abril 16, 2011

Al parecer, cuando el alma necesita un estado de inocencia casi virginal, anula cierta parte del cerebro en la que se alojarían los recuerdos y las experiencias que uno ha acumulado en su vida. Esto le permite al ser humano enamorarse a los 30, 40 o 50 años de la misma manera infantil y boba que a los doce y, sospecho, este mecanismo es esencial en la búsqueda de la felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario