Me hablan, me explican cómo se entra en el Cielo. Pero no como salir del infierno. ¿Acaso lo conocen? ¿Acaso sus manos bajarán hasta el mismo fuego que me consume para ayudarme a levantarme? ¿O solo dirán que de necio quise quedarme en las llamas, ardiendo, para no reconocer que nunca han muerto ni descendido a los infiernos?
Cada llaga será mañana una medalla al coraje en la lucha por cada latido de un corazón que se enfermó de tus ojos.
septiembre 20, 2011
El monstruo miró a Teseo y distinguió en sus ojos a esa muchacha que lo esperaba fuera. Pensó en su propia vida, en su soledad, en su infinito encierro entre infinitos pasillos repetidos. Pensó que él nunca había tenido un amor, un abrazo, una compañera. La envidia le encendió el resentimiento y golpeó al héroe. Pero al verlo en el suelo, con sangre en el rostro volvió a sentir la pena y se dejó vencer. "¿Para qué seguir viviendo?", pensó. Y le regaló la libertad y el amor a ese otro que sí podía tenerlos.
septiembre 13, 2011
Guión para un cortometraje erótico
La cámara se acerca desde la puerta de la habitación.
En escena un hombre entrando en una mujer
con desesperada pasión, con silenciosa furia. Como intentando una salida de emergencia ante el inminente desastre.
Luego se levanta y se dirige al baño, donde se para frente al espejo.
Se mira, en silencio, durante unos segundos.
Finalmente se reconoce en el rostro enajenado e insatisfecho.
En la habitación, la mujer se ha quedado dormida, ajena a cualquier tribulación.
Él la ama. O la quiere. O le reconoce su presencia y su entrega.
El del espejo es otro, uno que no conoce la vida, que intenta escapar de la muerte inevitable escondiéndose en el vientre de esa mujer. O de cualquier otra. Ella se irá cuando no entienda que eso también es amor, entonces otra ocupará su lugar.
La cámara se queda un instante a cierta distancia abarcando a los protagonistas: a la izquierda de la imagen, por entre la puerta abierta del baño, el reflejo de un hombre parado frente al espejo; a la derecha, el cuerpo desnudo de una mujer dormida.
En la pantalla nunca aparece la palabra FIN. Solo se desvanece la imagen lentamente, como un recuerdo.
La cámara se acerca desde la puerta de la habitación.
En escena un hombre entrando en una mujer
con desesperada pasión, con silenciosa furia. Como intentando una salida de emergencia ante el inminente desastre.
Luego se levanta y se dirige al baño, donde se para frente al espejo.
Se mira, en silencio, durante unos segundos.
Finalmente se reconoce en el rostro enajenado e insatisfecho.
En la habitación, la mujer se ha quedado dormida, ajena a cualquier tribulación.
Él la ama. O la quiere. O le reconoce su presencia y su entrega.
El del espejo es otro, uno que no conoce la vida, que intenta escapar de la muerte inevitable escondiéndose en el vientre de esa mujer. O de cualquier otra. Ella se irá cuando no entienda que eso también es amor, entonces otra ocupará su lugar.
La cámara se queda un instante a cierta distancia abarcando a los protagonistas: a la izquierda de la imagen, por entre la puerta abierta del baño, el reflejo de un hombre parado frente al espejo; a la derecha, el cuerpo desnudo de una mujer dormida.
En la pantalla nunca aparece la palabra FIN. Solo se desvanece la imagen lentamente, como un recuerdo.
septiembre 11, 2011
De pronto recordé una noche, una noche cualquiera. Me había asaltado la terrible soledad y un nombre, uno solo, se me apareció en el sueño. Quise morir para no perderla pero hubo, como cada día, un sol nuevo en el cielo. Toda la mañana se me fue en aprender a olvidarla. Aquella mañana fue la más larga, y duró todo el invierno.
septiembre 08, 2011
Escapaba porque correr es buen ejercicio. En sus huidas encontraba a muchos como él que estaban huyendo. Pero nunca los entendía. Él no podía entender eso de correr de un lugar a otro para cambiar algo. Los lugares son todos iguales, pensaba, uno no escapa de un cerro, de un río, de un bosque. Escapa de la gente que los habita. Pero él no entendía porque hay gente que quiera huir de otra gente. Él solo corría porque le gustaba moverse, cambiar de aires, de horizonte. Se iba para volver, se perdía para reencontrarse con su gente. Él no huía de nada ni de nadie. Solo se iba, de a ratos, a un mundo de poemas y tristezas infinitas. Allí, se decía, el horizonte es un hilo largo entre el cielo y el mar.
Luego, cuando volvía, el mundo era diferente, como si lo viera con un papel celofán violeta delante de sus ojos.
Lo acusaron de todo: egoísmo, egocéntrico, distraído, mal educado, irrespetuoso.
Nunca lo miraron. Si lo hubieran hecho, habrían visto un alma que no tenía hogar ni reposo.
Quizá alguien hubiera podido evitar que se escapara, un atardecer de lluvia, de la única vida que creyeron que tenía.
Luego, cuando volvía, el mundo era diferente, como si lo viera con un papel celofán violeta delante de sus ojos.
Lo acusaron de todo: egoísmo, egocéntrico, distraído, mal educado, irrespetuoso.
Nunca lo miraron. Si lo hubieran hecho, habrían visto un alma que no tenía hogar ni reposo.
Quizá alguien hubiera podido evitar que se escapara, un atardecer de lluvia, de la única vida que creyeron que tenía.
Sentir que no he perdido en el camino más que algunas cosas innecesarias. La incurable sinrazón sigue vigente. Entender que entender es solo ignorar las razones. No comprenderte para no sentir lástima de lo que has sido. Irremediablemente se abren caminos y uno llega a esa esquina en que debe dejar el pasado en el borde de una ventana. Y seguir caminando, mañana un beso nos dirá quién somos relamente. Y solo una certeza tengo, que ya no soy aquellos besos que no me diste.
septiembre 03, 2011
Si me dejaras creer en un tal vez, aunque sea mínimo, te asegurarías al menos un hombre que te tenga en un altar y esté dispuesto a lo que necesites siempre. Al decidir que jamás dirás que si me estás dando la libertad de no ocuparme de tí lo necesario, de no escoger los métodos de conquista adecuados y que finalmente te convendrían.
Esto es, si ningún camino lleva donde uno quiere llegar, ¿qué importa cuál escogamos?
Apología de la Histeria
Esto es, si ningún camino lleva donde uno quiere llegar, ¿qué importa cuál escogamos?
Apología de la Histeria
septiembre 02, 2011
A ella nada le importa, nada la conmueve. Pero le sigue aparentando para que él le diga "hola, ¿cómo estás?" y se siga arrastrando y la siga cuidando como cuando ella fingía estar con él. Él sabe que todo es de cartón y a veces sigue el juego. A veces se lo cree, y ese el problema. Juntos viven como cabras saltando de mentira en mentira, cada uno jugando su juego. Los dos pierden porque él nunca la alcanzará y ella seguirá perdida entre amistades de cartón y hombres que la dejen antes que termine de vestirse. El cree en el amor eterno, ella en que todo muera rápido para no aburrirse. Los dos corren, ninguno llega. El se acostará pensando en ella, necesitándola. Ella se despertará sin entender nunca por qué el hombre que duerme a su lado, teniéndola tan fácil y sin resistencias, no la cuida como él que nunca tiene nada de ella y solo vive en su espera. Es una historia entre dos seres anacrónicos. Es una historia entre romántica y moderna. Es una historia de amor, de amor moderno.
Y eran un par de sueños truncos los que pendían de una cuerda deshilachada en el centro y a punto de cortarse.
La mitad del tiempo la amenza y la ansiedad,
la lucha y contradiccion interna de esperar el desprendimiento anunciado, ansiado, en cierta manera,
como se quiere saltar a un abismo cuando se lo tiene enfrente.
Quería pasar la muerte, quitarse esa tensión de encima lo antes posible para vivir sin esa angustia que le raspaba la garganta por dentro.
Morir, eso ayudaría, morir d euna vez y seguir viviendo después sin pensar en aquello. Vivir eternamente como en un sueño estúpido donde todo ocurre sin sentido, sin necesidad ni razón.
Eso estaría bien, pensó. De una vez por todas. De una vez. Matarse. Desprenderse del sueño ese de no tener sueños.
Lo pensó y lo decidió. Y así de simple lo resolvió.
A las 10:53am abandonó el desayuno y se cortó el cuello.
Todas las asperezas salieron en gorgoteos escarlatas.
A las 11:13am volvía a la mesa y retoma el desayuno (ya frío).
El primer placer que tuvo en la vida fue sentir el café bajando suave, sin rasguñarle la garganta.
"Ya está", se dijo en voz alta para asegurarse que estaba vivo, "ya está, ahora a seguir viviendo".
agosto 31, 2011
Vengo descalzo, con la humedad de la tierra enfriándome las plantas de los pies y el rocío del césped trepándose a mis tobillos. Traigo un presente, una ofrenda, para dejar en tu puerta. Una vez allí, con mis pies desnudos, pisaré fuertemente sobre la tierra hasta dejar sus marcas bajo el umbral. Porque lo que traigo para ti son mis huellas, el recuerdo de mis pasos. Aquí, te ofrendo mi historia. Porque he vivido para que mis pies vagabundos me trajeran a vos. Mi vida, que pareció siempre no tener rumbo, ha sido un incesante avanzar hacia tu puerta, un acercamiento a ti. Hoy, aquí, descalzo, y sin memoria, he nacido, desnudo, como nacen todos los hombres.
Le tememos a la muerte porque tenemos conciencia de su fatalidad. Y en nuestra supersticiosa lucha colgamos en la pared un reloj y un crucifijo. Pronto estaremos usando ajo para protegernos de los vampiros. O no, tal vez nos dejemos atrapar para que nos hagan inmortales. Y permanecer, en el infierno, si es necesario. Porque también el infierno es garantía de inmortalidad. ¿Acaso no se nos prometió arder allí por toda la eternidad? No importa el precio, queremos salvarnos. De la muerte, de la extinción, del olvido. Ser y seguir siendo, nunca dejar de ser. ¡Pobres chiquilines fingiendo ser adultos!...Un día vendrá la muerte y nos llevará, a todos. Y todos moriremos con un nombre en la boca: ese nombre que pudo habernos hecho inmortales.
agosto 22, 2011
De los brazos a los miles de días de ausencias repetidas, de ser de aire, nube, lluvia, a no ser. Entre un millón de hormigas destruyendo un rosal pulula la esperanza. El hambre, la sed, la falta de ánimo nos consumieron las flores. Se secaron las piedras y el desierto se hizo. Nació, como de un vientre marino, un océano de arena y soles. Nos hicimos viento, tormenta, nos olvidamos bajo la arena y los siglos, con sus besos de brisas, nos oxidaron.
agosto 18, 2011
Así pasaban las horas detrás de la ventana: él, viendo la nieve caer entre los árboles, ella, leyendo junto al fuego. Cada vez se tocaban menos, se recordaban menos a sí mismos. Pero el invierno los mantenía unidos con aquella tormenta que no descansaba. Al llegar la primavera cada uno escaparía, pero no del otro ni de ellos sino de ese encierro que es ser uno mismo y no poder salir siquiera a la puerta a fumar un cigarrillo.
agosto 15, 2011
Restos de conversaciones:
(por Msg)
-Hola, lindo!
-Hola...¿cómo va?
-Nada, como siempre, sabés que nunca me pasa nada interesante. Vos, ¿cómo andás?
-Bien, con ganas de coger. ¿No tenés ganas de venirte a casa? Tomamos unas cervezas y te quedás a dormir.
-ajajaj
-En serio, boluda!
-No, gracias...
-No te preocupés...ya sé que no me tocás ni con chorro de soda...
-No seas tonto....sabés que sos especial para mi...
-A los chicos Down también les dicen "especial"
-¿Andás con ese humor hoy? Dejalo así, no quiero pelear con vos...
-No, yo tampoco...¿no querés venir entonces?
-Hoy no, lindo, estoy cansada...mañana paso y tomamos unos mates. O la cerveza por ahí te la acepto!
-Si, algo es algo, no?
-Si tenés ganas, si no dejá..
-Si, como vos quieras...
-Bueno, cualquier cosa te escribo y paso...un beso grande...
-Dale, beso...
(Ella nunca pasa y el diálogo se repite día por medio durante toda la vida)
Historia de una venganza.
(En un local de alquiler de DVDs)
Entran los tres uniformados con joggins azules (los de las tres tiritas) como si vinieran de hacer deporte. Son el hijo, la madre y el padre. Todos vestidos exactamente igual. Ninguno tiene pinta de haber caminado más de dos cuadras alguna vez. En el empleado producen un rechazo indisimulable, los mira con asco, quisiera poder negarse a atenderlos, pero es empleado.
-¿Tenés la película ****? -Pregunta el hijo.
El empleado consulta la base de datos, la película en cuestión está.
-No, está alquilada.
Se miran los tres perplejos.
-¿Para mañana la tendrás?
-Supongo...tendrían que devolverla.
Vuelven a mirarse los tres. Saludan, se van.
Al otro día, cuando vuelvan, el empleado tendrá que alquilarles la película que pidieron, una de las vulgaridades que en Holliwood llaman "comedia". Pero siente algo de satisfacción en oponer a esta familia de ridículos uniformados del mal gusto algún obstáculo.
"Nadie dijo que la vida sea fácil", piensa, "que esperen hasta mañana".
(En un local de alquiler de DVDs)
Entran los tres uniformados con joggins azules (los de las tres tiritas) como si vinieran de hacer deporte. Son el hijo, la madre y el padre. Todos vestidos exactamente igual. Ninguno tiene pinta de haber caminado más de dos cuadras alguna vez. En el empleado producen un rechazo indisimulable, los mira con asco, quisiera poder negarse a atenderlos, pero es empleado.
-¿Tenés la película ****? -Pregunta el hijo.
El empleado consulta la base de datos, la película en cuestión está.
-No, está alquilada.
Se miran los tres perplejos.
-¿Para mañana la tendrás?
-Supongo...tendrían que devolverla.
Vuelven a mirarse los tres. Saludan, se van.
Al otro día, cuando vuelvan, el empleado tendrá que alquilarles la película que pidieron, una de las vulgaridades que en Holliwood llaman "comedia". Pero siente algo de satisfacción en oponer a esta familia de ridículos uniformados del mal gusto algún obstáculo.
"Nadie dijo que la vida sea fácil", piensa, "que esperen hasta mañana".
agosto 12, 2011
A los once años descubrí la música como algo que iba a durar para toda la vida. A esa edad, y en épocas de menos virtualidad, y casi ningún acceso a cierto material, mi única esperanza de novedades eran los viejos cassettes de un tío que me dejaba robarle de a dos o tres cada vez sabiendo que siempre volvían.
Rectangulares cajitas de Pandora como no han existido otras.
Eran los años en los que Jorge Alvarez vendía su tiro del final al mejor postor y nos dejaba sin la vieja música de nuestros propios artistas.
De aquellas cintas casi prehistóricas aprendí a Piero, Gieco, Alma y Vida y otros tesoros de los que ya ni los mapas nos quedan.
Robaba las cintas, recuerdo, cuando mi madre ya nos llevaba para casa, así al llegar me encerraba en mi habitación a escucharlas hasta aprenderlas de memoria.
Un anoche me golpeó un tipo que apenas si cantaba. La mayoría del tiempo hablaba de cosas que poco entendía yo con mis inútiles doce años. Ferrocabral se llamaba uno de los casetes, Pateando tachos el otro. El dueño de aquella voz que escuchaba por primera vez se llamaba Facundo Cabral.
Demasiado chico yo, me rompí aquella noche de una forma que todavía no alcanzo a comprender.
Es cierto que fue la suma de todos aquellos descubrimientos el martillo que partió el espejo en el que reflejé mi mundo. Pero ese fue un duro golpe a la incipiente intelectualidad de una escasa docena de años.
Casi veinte años pasaron hasta que volviera a escuchar aquellos trabajos. Cabral es ya una voz que conozco bien. Algunas de sus canciones pasaron por mi guitarra como oraciones y de sus palabras he repetido muchas.
Luego de casi dos décadas me reencontré anoche con esos dos discos. En otra forma, y por otras casualidades. A los doce años, la novedad de la vida que se me presentaba me lo hizo cruzar para estrellarme contra su verdad. A los 33, la novedad de su muerte me lo hizo volver a cruzarme como hace casi veinte años.
Anoche reencontré esos dos discos y, con la misma ansiedad de cuando todavía nacía por el asombro, volví a escucharlos. Y volví al asombro al escuchar aquellas palabras y aquellas canciones que ahora ya me son conocidas.
Pero me acompaña un asombro nuevo y triste aunque también maravilloso: el de saber que esas palabras, cada una de ellas, estaban en mi memoria desde entonces. No había olvidado al Cabral de aquella noche, solo que no había notado nunca cuánto era lo que había prendido en mi.
Facundo Cabral haya sido quizá el primer maestro en mi vida que rompió con aquellos versos de Sui Generis, que traigo también de esos años de curiosidad:
"y tuve muchos maestros de que aprender // solo conocían su ciencia y el deber // nadie me enseño a decir una verdad..."
Facundo Cabral y yo, veinte años después, volvemos a reírnos, a pensar y a emocionarnos encerrados en mi habitación. Él ya no habla más que desde el recuerdo, pero yo lo seguiré escuchando porque en mi recuerdo, siempre tendré doce años para volver a asombrarme ante la voz que no deja de decir verdades.
Anoche reencontré esos dos discos y, con la misma ansiedad de cuando todavía nacía por el asombro, volví a escucharlos. Y volví al asombro al escuchar aquellas palabras y aquellas canciones que ahora ya me son conocidas.
Pero me acompaña un asombro nuevo y triste aunque también maravilloso: el de saber que esas palabras, cada una de ellas, estaban en mi memoria desde entonces. No había olvidado al Cabral de aquella noche, solo que no había notado nunca cuánto era lo que había prendido en mi.
Facundo Cabral haya sido quizá el primer maestro en mi vida que rompió con aquellos versos de Sui Generis, que traigo también de esos años de curiosidad:
"y tuve muchos maestros de que aprender // solo conocían su ciencia y el deber // nadie me enseño a decir una verdad..."
Facundo Cabral y yo, veinte años después, volvemos a reírnos, a pensar y a emocionarnos encerrados en mi habitación. Él ya no habla más que desde el recuerdo, pero yo lo seguiré escuchando porque en mi recuerdo, siempre tendré doce años para volver a asombrarme ante la voz que no deja de decir verdades.
agosto 11, 2011
julio 19, 2011
La normalidad es la rareza de la mayoría. Biológicamente imposible, la salud solo es un estado de enfermedad compartida por aquellos que desconocen las fallas en su organismo. La belleza del cuerpo es la aplicación práctica de unos cuantos principios de la óptica. Fuera del mundo físico, en la poesía, por ejemplo, los defectos, ni se narran ni se enumeran. Los hechos más pequeños, como tomarnos de las manos o un lunar preciso, se hacen un verso. Incluso un defecto de pigmentación en la piel como un sector del rostro poblado de pecas, será en un poema un cielo repleto de estrellas. La poesía es la exageración positiva de los pequeños elementos que componen lo cotidiano. Y la belleza, un invento de los poetas.
Pronto los tendré frente a mi gritando y queriendo lastimarme. Aquí están, nuevamente. Se oyen los pasos.
He resignado la mirada vital de Febo por el miedo que me causan y aún así vienen a perturbarme a mi propia casa.
No bastaron los incontables pasillos.
Siete varones y siete doncellas; esos monstruos que vienen de ese mundo queriendo quitarme lo que es mio. Casi no tengo posesiones y ellos lo saben porque conocen los pasillos vacíos. Vienen por mí, con sus deformidades y sus costumbres inmorales.
He sobrevivido otras veces por la gracia de estos pasillos que los confunde y los pierde y los divide antes de llegar al patio. No logro entenderlo, pero por alguna razón, cuando están solos parecieran temerme aún más que yo a ellos. Entonces, se me hace más fácil evitar la muerte.
El eco me dice que están muy cerca.
Otra vez la terrible necesidad de defenderme de ellos con mis propias manos. Yo, que jamás he blandido arma alguna, que he despreciado la raza de asesinos que habitan fuera de mi palacio, tendré que defenderme o morir.
Yo, Asterión, solo, en mi Palacio, espero que comiencen a llegar.
No temo la muerte, que un día llegará de todas formas, solo temo no saber nunca por qué estos monstruos vienen a mi casa a buscarme.
He resignado la mirada vital de Febo por el miedo que me causan y aún así vienen a perturbarme a mi propia casa.
No bastaron los incontables pasillos.
Siete varones y siete doncellas; esos monstruos que vienen de ese mundo queriendo quitarme lo que es mio. Casi no tengo posesiones y ellos lo saben porque conocen los pasillos vacíos. Vienen por mí, con sus deformidades y sus costumbres inmorales.
He sobrevivido otras veces por la gracia de estos pasillos que los confunde y los pierde y los divide antes de llegar al patio. No logro entenderlo, pero por alguna razón, cuando están solos parecieran temerme aún más que yo a ellos. Entonces, se me hace más fácil evitar la muerte.
El eco me dice que están muy cerca.
Otra vez la terrible necesidad de defenderme de ellos con mis propias manos. Yo, que jamás he blandido arma alguna, que he despreciado la raza de asesinos que habitan fuera de mi palacio, tendré que defenderme o morir.
Yo, Asterión, solo, en mi Palacio, espero que comiencen a llegar.
No temo la muerte, que un día llegará de todas formas, solo temo no saber nunca por qué estos monstruos vienen a mi casa a buscarme.
julio 08, 2011
Existe un libro con un único poema infinito. Cada verso narra un beso y en la suma total de ellos están escritos todos los besos. El Poema está compuesto en estrofas que hablan de dos únicas personas. Sin embargo, es éste el único libro de la Biblioteca del Destino que admite una lectura desordenada, y así muchos han leído dos o más de las estrofas propias a un mismo tiempo.
No hay dos estrofas que contengan la misma cantidad de versos. Conocemos el momento exacto en que empezamos a contar las sílabas de los versos que nos han sido destinados. Pero no el momento en que se gastan los versos que se nos dieron.
No hay dos estrofas que contengan la misma cantidad de versos. Conocemos el momento exacto en que empezamos a contar las sílabas de los versos que nos han sido destinados. Pero no el momento en que se gastan los versos que se nos dieron.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)