diciembre 20, 2011

El hombre encendió la alta lámpara de pie junto al rincón de la habitación. Se acomodó delante de ella, de espaldas a la luz. Descorchó la botella de vino tinto y comenzó a verterla en el suelo justo unos pocos pasos delante de él.
Cuando había terminado la botella ensayó un leve movimiento con el brazo. No hubo respuesta. Tampoco cuando levantó un poco la pierna. Ni cuando se movió un paso a la derecha.
No había duda: el vino había embriagado a su sombra hasta el desmayo.
Libre al fin tomó su abrigo, bajó hasta la conserjería y devolvió la llave de la habitación de aquel lejano hotel. Y no volvió nunca más por aquellos lugares.

2 comentarios:

  1. Ha dejado escondida su sombra en el hotel del olvido, donde el agua corre sin sentido. Ha dejado escondida su sombra, quizás su amargo recuerdo, su tiempo.

    Blogsaludos

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  2. Sencillamente genial.
    Irene.

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