Toda lucha es por alcanzar el poder. Por imponer convicciones y métodos a quienes disienten con uno. El hombre que no ambiciona el poder ignora la lucha propia y la ajena. Vive tranquilo en sus propias convicciones sin necesidad de imponer su verdad a quienes no la comparten.
Cuando un hombre lucha, desconfío siempre de sus intenciones.
La verdad, aunque solitaria y serena en un rincón, termina triunfando. No necesita de los esfuerzos vanos de los hombres. Y, sospecho, los desprecia.
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