tal o cual y ella venía de frente y no la vi, hasta que la vi.
En este punto se quedó callado. Repasando un recuerdo que tenía bien fresquito y no porque necesitara hacer memoria, sino porque lo disfrutaba.
En vano intenté que me explicara eso de morir atropellado por una mujercita de no más de un metro cincuenta y con vestido floreado (la verdad, me parece imposible, no por el Flaco, justamente, que no es difícil de atropellar, si hasta el viento a veces parece que lo va a tirar al piso, pero...)
No logré nada más que un "morí de amor, atropellado por ese vestidito floreado que flotaba como un perfume".
-¿Y tu mujer? -le pregunté tratando de bajarlo un poco de la nube.
-¡¿Quién?!
-Ah sí- dijo, aterrizando despacito -la bruja me debe estar esperando con la cena.
Y agarró la campera y empezó a abrigarse para irse. De a poco le volvía la sonrisa. No quise preguntar más, la "Bruja", como él le dice a la esposa, es una buena mina, y una amiga no solo por ser la mujer del flaco, sino una buena amiga en sí misma.
-Dale, andá derechito para la cueva que la Bruja te debe estar esperando preocupada, que ya es tarde.
-¿Sabés qué?- me preguntó ya en la puerta, con la sonrisa un poco hecha mierda -Me da bronca que la vida sea así. Yo con la Bruja estoy perfecto, no necesito nada, es una mina muchísimo mejor de lo que merecemos yo, vos o cualquiera. Pero un día te pasa un vestidito floreado así, como flotando, como un cachetazo que te afloja una muela y de pronto la vida es esta mierda de querer estar en dos lugares a la vez.
(fragmento del cuento ""Chiquita, buena y con vestido floreado")
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