septiembre 26, 2012


Le gustaba el olor a tierra mojada. Le traía recuerdos de otro tiempo, de una época que no recordaba del todo aunque tampoco había olvidado por completo aún.
Las tardes de lluvia se relajaba y dejaba que  el agua lo empapara por completo, lo recorriera como alguna vez lo había recorrido la sangre por todo su cuerpo.
Sí, aquel era un muerto feliz, un muerto que disfrutaba su sueño infinito y se despertaba solo cuando llovía, y el olor a tierra mojada lo rodeaba por todas partes como una enamorada que lo abrazaba.
Y el muerto disfrutaba de aquello. Lo llamaba amor y creía que la lluvia era su novia.

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