julio 05, 2012

La Historia es nuestra lucha


La Historia es nuestra lucha

Hemos visto en los últimos tiempos surgir voces nuevas que intentan afirmarse de una u otra manera, como la resistencia contra todo aquello que nos oprime. Hemos visto en todo el mundo levantarse la voz de los que siempre guardaron silencio. Hemos visto a los silenciados romper, finalmente, el silencio de siglos. Vemos, en todas partes, centenares o millares de personas exigiendo un cambio radical y urgente.
Se ha solucionado algo, y se ha evitado otro tanto. Pero sigue costando encontrar señales de un verdadero cambio en la forma de organizarnos como especie.
Existe, entre los que reclaman y los que tienen el deber de escuchar, una especie de negociación silenciosa, y aceptada por ambas partes, mediante la cual un reclamo general se convierte en una solución puntual que da fin a la batalla.
Es que existe una estrategia mediante la cual un estado logra imponerse como el ganador de estas contiendas: convertir cualquier exigencia popular en una batalla particular que pueda ganarse o perderse, pero que tendrá, inevitablemente, un fin.
Tarde o temprano, las voces callarán. Los manifestantes volverán a sus casas con la alegría de haber vencido o la tristeza de haber sido derrotados. Pero volverán a sus casas, a su comodidad o a su pobreza, pero en el mismo silencio. En otros casos bastará con un estado ciego y sordo que no dé acuso de recibo y se cansarán y volverán a sus casas hartos de estar hartos, y en silencio.
Todo reclamo, finalmente, se convierte en una forma de silenciar las voces en el menor tiempo y con el menor costo político posible. No importa qué es lo que el pueblo reclame, siempre habrá una ley, un plan, o un lo que sea, mediante el cual el gobierno puede dar por terminada la batalla.
En la democracia, la forma más rápida de acallar voces en una solución simple y eficaz es mediante la encarnación de esos reclamos en hombres o mujeres que nos representen. Todo reclamo encuentra un nombre y un cargo dentro del mismo sistema contra el que pretende luchar.
Y nuestro mayor problema, en este punto, somos nosotros mismos.
Encarnamos todas nuestras esperanzas en un partido político, o en un candidato en particular de la misma forma que encarnamos nuestros demonios en otros.
Si nuestro candidato pierde, todo se ha perdido y la lucha ha sido vana. En el mejor de los casos, unos pocos (las voces se convertirán entonces en susurros) seguirán resistiendo con la esperanza de, unos meses antes de las próximas elecciones, volver a ser la voz furiosa que habían sido antes de la derrota.
Peor escenario será si nuestro candidato gana. Ya nadie nos sacará de nuestra casa a reclamar nada. Ya podremos sentarnos cómodos a ver cómo el hombre que encarnó nuestras mejores intenciones cambia finalmente el mundo.
Un juego macabro que nos mantiene a raya y silenciados mientras dejamos que la gran maquinaria de la corrupción se renueve y fortalezca aún más gracias a nosotros.
Es necesario entender la lucha de una manera diferente y nueva. Ya no a través de batallas finitas, de problemas que puedan resolverse en días o semanas por medio de una decisión política o económica. Entender que cambiar el mundo es algo diferente, y hasta opuesto,  a cambiar el nombre de un partido político o de un candidato.
Cambiar el mundo significa cambiar el entorno en el que nos movemos cotidianamente. Cambiar el mundo es enfrentar al mundo desde nuestra individualidad, desde nuestra propia convicción. Cambiar el mundo significa, en primer lugar, cambiarnos a nosotros mismos y ser no los que reclaman por un cambio, sino los que han cambiado para sembrar el mismo cambio en los demás.
Cambiar el mundo es, en definitiva, cambiar esa pequeña parcela de mundo que nos corresponde. Cambiar el mundo no es algo global, paradójicamente, sino un proceso individual y cotidiano de cambiar nuestros propios hábitos y nuestro propio y personal mundo interno. Cambiar el mundo es ser nosotros lo que queremos que sean los demás.
Es un proceso que no termina, que no puede darse por resuelto. La resistencia no puede ser solo presentarnos a una batalla y alegrarnos o resignarnos con el resultado.
Hemos perdido miles de batallas. Y estamos vivos. Porque no es en una batalla que cambiaremos el mundo o dependeremos siempre de un resultado positivo para seguir luchando.
No creo, en lo personal, que esté en nosotros cambiar este mundo. Pero sí está en nosotros crear los cimientos de un mundo nuevo. Somos mortales, la vida, dicen, es corta, y es probable que no nos alcance el tiempo para ver un mundo mejor.  Pero sí podemos no repetir los errores del pasado y no ser nosotros los que dentro de 50 años le digamos a nuestros hijos que fallamos, que nos vencieron, que intentamos luchar y en la primer derrota volvimos a casa en silencio. Si no bajamos hoy los brazos, nuestros hijos, nuestros nietos, quizás puedan estudiar nuestro tiempo y sorprenderse de lo que hemos hecho. Descartes dudó un día hasta de la duda misma, pero su fe le impidió dudar de Dios. Pero esa duda fue la misma que mucho tiempo después de su muerte desveló a otro hombre sin fe que dudó también de Dios y del rey que Dios le imponía. Esa duda, esa semilla invisible fue la que germinó en siglos una revolución que para Descartes era inconcebible.
Debemos evitar, a riesgo de perder todo por lo que hemos luchado, la tentación de aceptar las batallas que los estados nos proponen. Concebir un plan que no sea nuestro, de cada uno, de cada ideología, sino de todos los hombres y de todos los pueblos. Entender que no venceremos hoy ni nunca, porque en la victoria (al igual que en la derrota) se terminan las batallas. Y la nuestra, la de ustedes, la de todos, debe ser una batalla sin fin, una vigilancia perpetua de las instituciones y los gobiernos. Gane quien gane, pierda quien pierda, la batalla no fue ni deberá ser nunca por un cargo, por un puesto, por un nombre. La batalla es contra nosotros mismos, contra la humana tentación de quedarnos sentados sintiendo que todo está perdido.
Nuestra lucha no es una lucha de batallas que puedan ganarse o perderse. Nuestra lucha es para siempre, indiferente a un resultado, a una victoria, a una derrota. Aún cuando el mundo sea lo que queremos que sea, habrá cosas que seguir cambiando. Nunca ganaremos, pero nunca perderemos. Porque nuestra lucha no es por un pueblo o por un momento histórico en particular, es por todos los pueblos y todos los momentos históricos que nos toquen vivir a nosotros, a nuestros hijos. 
Si hoy bajamos los brazos, si hoy aceptamos la derrota, estamos aceptando para nosotros mismos los mismos mecanismos de corrupción contra los que pretendimos luchar.
Cambiar el mundo es cambiar al hombre. Resignificar la historia, transformarla por medio de un proceso que no es nuestro ni de ningún hombre en particular sino de todos los hombres en todos los tiempos.
No hay un solo hombre (ni rey ni campesino) que sea en si mismo la historia o determine por su propia voluntad el sentido del devenir histórico. La historia es nuestra tanto como de ellos y si algo hemos aprendido en esta lucha, es que ya no cuenta más aquello de que "la historia la escriben los que ganan".

julio 04, 2012


Al amor lo prefiero poco hablado. Para no desenamorarme. Cuando mi mujer me dice que soy hermoso, un poco me desenamoro. Es decir, ¿a qué clase de mujer puede uno gustarle?
Siempre hay que creer que esa mujer se ha enamorado de uno por error. De algo que ella imagina en uno para tenerlo en semejante altar.
En mi caso, me cuesta concebir que una mujer tan virtuosa, tan perfecta en casi todo lo que hace, pueda cometer el injustificable error de enamorarse de alguien como yo. Y de seguir, cada día, convencida de su amor.
Por eso prefiero que hable poco, que siempre me deje ese espacio en mi interior para decirme "esta mujer no sabe de quién está enamorada". Y dormirme abrazándola y deseando, en silencio, que nunca descubra su error.

julio 01, 2012

La política es el arte de convertir un pueblo unido en grandes cantidades de individuos enfrentados.

junio 27, 2012


Se habla de un día histórico: por primera vez, en décadas, la izquierda y los trabajadores se reunieron en la Plaza de Mayo. Se habla de una "fiesta", de un acto en paz. Se habla...y se sigue hablando.
La Presidente Cristina Fernández, desde San Juan, confirmó lo que todos sabíamos desde hace rato: quiere la chancha, los veinte, y la fábrica de hacer chorizos.
Siempre desde lo más lejos posible de la realidad. Irónicamente, hoy la Presidente de algunos argentinos se acordó del interior. Y se fue bien lejos de donde debía estar, al otro extremo, a una de las provincias símbolo del Menemismo, del Duhaldismo, y de todos los nombres que el peronismo puso al peronismo para que no se ensucie el peronismo. Pero lejos, muy lejos de donde se requería su atención.
Del otro lado (no, no del lado de la cordillera, esta vez "del otro lado" fue Buenos Aires) los "otros". Los otros peronistas. Los que nunca se mancharon de alguna forma que uno, que no es peronista, no termina de entender.
De un lado y del otro el mensaje fue el mismo: "no hay competencia", "esto no es un River-Boca", y demás boludeces políticamente correctas. Ni Cristina quiere a Moyano de enemigo ni Moyano quiere quedarse sin la torta. Entonces, todos en paz, todos amigos de los amigos y lo que era un paro y acto en repudio al gobierno resultó una fiesta y una celebración de la democracia.
Es nuestra primavera, nuestro tiempo de tibiezas, de tonos pasteles. Es nuestro tiempo de una democracia ficticia y una oposición oficialista. De puro cuento.
Hoy somos lo que merecemos: nada. Vaciamos las instituciones. Durante décadas no nos alcanzó con que cualquier ladrón, corrupto, narco, asesino o lo que fuera, no solo caminara libre por las calles sino que además los votamos. Les dimos el poder. Y los dejamos ahí, sentados y felices con sus negocios.
¿Y aquello de "que se vayan todos"? ¿Cuándo decidimos que habría excepciones? ¿Quién decidió que los corruptos que negociaron con la dictadura para secuestrar y asesinar a los compañeros que no negociaban, que se robaron todo loq ue iban dejando los desaparecidos y que se acomodaron en el pdoer por el uso de técnicas mafiosas se quedaran y fueran gobierno?
¿Quién decidió que teníamos que ser este país de mierda?

Nadie va a levantar la mano, ya lo sé. Si al menos se hubieran quedado con una parte de la torta, quizás si, pero la vergüenza de haber vendido un país sin quedarse ni un pedacito en el reparto debe ser grande.

Pronóstico reservado para el futuro. Lo más que podemos esperar es algo más de tibieza, de discursos sin contenido, de amigos que se acercan y se distancian según convenga, de funcionarios que van a seguir haciendo su veranito sin una mínima mueca de justicia. Y no, si esperabas que este "distanciamiento" entre el gobierno y la CGT fuera el punto de partida de algo...poné el agua y lloremos juntos. Entre peronistas no se van a pisar la manguera. Tenía razón el General cuando dijo aquello de "para un peronista..."

Si todavía queda algún inocente esperando que alguien diga BASTA de una buena vez a este gobierno criminal y corrupto sostenido por medios mafiosos solo le diré esto:
¿Oposición? No, gracias, recién tiramos una.

Hoy, más que nunca, querido Miguel, necesitamos huevos. En la Argentina hacen falta huevos. Desde hace más de 30 años...

http://www.youtube.com/watch?v=uuYCftRnzAo


junio 13, 2012

Premio Liebster Blog

Gracias a Hetai Terei, autora de
http://estonoesyugoslavia.wordpress.com  
Cuando uno escribe intenta decir algo. Algo que no es simplemente una noticia, un comentario superficial sobre algo que ha ocurrido en ese mal llamado "mundo real". El escritor, se dice, tiene el don de contar la realidad de una forma mágica. No creo, en lo personal, en cuestiones mágicas. Atribuir el nacimiento de la literatura a cuestiones mágicas, más allá del esfuerzo humano es insistir en la degradación constante de nuestro trabajo. Porque escribir es, aunque muchos sigan pretendiendo que no, un trabajo.
Hace poco leí un texto donde se definía al escritor como aquel que se dedica profesionalmente a la escritura. Me dio mucha tristeza y vergüenza esa definición, ese insulto. Si por esas palabras nos guiamos, entonces cualquier empleado en un periódico es escritor, mientras que los que hacemos literatura somos desempleados con un hobby.
Ser escritor es crear literatura. Se gane o no con ello. Lo que nos define son nuestros versos, nuestra literatura. Diferente es discutir la calidad de cada uno. Pero eso no nos define. Si hay abogados malos, médicos malos...también tenemos derecho los escritores a ser escritores malos. Pero escritores. Que no vendamos millones de ejemplares, que nos lean cien, o mil, personas y no millones por todo el planeta no nos hace ni más ni mejores escritores.
Cada escritor desde su blog de 50 o 100 seguidores es tan escritor como Borges, Tolstoi, Kafka, por nombrar algunos de los que más me gustan. Vender, o ser famoso, nunca significa ser un escritor de calidad. La prueba está en las librerías. Y en los blogs que a veces encontramos.
Tampoco los premios nos  miden. Solo nos dicen que tan acertado va uno escribiendo lo que los demás quieren leer o no. Borges nunca recibió el Nobel, Cortazar tampoco. Otros sí y quizás entre los últimos 20 ganadores no logren reunir más méritos literarios que el autor de Ficciones en uno solo de sus cuentos.
Pero sí hay formas de saber que uno va por buen camino: el reconocimiento de los propios pares. Esta semana, mi colega Hetai Terei ( http://estonoesyugoslavia.wordpress.com ) me ha otorgado el Premio Liebster Blog.
¿Qué son los premios Liebster Blog? Un halago de parte de gente que escribe y lee. Una forma de promocionar y reconocer blogs de autores poco conocidos que trabajan lo mismo que cualquiera de los autores famosos que encuentras en una librería. Cada autor que lo recibe debe otorgarlo, a la vez, a cinco autores en reconocimiento por su quijotesco trabajo, recomendarlos, y obviamente, notificarlos (generalmente por medio de algún comentario en sus blogs).
Sólo debe cumplir unas simples normas:
1. Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
2. Premiar a sus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
3. Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.
Primero, el agradecimiento a Hetai Terei por el mimo tan gratificante. 
Ahora sí, los autores a quienes será un honor recomendar y distinguir con este premio otorgado por pares, sanamente y sin intereses ajenos a nuestro verdadero esfuerzo.

Uno de mis autores predilectos en la red, el blog de Antonio González Sanchez, http://ahoravasylocuentas.wordpress.com/ .  Cuentos, micro relatos. Practicante de varios géneros, aunque mi preferido siga siendo el género fantástico, ejerce con destreza cualquier ejercicio o desafío literario que se le ponga delante. Repito: uno de mis preferidos.
El segundo, http://elbodegon.blogspot.com.ar/   de Frank Hilzerman, textos poéticos y pequeñas prosas,   en un lengüaje moderno, rápido, sencillo, pero muy eficaz. Junto con el anterior, mis dos blogs preferidos de la red.
Un tercero (el orden es solo aleatorio), http://loquesobrademimente.blogspot.com.ar , de Ivana Espina. Inteligencia y sabiduría (que no son la misma cosa) mezclados con poesía, en un tono suave, a veces triste, pero de un nivel para aprender.
Algo un poco más variado en http://paracuandolotenes.blogspot.com.ar, de Alejandro Turner. Política, teatro, opiniones, siempre con la inteligencia y la pluma prolija de este amigo. Un blog que siempre hay que tener cerca, para disfrutar y pensar. Que la literatura no sea solamente un ejercicio estético, que hay un mundo fuera de cada escritor y es necesario entenderlo.
Lo primero que leí de Micaela Godoy fueron unos versos que me envió un día para satisfacer mi curiosidad. La sorpresa fue más que grata. Una escritora de 17 años con el talento necesario para ganarse un lugar entre los cinco que he elegido hoy. La leen en http://lugarquetraerecuerdos.blogspot.com.ar, y espero que pasen.


Quedarán otros para una próxima oportunidad. Espero entiendan que tener que elegir tan solo cinco es más doloroso que gratificante.
Gracias, escribir es un sueño que se hace realidad cuando alguien nos está leyendo.












junio 04, 2012

Sirvió la mesa para dos, como todas las noches. Dos platos, dos juegos de cubiertos, dos servilletas. Una botella de vino tinto, dos copas. Llenó los dos platos de sopa, recordó que había olvidado el salero, lo buscó y lo acomodó en un punto equidistante a los dos platos, como un gesto de cortesía.
Cenó solo, como todas la noches.

junio 01, 2012


Cuando hablan de un aumento de toma de conciencia siempre me suena un poco a un aumento de la hipocresía general que nos rodea. Protestamos contra las invasiones yanquis en Medio Oriente, pero no andamos en bicicleta para fundir a las petroleras; nos quejamos de las leyes represivas contra la libertad en la web, pero compramos el último CD de Arjona o el último libro de Galeano a lo que nos digan que vale; gritamos porque las grandes empresas hacen lobby político y deciden nuestro futuro, pero no dejamos de comer en McDonalds ni de correr tras las ofertas inservibles de los grandes hipermercados. Pagamos 50 lo que cuesta 10 solo porque la etiqueta es otra y luego, "que difícil está todo" repetimos por todos lados. Claro que está difícil, porque seguimos siendo los que habitamos este mundo podrido y miserable donde un tipo que juega bien a la pelota gana lo que costaría descubrir la cura contra el cáncer,  una puta en televisión gana lo que les daría de comer a 10 familias. ¿Pero dejamos de ver al Barcelona? ¿Dejamos de ver esa televisión mediocre? No, ni de casualidad. El culo de cualquiera en la televisión nos relaja, nos desenchufa decimos...y repetimos a coro "qué difícil está todo". Pero seguimos con el mismo mensaje inútil que nos venden los que nos manejan: necesitamos un cambio de conciencia.
No, de conciencia no, de acción tiene que ser el cambio. Estoy harto de militantes con blackberry, comunistas con Nike, revolucionarios de camisa y corbata corriendo de banco en banco.
Al final, siempre tomamos conciencia, de todo lo grave que ocurre, de todas las injusticias en el mundo, salvamos vidas compartiendo fotos en facebook, derrocamos dictaduras con un hashtag en twitter...y volvemos felices a nuestra casa a ver todas esas celebridades y políticos que nos dicen que hay que tomar conciencia o que estamos haciendo las cosas bien o que el país creció un puto tanto por ciento.
Y nunca vemos el crecimiento, la mejoría, ni el cambio en la conciencia. Porque es mentira que exista ese cambio, solo hablamos de cambiar, pero en ningún lado se ve que algo haya cambiado: los mismos gobiernos de los que nos quejamos, la misma corrupción por todos lados, la misma tragedia humana por todos lados. Jóvenes de todo el mundo salen a las calles y se quejan...¿de qué? ¿rechazarían el poder si los alcanzara? ¿Seguirán siendo buscadores de la libertad cuando quieran encerrarlos en una ideología o en un cargo político? ¿Rechazarán los sueldos oficiales contra los que protestan cuando se los ofrezcan a ellos? España explota y sale a la calle, y confirma luego a sus poderosos; México sale a luchar contra la corrupción, pero tampoco se renueva; Argentina grita a los cuatro vientos los crímenes de un gobierno que sigue siendo reelegido...y ya no hay excusas.
Queremos que el otro cambie, esperamos que los demás cambien. "Si los demás cambiaran" decimos todos, Y cada uno es el "demás" del otro y los "demás" de nadie cambian jamás porque somos nosotros esos "demás" y nunca cambiamos. Queremos un mundo donde la política sea transparente, ajena a los intereses económicos que la manejan, pero seguimos alimentando a los monstruos que manipulan la verdad, la información, y forjan las cadenas que arrastramos. Damos de comer a cada multinacional que decide el destino de todos los pueblos como si no hubiera ya pueblos en el mundo.
Entregamos nuestra libertad en cuotas cuando consumimos lo que ellos nos venden. Nunca he visto al almacenero de mi barrio haciendo lobby, exigiendo una ley contra la libertad o el trabajo. Pero si a las grandes cadenas de almacenes que además explotan a sus empleados quitándoles toda posibilidad de futuro y que cuando se les antoja los echan a la calle sin importarles absolutamente nada para "reducir gastos".
Somos lo que hemos hecho de nuestro mundo. Nunca fue un problema de conciencia sino de acción, de sacrificio, porque ningún cambio es fácil ni instantáneo. no hay soluciones mágicas. No alcanza ya con gritar (y nunca alcanzó ni sirvió). Tenemos que salir a las calles pero no a gritar, sino a vivir libres de tanta publicidad, de tanta mentira. Tenemos que dar de comer a quien trabaja, no a quien vende el trabajo ajeno, a entender de una buena vez que el soberano en nuestro mundo es quien tiene el dinero....o sea, nosotros. A ellos se lo damos nosotros cuando compramos sus mentiras elegantes y siempre de moda.
Alguna vez tenemos que hacernos cargo de nuestra propia responsabilidad sobre este mundo. Si nadie compra lo que venden ellos no gana, si nadie los vota ellos no gobiernan, si nadie los sigue no llegarán nunca a ningún lado. No alcanza con tomar conciencia de lo que está mal, y no sirve de nada mientras seguimos sentados quejándonos sin cambiar nuestras acciones cotidianas.
Vivimos en un basural, comemos mierda, tragamos mierda, digerimos mierda y cagamos mierda...¿no se aburren de tanta mierda?

mayo 31, 2012

La terrible epidemia de mediocridad que azotó al país tenía un foco de infección claro: el Gobierno.
En un acto de heroica resignación la abandonó: ella era demasiado para él.
La vidente, mientras caminaba con la vista puesta en el futuro, no vió aquel auto que doblaba la esquina a toda velocidad, en el presente.

¿Qué has hecho, Monarca, con la Corona sobre tus sienes?
Has golpeado con tu cetro a quién mantiene
tu boca y tu estómago,
tus lujos, tus mujeres, tu castillo,
tus pequeños paraísos inventados.
Tejes y destejes a tu gusto con un poder prestado
contra quienes te lo han confiado.
¿Eres amo y señor de todos tus esclavos?
¿Acaso has olvidado que también ellos son humanos?
¿Qué has hecho, Dictador, con tus poderes?
Más cadenas arrastran el hambre que has creado
y los fantasmas que ha parido tu deshonra.
¿Qué has hecho de todos los discursos pronunciados?
Todo has olvidado y también
que el hombre es libre y las cadenas
más enervan que sujetan.
¿Qué harás, Señor, cuando desnudo vayas
mendigando por las calles
que tan seguro de ti mismo gobernabas?

mayo 10, 2012


Silencio, alma,
que escucha el enemigo.
Silencio,
deja que se duerma.
Déjalo que sueñe
que el silencio es miedo,
déjalo, alma,
que sueñe y se conforme
con soñarse una corona.
Espera que estará
pronto a sus puertas
alguien más:
alistadas todas
las palabras silenciadas
creándole el mismo miedo
que soñó a los ignorados.
Silencio, alma,
que escucha el enemigo
y aún no sabe
que el pueblo no hace amigos
cuando tiene hambre.


Estaba sitiado. Poco y nada le llegaba del exterior. Apenas algún consejo inútil, la visita de algún amigo, la voz de una madre impotente. Había noches en que ni el aire tan necesario le entraba al cuerpo, se ahogaba, se apretaba en posición fetal, a veces llegaba a temblar de frío. Ya no comía, encendía un cigarrillo tras otro sin contarlos.
La extrañaba, demasiado.

mayo 06, 2012


Domingo, 9 de la mañana. Escupo el primer mate del día. Desde la computadora encendida, la voz de una gallega que imagino  de ojos marrones y pelo castaño ─no sé por qué─ me informa, con voz satisfecha, que la base de datos del antivirus se ha actualizado.
Y esos primeros mates, esos de la espumita, van sacando los conejos ─que siempre son recuerdo eterno del buen Julio─ de la garganta. Serrat no hace otra cosa que pensar en ti. Yo, a veces, tampoco. Y esa tos que me entra al despertarme...
Afuera ha llovido, o llueve, todavía no lo decido, y no tengo prisa por hacerlo. El segundo cigarrillo ya no trae el ejército de muertes y pestes de ese primero fumado en la cama antes de despertar siquiera. Pero es otoño y ya empieza a quejarse el pecho a veces de que no lo cuido.
Y entre tu yo la soledad....y un manojillo de escarchas, querido Nano.
Todo se ve distinto un domingo por la mañana. Escribiendo esas primeras líneas, con los primeros mates. El gato aburriéndose a mi lado ya empieza a cabecear medio dormido.
En unos minutos el mundo empezará también a despertar dentro mio y ya no seremos los mismos ni el día, ni yo, ni estas líneas en apariencia inofensivas pero que guardan dentro, como aquel caballo en las puertas de Ilion, ejércitos apostados contra la puta vida que nos pasa por encima.
Relájese, tómese un mate. Para ser los mismos de todos los días, malgastando el tiempo en cosas que no son importantes, tenemos toda la vida.

mayo 01, 2012


Se metió un par de buenos consejos en el culo y la besó, sabiendo que para pagar los errores siempre tendría tiempo.

abril 26, 2012


Y una noche, recostados los dos después del sexo, ella comenzó a fumar sus brazos, disfrutando cada pitada, subiendo, corriendo segura tras esa línea roja que va trepando los cigarrillos. Subió hasta el hombro, siguió hasta el pecho, y cuando llegó al corazón, mordió con fuerza, y la marca perfecta de su dentadura de muñeca mentolada quedó como un tatuaje en el corazón de su hombre.


Lo admiraba. Admiraba esa forma que él tenía de mirarla a través de los ladrillos, de las estructuras sólidas de esa realidad que no requiere argumentos para ser real. Ella lo observaba desde abajo, hacia una altura que le inventaba con sus ojos de muñeca inocente, virginal. Suspiraba al verlo sabiendo que jamás podría volver a vivir sin esa forma infantil de amarlo, sin sentir en su hombre ese amor indiferente pero sincero del hombre maduro que ama de la misma forma en que recuerda al perrito que se murió en la infancia.


I
El hombre pronunció el conjuro. Una extraña espesura invadió el aire y de la nada, de la espesa nada, ella apareció, perfecta, y ya amada desde antes de ser.


II
Deberías verla, tan hermosa, siempre tan radiante y alegre; una espesura de luces en un cuarto oscuro. Nunca creí que un día llegaría a besarla y sin embargo...ya ves, los milagros suceden.


III
En la penumbra del cuarto, el hombre bailaba y contaba "undostres...undostres" mientras giraba abrazando el aire entre las cuatro paredes acolchadas.


Allí, tendido en la arcillosa tierra desde hacía un par de días, el hombre se aliviaba la soledad con su nueva mascota, y le conversaba. Después de algún tiempo (horas, días, no podía estar seguro) el hombre le había puesto un nombre y el animal, parecía, respondía a veces a él. Así pasaron algún tiempo más; el hombre ya sintiendo la rigidez de la quietud conversando con el desinteresado animal mientras el obscuro pájaro continuaba picoteando la carne seca de quien ahora lo llamaba por un nombre.

abril 09, 2012

Fantasía menor en blanco y negro.


La ciudad estaba muerta. Pero aún así ni un fantasma con quien tomarse una copa podía encontrar uno en las calles. Una mujer que cruzaba la calle saltando entre los charcos me distrajo. Se parecía tanto a ella que no pude dejar de observarla hasta que al fin la tragó la noche. Me volví, me metí en el primer café que encontré. Una linda muchacha trabajaba de mesera y me trajo de vuelta su recuerdo, y la carta. Estudié durante unos cinco minutos la lista de cafés que se repetían en casi todo salvo en nombre y precio. Pedí uno negro, amargo. Encendí un cigarrillo y me dejé llevar por la ventana que dibujaba una calle, una noche, una lluvia, una ausencia.
Me propuse un monólogo interno sobre algún partido de fútbol, o quizás un libro. Enseguida me venció su recuerdo.
La ciudad estaba muerta. Y el único fantasma con quien tomar un trago tenía el nombre de una mujer.

febrero 07, 2012

Si una novela no cambia al mundo en el que fue escrita no ha sido escrita jamás.

febrero 01, 2012

Buscando a...


Se pasó todo el día fumando en el balcón, esperando que ella pasara por debajo, sin ningún resultado. O al menos no el resultado que esperaba.
Descubrió, mirando para abajo, a toda esa gente que iba y venía por las aceras sin detenerse, corriendo apurados vaya a saber uno por qué o para llegar dónde.
Descubrió también, mirando derecho y hacia arriba, que no era el único que fumaba en el balcón esperando que un amor de verano les regalara una mirada desde allí abajo.
Y así tuvo la idea. Contratar hombres delgados, altos. Vestirlos de jean azul, con suéter a rayas rojas y blancas horizontales. La anciana del departamento vecino tejió los gorros de lana.
Cuando estuvo todo listo les dio la misión para la que los había contratado: debían caminar entre la muchedumbre, pasear por un lado y por otro discretamente, sin hacerse notar más que lo necesario para dejarse encontrar de vez en cuando.
La mujer que esperaba no volvió a pasar por debajo del balcón. Seguramente, las que esperaban todos los demás tampoco. Pero ahora, esperar un amor fumando en el balcón era un juego: cada tanto, alguno se sonreía y se felicitaba a si mismo por haber encontrado, entre toda esa muchedumbre de gente, al Wally de su calle.


enero 28, 2012

Excusa


Uno aprende un día que es posible sentir algo así como desprecio por todas las cosas que lo rodean, simplemente, porque no te conocen.
Las ventanas, los muebles, las esquinas del barrio, nunca te han visto y no sabe de vos ni te piensan.
La única solución es invitarte, un día, una tarde, a que te conozcan. A que pases por la calle, quizás hasta invitarte a que entres, que adquieras la bella costumbre de rodearte por todas esas cosas y te conozcan.
Sé que suena bobo, a una excusa tonta para decirte que vengas a verme, pero es la única forma que tengo de poder sobrevivir a la rutina sin que me consuma el odio de sentir tu ausencia en todas las cosas.

enero 20, 2012

¿Vamos a cambiar el mundo de una vez? A empezar a cambiarlo, quiero decir. La verdad es que estoy un poco cansado de cada dos meses estar quejándome otra vez de algún capricho de los que tienen el poder. Estoy cansado de hablar y hablar de lo mal que está todo. Tengo ganas de hacer algo, pero soy uno solo, un individuo más entre los miles de millones que se quejan en todo el mundo. Igual que vos. Pero hay una solución y, si sigues leyendo, verás que no estoy mintiendo.
Cuando protestamos contra la Ley SOPA empezamos todos a pensar lo mismo: ¿Hasta cuándo tendremos que soportar a estos tipos? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir soportando estos abusos? Hay una respuesta muy simple: hasta que todos digamos basta.
Hasta ahora, toda lucha contra esta decisión totalmente antidemocrática y contraria al sentir de casi todos los ciudadanos se ha reducido a unos cuantos sitios de Internet apagados durante algunas horas. Los demás, nosotros,  solo nos quejamos de palabra, sin hacer nada para que esto cambie.
Estas Leyes no son un invento de una mente maquiavélica y caprichosa que se despertó con ganas de fastidiarnos un poco. Son el resultado de la presión que las empresas ejercen sobre los gobiernos. 
Todos sabemos que el gobierno de los Estados Unidos responde no a los ciudadanos que los votan sino a las empresas que los mantienen. Tampoco es sorpresa que ellos, los que tienen la obligación de velar por el derecho a la Educación y la Cultura de quienes los eligieron, aprueben leyes que atenten contra este derecho constitucional en pos de los dividendos de esas empresas. 
Lo cierto es que ya nadie nos representa. TODOS los gobiernos responden a los intereses privados de unos pocos.  
A pedido de Universal Music Group, el FBI comenzó la cacería de brujas. Y no esperen algo nuevo: la Inquisición ha vuelto, esta vez, con Mulder y Scully repartiéndose el papel de Torquemada. 
Pero el problema es mucho más grave. En las acusaciones formales entran también sitios de otros países. ¿Serán nuestros gobiernos capaces de frenar esta violación a nuestros derechos constitucionales y capaces de garantizarnos nuestra libertad y nuestra soberanía? No, claro que no, nuestros gobiernos responden también al tirano del norte. Lo que ellos digan, será Ley, no solo dentro del territorio norteamericano. 
Tu capricho, Tío Sam, es Ley. Y esta Ley es una violación a la soberanía de cada nación del mundo. Una Ley proclamada en los Estados Unidos de Norteamérica regirá la suerte cultural de TODOS los países del mundo. 
¿Querés saber cómo se termina con esta situación de una vez por todas? Fácil, muy fácil. Atacando el problema desde sus mismas raíces.
El poder, aquel que alguna vez provenía de Dios para depositarse en los reyes, hoy proviene del dinero y decide el destino de nuestros gobiernos. La verdadera soberanía de cada pueblo (si es que aún quedan naciones libres) proviene, únicamente, del dinero. Quien tiene el dinero, tiene el poder. Esto significa que solo quien tenga el dinero podrá tomar las decisiones. 
Ahora bien, ¿quién es el que tiene el dinero? ¿Quién es el "soberano"? NOSOTROS.
Estas grandes empresas alimentan al poder y le imponen el juego que más les conviene. Pero, ¿quién alimenta a estas grandes empresas? De nuevo, NOSOTROS. El poder de la soberanía, ahora proveniente del dinero, sigue estando en el pueblo, en los individuos. 
Hemos sido siempre nosotros, cada uno de nosotros, quien ha estado alimentando a estos monstruos de la cultura durante décadas. No existe un solo sello discográfico, ni una editorial, ni una productora de cine que viva de sus propios empleados comprando sus propios productos. Somos nosotros quienes les damos el dinero. 
Aseguré antes tener la solución a estos abusos. La solución es que seamos nosotros quienes empecemos desde hoy mismo a imponer nuestras condiciones. Una revolución, pacífica pero eficaz que se alimente de nuestra propia indignación. 
Solo hay que preguntarse ¿por qué empresas de la talla de Universal Music Group necesita esta Ley? Porque tienen miedo, porque saben que dependen de nosotros, de cada uno de nosotros. Si dejamos de comprar sus productos estas empresas desaparecen.  
¿Qué pasaría si TODOS decidimos no volver a darles nuestro dinero a ellos? No habría más leyes SOPA nunca más.
Antes que dejes de leer desilucionado ante una solución tan obvia quiero destacar algo: ellos cuentan con que no podemos ponernos de acuerdo, o que si lo hacemos, esto duraría unos cuantos días y luego todo al olvido. La verdad es que si nos ponemos de acuerdo, de verdad, con la firme decisión de cumplir este pacto, podemos exigir la anulación de la Ley.
Podemos imponer nuestras condiciones: no volver a comprarles, a darles nuestro dinero hasta que no exigan la anulación definitiva de la Ley SOPA. 
Universal sangró solamente con las descargas de Megaupload...¿cuánto daño podría causarle un acuerdo en todo el mundo de NO comprar más sus productos? Sin duda que mucho.
Tenemos arte por doquier. La red está plagada de escritores que vale la pena leer. Que cada uno busque hasta encontrar alguno que le guste y, en vez de pagar un libro que siga alimentando a estas bestias, manden un cheque al autor de ese blog. Hay millones.
Hay millones de grupos musicales y cantantes difundiendo su obra en bares y canales de YouTube. En vez de pagar un CD o un DVD, manden un cheque a esos músicos. Asistan a los conciertos y compren los CDs que ellos mismos, y con mucho esfuerzo, han editado.
Hay miles de productoras de cine independiente, editoriales pequeñas que buscan promover nuevos autores sin imponer condiciones, pequeños estudios capaces de editar CDs de música ansiosos de vender copias de grupos desconocidos. Paguemos arte. Demos nuestro dinero a los artistas que se editan y se venden en bares, por la web, por su propio esfuerzo. No engordemos más al monstruo hasta que acepte nuestras condiciones.  
Los autores no busquemos intermediarios. Trabajemos con ganas y de a poco, juntando moneda por moneda hasta poder pagar una edición propia y venderla. Con humildad, y con la tranquilidad de saber que estamos haciendo nuestro trabajo sin que nadie nos robe, y que estamos sembrando un futuro que hoy parece utópico. Hoy no es necesario un intermediario para vender un libro o un CD a mil o diez mil kilómetros de donde vivimos. Tenemos la red, no los necesitamos.
Los consumidores, no compremos más algo que tenga el sello de estos grandes monstruos. Si dejamos de comprar, dejan de vender. Así de simple. 


Yo soy nadie. Un don nadie, como suele decirse. Igual que vos y que cada persona que anda caminando por la calle indignada con los incesantes abusos de un poder cada vez más corrupto y criminal. Hasta hace poco, todo el mundo se llenó de indignados en las calles y no cambió nada. Porque seguimos creyendo que con tuitear un "NO a la Ley SOPA"  vamos a lograr algo. Porque seguimos esperando que nos escuchen esos mismos que convirtieron a la democracia en un instrumento para dominarnos. 
No quieren escucharnos. No necesitan escucharnos porque siguen diciendo, y nosotros creyendo, que el poder es de ellos y de unos pocos que toman las decisiones. El poder es del que tiene el dinero. Y el dinero lo tenemos nosotros. Lo tuvimos siempre nosotros, pero se lo dimos a empresas que lo querían para imponernos leyes antidemocráticas.


SOMOS LOS SOBERANOS Y TENEMOS EL DEBER DE EJERCER NUESTRA SOBERANÍA.
Exigimos:
1- la anulación de ésta y todas las leyes que violen nuestro derecho a la cultura;
2- la penalización y condena legal a las empresas que practican la usura y el robo quedándose con lo que pertence a los artistas;
3- la anulación de las leyes de derechos de autor vigentes que son, en realidad, leyes de derechos del intermediario;
4-la elaboración de nuevas leyes que protegan verdaderamente los derechos del autor y condene a todo aquel que pretenda, bajo el rótulo de intermediario, apropiarse de las obras y decidir cuánto debemos pagar por ellas;
5-que toda obra musical o intelectual de autor fallecido sea declarada patrimonio cultural de la humanidad y pueda ser distribuida libremente, siempre que se haga sin fines de lucro, y que el pago de derechos recaiga, solamente, sobre aquellos que obtengan ganancias con las obras. 


Estoy seguro que podemos terminar con esto. Si TODOS nos ponemos firmes y declaramos públicamente que no volveremos a comprar los productos de las grandes empresas monstruos, hasta que ellas mismas se retracten y acepten nuestras condiciones. 


No es una utopía si todos nos ponemos de acuerdo. Somos millones los artistas en el mundo esperando que la cultura sea de todos. No queremos, ni tenemos por qué, seguir soportando este abuso de los intermediarios. El arte es nuestro. De todos. El dinero lo tenemos cada uno de nosotros y somos soberanos: nosotros vamos a decidir el final de esta lucha. Solo necesitamos una cosa: ponernos de acuerdo y anunciarles a los inquisidores que el arte es y será siempre de los artistas y del público.
¡Tenemos que dejar de darles dinero hasta que anulen la Ley o desaparezcan para siempre!


NO A LA LEY SOPA NI A LA VIOLACIÓN DE NUESTROS DERECHOS Y NUESTRA SOBERANIA.

enero 17, 2012

Huelga de poetas (Carta abierta)

Hoy quiero escribir la historia de un hombre real, como usted. La historia de un hombre que trabaja sin que nadie le pague. De un hombre sin derechos, al que le han robado la dignidad de su trabajo.
Nuestro hombre es un escritor: poeta, cuenta cuentos, pensador, llámelo como usted quiera, él ya está acostumbrado.
Cada mañana se despierta con unas cuantas ideas que escribir y una sola pregunta: "¿para qué?". Y, sin tener una respuesta, se reacomoda en la cama y sigue durmiendo, tratando de despertar en otro mundo, en otra realidad, en otro cuerpo y, sobre todo, en otra vocación.
Nuestro hombre sueña con ser empleado en una oficina del gobierno, portero, barredor, mendigo en la puerta de la Iglesia, lo que sea que se pague.
Nuestro hombre todavía no entiende qué trabajos son los que dignifican. Solo sabe, porque se lo repiten constantemente, que el suyo no. Ha estado más de diez años trabajando para otros mientras un nefasto acuerdo social intentaba mentirle que trabajaba para él. En varios países es hasta tema de dramáticos informes en la televisión que un abogado maneje un taxi, que un médico tenga que dar clases de biología en una escuela, o que un ingeniero reparta pizzas. Pero nunca escuché a nadie gritar horrorizado "¡Qué barbaridad! Un poeta atendiendo un almacén!". El poeta, el escritor, no merece el espanto y la indignación ajena.
Nadie se espanta porque un poeta esté vendiendo caramelos. Pero pobre de él si intentara afirmar que escribir (en sentido literario) es un trabajo. A nuestro hombre intentan explicarle en vano que escribir NO es un trabajo. Que el trabajo de un escritor es ser profesor de Literatura, redactor en un diario, corrector en algún lado, o periodista.
Nuestro hombre asiste a todos los cumpleaños y reuniones familiares solo para que alguien pueda echarle en cara el último ascenso de la hija del tío del primo de un hermano del vecino que pasó de barrer el piso en una oficina a limpiar las ventanas. Asiste cada 31 de diciembre a la tradicional cena de año nuevo solo para que toda la familia esté pensando "Quizás este año consiga un trabajo" (y nunca falte quien tenga la cuenta bancaria lo suficientemente inflada como para sentirse en el derecho a decirlo).
Nuestro escritor no tiene vida, no tiene futuro, no tiene seguro médico. Conclusión, no tiene trabajo. Está todo el día sentado frente a una computadora sin hacer nada.
¿Por qué ocurre esto? No sé, tengo más preguntas, querido lector, que respuestas.
El escritor debe ser cualquier cosa menos escritor: profesor en algún colegio, periodista, redactor en alguna empresa o diseñar el slogan que venda una cortadora de césped. El escritor no puede ser escritor.
El trabajo de escritor no existe. Escribir literatura no es un trabajo.
Escribir poesía es tan poco digno que hasta debo dejar de hacerlo para responder un mail de una revista, de un diario, o de un lo que sea que vaya a ganar dinero con lo que yo escribo, para decir, con el pecho inflado de orgullo y felicidad: "si, claro, publiquen mi poema/cuento, es un honor". Y dos horas después estar mirando el último cigarrillo pensado que quizá no vuelva a fumar uno hasta que algún amigo venga de visita.
La excusa más repetida es que la revista no se vende, que se distribuye gratuitamente, que es on line, que apenas se mantiene. Yo ni a mantenerme llego y vos adornás mi poema con publicidades que cobrás sin la más mínima vergüenza.
¿Y si yo no autorizo a publicarme sin pagar por mi trabajo? La respuesta es clara: no me publican. Porque mi trabajo no vale. Los dos meses que estuve trabajando un cuento no valen en dinero absolutamente nada. Porque escribir no es trabajo. Editar es un trabajo, vender publicidad es un trabajo. Escribir lo que ellos venden (directa o indirectamente, porque cobrar por publicidades también es vender lo que uno escribió) no es trabajo.
De las editoriales, mejor no hablar. Algún día, la humanidad tendrá que entender que todo lo que está mal en el mundo es consecuencia directa de poner precio a las letras. La Revolución Francesa hubiera muerto en el sueño de un puñado de borrachos gritando en una taberna de no ser por la imprenta, por el libro, porque aquel sueño de Igualdad, Libertad y Fraternidad llegó a todos los rincones del planeta en unos cuantos libros impresos. Claro, cuando todavía se imprimían ideas. Ahora, Coelho deja más ganancia. Y ni el más mínimo riesgo de una idea que amenace con una sublevación de desnutridos en toda África.
Pero ya estoy desvariando. Disculpen esta pasión desperdiciada en defender un pasatiempos (creo que así es como quieren que lo llame).
El tema es que la historia de hoy no es de un hombre solo, único y especial (que ya habrán adivinado de quién se trata). Mi historia es la de miles de hombres y mujeres que por todo el mundo vamos dejando un verso, un cuento, o algo, por pequeño que sea, que escribimos y que usted lee.
Tómese un día el trabajo de buscar en internet cuántos somos los que estamos aquí ofreciéndole algo mejor que esos programas de televisión basura; algo más digno, más serio que esos libros que intentan imponerle desde una oficina de contabilidades mezquinas que responden a los más nefastos intereses de unos pocos.
Tómese el trabajo de preguntarse seriamente por qué nuestro trabajo no vale lo mismo que el suyo.

¿Qué pasaría si un día decidiéramos, todos juntos, declararnos en una huelga poética? Absolutamente nada. Por dos razones muy simples. Primero, hay infinidad de cosas para leer y si un día todos los que escribimos dejáramos de hacerlos, quizá usted tendría tiempo de leer todo eso que no ha podido leer hasta ahora.
Pero la segunda razón, la más importante, es porque seguiríamos escribiendo porque amamos lo que hacemos.  No podemos dejar de escribir como usted no puede dejar de ser usted. Somos escritores, no otra cosa. Ni profesores, ni camareros, ni ninguna otra cosa. Somos escritores. Nuestro trabajo es este. Nuestra vida es esta y usted no puede ni imaginar la literatura maravillosa que podríamos crear para usted si tuviéramos la oportunidad de hacerlo, si no tuviéramos que conformarnos con escribir los fines de semana o los ratos que nos deja nuestro trabajo de verdad.
Yo he tenido la suerte maravillosa de quedarme sin trabajo. Si, de ser uno de esos millones de desempleados de los que tanto se habla en los medios. De ser uno de esos seres sin futuro, pero más que nada sin presente. Y digo suerte porque en estos meses he podido darme el lujo de despertarme temprano a trabajar de escritor. Pero nada dura para siempre. Es cuestión de tiempo que estos meses pasen a ser un buen recuerdo.
En España y en todo el mundo se habla de "los indignados", los que se cansaron de no ser. Yo estoy harto, querido lector y compañero, de no ser. Harto de levantarme cada mañana y preguntarme "¿para qué?". Harto de tener una respuesta, y que sea siempre la misma. Harto de tanta literatura, de tanto sueño, de tanta fe, de tanta historia de mentira, harto de seguir esperando el milagro.
El mundo es esto porque nosotros lo hicimos así. Es imposible que unos cuantos señores decidan el futuro de seis mil millones de personas. Esta realidad la cagamos nosotros. Y hasta que no dejemos de comprar mentiras y bolsas de basura no dejarán de venderla.
Hoy, cuando me desperté, con la misma respuesta de siempre, estuve a punto de quedarme en la cama esperando despertar en un pibe que sirva café en una oficina por el sueldo mínimo. Algo me dijo que eso no pasaría y decidí levantarme y escribir, pero cambiando un poco el estilo. Contar una historia que no fuera un cuento. Contar la historia de miles de escritores que NO somos profesores, ni taxistas, ni empleados en el almacén de un pariente lejano que tuvo éxito mientras nosotros perdíamos el tiempo escribiendo poemas.
Porque ni eso es tener éxito ni esto es ser un fracasado. Mi éxito es que usted esté leyendo esto, que haya leído mis poemas y mis cuentos y haya encontrado en ellos alguna virtud, algún sentimiento, alguna idea. Porque soy escritor y punto.
Le pido disculpas si esperaba otra cosa, algún poema de esos de medio pelo que suelo escribir o un cuento tonto sobre muertos que vuelven de la muerte porque extrañaban a un amor...hoy no tengo ganas. Hoy me desperté aplastado por un "¿para qué?" con la misma respuesta de siempre: para nada, para que me sigan diciendo que me busque un trabajo mientras mis poemas y mis cuentos siguen paseando por revistas de todo latinoamérica y España. Para que me sigan acusando de ser un fracasado mientras los imbéciles piden el Nobel para Coelho y las editoriales guardan ese silencio asesino que ya les queda como pintado, mientras la gente sigue quejándose y repitiendo "es así, no podemos hacer nada".
Hoy me levanté más harto que nunca.
Perdón por el hartazgo.

enero 03, 2012

Como pudo se levantó. Levantó lo que quedaba de él. Con mucho trabajo llegó hasta la puerta de su casa y por primera vez se preguntó si aquella había sido una buena idea. "Ya ha pasado algún tiempo", pensó, "es posible que tenga a otro hombre a su lado". Pero estaba decidido a recuperarla. Suspiró fuerte, o fingió hacerlo, para darse valor y golpeó la puerta.
Abrió ella misma, lo que fue un alivio para él. Estaba más hermosa aún de lo que él la recordaba. Durante unos segundos los dos se miraron sin hablar. Él la admiraba con todo su amor más vivo que antes. Ella lo veía horrorizada. Allí, delante de su puerta, un esqueleto incompleto, agusanado, apenas cubierto con unos jirones de las ropas con las que lo habían enterrado, la miraba fascinado y visiblemente nervioso a través de las cuencas vacías de los ojos.
Ella necesitó varios minutos antes de, finalmente, reconocerlo.
Él iba a decirle que la extrañaba demasiado cuando se escuchó la voz de un hombre que preguntaba desde el interior de la casa:
─¿Quién es, amor?

enero 02, 2012

"Fui feliz. Tuve el amor de una familia que me cuidó siempre y me contuvo. Tuve el amor de todas las mujeres que quise y amé, cada una en su momento y por el tiempo preciso, sin discusiones, ni despedidas violentas. No guardo rencores ni supe nunca lo que es el odio. No conocí la pobreza y todo lo que necesité o quise lo tuve. Todo lo que emprendí resultó mejor de lo esperado. Tampoco sufrí de enfermedades, ni molestias físicas.
Todo en mi vida fue soñado, perfecto. Solo una cosa hubiera empeñado esta vida perfecta: una vida plena exigía una muerte igualmente plena. No puedo morir anciano y que todos piensen, satisfechos, que he vivido todo lo que tenía que vivir. Es necesario un dolor sin atenuantes para una vida que no los tuvo en las dichas.
Ahora, mientras escribo estas líneas y pienso en el desfile de personas lamentando mi temprana muerte y mi vida truncada en todo su potencial, soy feliz."
La carta se encontró prolijamente ubicada junto al cadáver del hombre que se había suicidado.  

diciembre 27, 2011

Comedia de los tres amigos.

Compartían la mesa tres amigos. Llamaremos A al protagonista, B y C a sus dos amigos.
El tema de conversación era la novia de A.
Dijo B:
─Ella no me agrada. Carece de cualquier encanto físico y tiene menos de inteligencia que de esa cosa que llaman "personalidad". Marturbarse ha de ser más placentero que estar con ella.
Ciertamente, comentario tan ofensivo hirió el orgullo de A. Sin embargo, esperó la opinión de su otro amigo. Entonces dijo C en tono conciliatorio:
─Estoy seguro que ella tiene los encantos necesarios. También que cualquiera podría encontrar placeres que compartir con ella. Si no fuera la novia de mi amigo, bien podría pedirle que fuera la mía.
Luego de aquella noche, los tres amigos no vuelven a juntarse. Apenas a dos se reduce el grupo y nunca más A quiso estar cerca de C.

diciembre 24, 2011

Un buen perdedor



─No, boludo, ¿cómo le vas a decir eso?, ¿no ves que si se lo decís te va a tener atado como a un perro?...Haceme caso, callate que en unos meses vas a estar esperando que llegue el jueves para escaparte de tu casa...
Cuando el negro Brescia me dijo eso lo pensé de otra manera. Con Laura recién hacía unos pocos meses que nos habíamos casado y él llevaba ya más de diez años de matrimonio.
Pero la verdad es que me sentía mal por abandonarla así, todos los jueves, para reunirme con los muchachos. Mientras estábamos de novio era diferente. Casi nunca nos veíamos de noche porque ella prefería descansar bien cuando debía levantarse para ir al trabajo. Pero ahora, dejarla sola en casa para compartir un juego de cartas con los amigos me generaba una sensación de abandono, y la culpa me traía mal.
Al jueves siguiente nos tocaba en el departamento del flaco Lorenzini, un tipo descuidado que desde que la mujer lo había dejado andaba parando en hoteles de mala muerte. Conseguido un departamento, volvíamos a incorporarlo a los turnos.
Así que a los pocos días suspiraba resignado mientras golpeaba una puerta que esperaba no se abriera. Eran unos pocos departamentos en fila, de esos a los que les dicen PH, y a los que se entraba por un pasillo largo que iba desde la acera hasta el último departamento. De un lado, una alta medianera húmeda y despintada, del otro, la hilera de cuevas continuas que gente como el flaco Lorenzini llamaba "casa". Se adivinaba, a simple vista, la intención de haber sido construidos más para ser lugares de paso que un hogar.
Al loco Lorenzini no le importaba aquel detalle. "Para bañarme y dormir alcanza", dijo, "además que ves buenas mujeres todo el tiempo. En el del fondo viven tres pibas que se pagan la universidad laburando de putas. Y al de acá al lado lo comparten dos tipos bien, se ve que de mucha plata, que se turnan para traerse alguna amante. Seguro que hoy aparece alguno y nos divertimos un rato con los ruidos" terminó.
Para cerca de las nueve estábamos todos. El vino abierto desde hacía un rato, las cajas de las pizzas abiertas sobre la mesa y la charla fluida ayudaban un poco pero no dejaba de pensar en Laura, sola en la casa que compramos para estar juntos.
Cerca de las once la conversación había empezado a decaer pero la puerta del departamento contiguo reanimó la tertulia. Uno de los ricachones había llegado con la "cena de trabajo" de turno.
Aunque para nosotros solo fueran murmullos, ruidos ininteligibles, Lorenzini ya les conocía las voces.
─Este me cae simpático. Viene siempre con la misma mina. Un pobre boba a la que seguro le prometió divorciarse y todavía la tiene en veremos. No la vi nunca, pero parece una piba joven. A veces viene a la tarde o a la mañana, de noche nunca la había escuchado.
Para cuando terminamos de juntar la mesa y empezaron a circular las cartas ya los vecinos habían pasado a los hechos.
Cada vez hacen las paredes más delgadas y aquello comenzó a ponerme incómodo. A pesar que las voces llegaban mezcladas, confundidas y no se entendía palabra, era claro el placer de esa mujer que parecía estar haciéndolo en la propia habitación de Lorenzini.
─Che!...¿no me vas a decir que te ponen incómodo los vecinos? ─dijo Rodríguez,
el más viejo de nosotros, y enseguida supe que me hablaba a mí. ─¿Laurita no te hace todo ese show?
─Dejalo, viejo ─ interrumpió Brescia, y me miró con complicidad, como queriéndome hacer saber que tomaba en serio mis preocupaciones con Laura.
Entre risas y juegos la noche pasó como cualquier otra para los demás. Parecía que solo yo notaba aquellos ruidos o que solo a mi me parecían exagerados. Me molestaban, me herían el orgullo. Que a los otros hombres les pareciera algo tan normal aumentaba sin duda mi disgusto.
─Parece que la está matando, che...─bromeó Ibañez, un hombre aficionado a contar los detalles más escabrosos de sus relaciones, y los demás respondieron con risas y más bromas en el mismo estilo.
Las horas continuaron con incómoda monotonía, de ambos lados de la pared, entre bromas, comentarios soeces y los sonidos que llegaban del otro lado. Allí, el amor se sentía cada vez con más fuerza, como si en vez de cansarse, cada vez terminaran de hacerlo con más ganas de volver a empezar.
De a poco los dos ambiente se fueron fundiendo y cada vez eran más las pausas en el juego para comentar el "buen trabajo" que el hombre estaba haciendo del otro lado del muro. Pronto todo era un solo tema de conversación. Cuando Fernán ganó aquel vale cuatro con el ancho de espadas se burló de Pietra, que había confiado excesivamente en el de basto, con todo tipo de comparaciones entre el pobre derrotado y la feliz amante del vecino. Cada vez que alguien ganaba un envido, o una mano, coronaba la victoria con la gastada grosera, inevitablemente relacionada con lo que sucedía entre los amantes.
Cerca de las tres de la mañana todo se calmó y creímos que al fin habían cedido al sueño. Pero en seguida el silencio se rompió con un claro ruido de voces discutiendo.
─Pobre, piba ─dijo Lorenzini, con algo de verdadera lástima─ siempre terminan así. Discuten un rato y después el portazo.
─Todas son iguales ─sentenció Gabriel, el más joven, sobrino todavía adolescente de Brescia
Pero esta vez no hubo portazo. El hombre, que sin duda conocía los puntos débiles de la mujer, llevó la discusión de nuevo a la cama y otra vez comenzó aquel infierno de ruidos, pero esta vez peor, mayor, con toda la fuerza de una reconciliación.
Fue una noche larga. En ningún momento pude sacarme de la cabeza a Laura, allá sola en casa. Varias veces quise estar con ella, o ser nosotros dos los que estuviéramos del otro lado. Pero lo cierto es que con ella nunca había sido así.
Todo era perfecto con Laura, pero no así, y por más que me repitiera que todo aquello era exagerado, en el fondo sabía que aquella mujer no estaba fingiendo esos sonidos. Quise hablar con Laura, hablar sobre por qué no era sí entre nosotros, por qué no tenía esas ganas de mi. Una voz interior, parecida a la autocompasión, me respondió que ella no era así, que la mujer del otro lado no tenía otras armas para retener a ese hombre que no le pertenecía, que con Laura la relación era otra cosa, más verdadera y menos superficial que esos encuentros vacíos entre un hombre casado y su amante. Sentí lástima por esa desconocida que se dejaba usar y me sentí superior a ese hombre que solo jugaba con esa mujer.
A los amantes poco les importaba mi silenciosa y vana condena moral, y continuaron su ignorada indiferencia hasta tarde mientras mi incomodidad crecía a la par de sus placeres y llegaba a ser sufrimiento.
Cerca de las cuatro de la mañana inventé una cita por asuntos de trabajo a tempranas horas del viernes. Ante la resistencia que ofrecieron para dejarme ir con tan escaso argumento, debí reforzarlo con un malestar físico, un dolor de cabeza. Y con la esperanza de pronto estar en mi casa y con Laura, soporté estoicamente las menciones necesarias a mi poca resistencia al alcohol.
Finalmente pude levantarme y ponerme mi abrigo. Llegaría a casa mucho antes que los otros jueves. Le daría esa sorpresa a mi Laura, sola en casa, quizá todavía levantada como todos los jueves esperando que llegara su esposo. Me pregunté, ya casi sobre la puerta, si alguna vez estas reuniones no habrían sido para ella motivo de sospechas, de preguntarse si no serían una poco original fachada para encontrarme con otra mujer. Supe enseguida que no, que con Laura no teníamos ninguno de los dos motivos para sospechar del otro. Puse la mano en el picaporte y abrí la puerta al mismo tiempo que se oían las voces de una despedida en el departamento vecino. Me resultó incómodo, pero excitante al mismo tiempo, pensar que tendría la oportunidad de ver el rostro y el cuerpo de aquella desconocida que, no podía negarlo, me había mantenido alborotado cierto morbo durante varias horas.
Salí apurado por irme pero me tomé el tiempo de mirar hacia la puerta vecina. Allí una mujer se despedía de un hombre que no alcanzaba a verse. Entonces ella se volvió hacia la calle y pude ver su rostro. Se detuvo frente a mi.
Creo que susurré, como un niño que es descubierto en alguna falta, un "hola".
─¿Vas para casa? ─ recuerdo que pregunté.
─Si ─me respondió Laura. ─¿Vamos?
No sabría decir si respondí o solo pensé en un "si" mientras me prometía no volver a dejarla sola nunca más. Ella me tomó del brazo y empezamos a caminar.
De alguna forma llegamos a casa y nos acostamos a dormir.


                                                   

                                                   

                                                      (borrador de la versión incluída en el Nº1 de la revista "Alarma Literaria")
Los dos decían amor. Pero el lenguaje, que es humano, es imperfecto, es simplificador. Nunca decían lo mismo aunque pronunciaran la misma palabra.
La diferencia semántica no fue importante hasta que ella dijo amor en otros brazos.

diciembre 23, 2011

Hay días que no tengo más remedio que hacerlo de esta manera. Si aceptaran venir de otra forma no sería necesario, pero no siempre quieren. Entonces, es necesario tenderles una trampa. Tentarlas, y esperar que se acerquen.
Hoy, por ejemplo. Varios días sin ellas. Y uno tiene sus necesidades.
Entonces me levanto temprano y abro todas las ventanas. Pongo la pava en el fuego, caliento el agua, preparo el mate. Busco los versos de Machado en la voz de Serrat y los suelto por toda la casa. Hay canciones a las que ninguna mujer se resiste ─y ellas también son mujeres.
Entonces me siento a esperar. Siempre funciona. Más temprano que tarde alguna de ellas se descuida y se mete por una ventana. Entonces hago como si no la notara. Pronto está husmeando por toda la casa como si yo no existiera.
Sospecho que son cruza de ave y de adolescente ─ya dije que son mujer. Vuelan despreocupadas,  enamoran sin el menor esfuerzo, y ¡son tan fáciles de engañar!
Algo de lástima también me provoca. Ni sospecha que ha caído en mi trampa. Pero ahí está y no puedo dejar que escape. No hasta tener de ella lo que necesito.
Entonces la capturo. La encierro en un verso, no necesito más que uno solo. Y luego la suelto, que baile desnuda por toda la casa, mi pobre Musa violada.
Y ella se queda, sigue su baile, desnuda,  alegre  ─dije ya que tienen algo de inocente adolescente.
Y yo me quedo con mi verso inspirado. Empieza el arduo trabajo de convertirlo en algo, de darle una forma elegante, delicada.
A veces solo logro estas miniaturas. Pero ellas no se quejan nunca y hasta he pensado que son ellas quienes me tienden la trampa. De todas formas, a veces no queda más remedio que proceder de este modo y tomar de ellas, por la fuerza, lo que uno necesita.
Debo aclarar que ninguna Musa resultó herida durante la redacción de este cuento. Tal vez un poco enamorada, pero es ese un dulce dolor que se pasa con el tiempo. Sobre todo a ellas.

diciembre 20, 2011

El hombre encendió la alta lámpara de pie junto al rincón de la habitación. Se acomodó delante de ella, de espaldas a la luz. Descorchó la botella de vino tinto y comenzó a verterla en el suelo justo unos pocos pasos delante de él.
Cuando había terminado la botella ensayó un leve movimiento con el brazo. No hubo respuesta. Tampoco cuando levantó un poco la pierna. Ni cuando se movió un paso a la derecha.
No había duda: el vino había embriagado a su sombra hasta el desmayo.
Libre al fin tomó su abrigo, bajó hasta la conserjería y devolvió la llave de la habitación de aquel lejano hotel. Y no volvió nunca más por aquellos lugares.

diciembre 19, 2011

Los hipocondríacos no deberían guardar el teléfono celular en el bolsillo superior de la camisa. Mucho menos en modo vibrador.
Así fue que el Ingeniero Salsburzi murió una mañana.
En invierno había adquirido la costumbre de guardar el celular en el bolsillo interior del saco, pero cuando llegó el verano el pequeño teléfono de última generación pasó al bolsillo de la camisa junto a su corazón.
La mañana del 16 de enero, el Ingeniero volvía al trabajo luego de unas relajadas vacaciones. Conducía hacia la oficina cuando un cosquilleo en el pecho, debajo de la tetilla izquierda, lo asustó de tal manera que, creyendo estar al borde de un infarto, perdió el control del auto y se estrelló de frente contra un palo de la empresa telefónica.
El impacto le quebró el cuello. Murió en el acto.
En el bolsillo de la camisa quedó, vibrando, silencioso, un teléfono celular que nadie atendería.

diciembre 17, 2011

Borges se encontró una vez con él mismo varios años mayor. Por simple deducción sabemos que años después un hecho similar, pero inverso, ocurrió en su vida. Pero, ¿fue realmente una fantasía?
Luego de horas sentado frente a la pantalla de mi computadora, corrigiendo un cuento, decidí asomarme unos minutos al sol de la tarde. Con medio cuerpo fuera de la ventana fumaba tranquilo un cigarrillo cuando ocurrió que me vi pasar por la calle.
Con un jean gastado, una camisa suelta y zapatos náuticos, como es mi costumbre, venía caminando yo mismo dentro de veinte o veinticinco años. Se me nota saludable, tristemente calvo (lo que significa que nunca concretaré el proyectado implante capilar) y lentes diferentes a los que llevo puestos hoy pero con algo más de estilo. Por lo demás, me veía bien, con cierto aire a escritor viviendo tranquilo de su profesión que me dio algunas esperanzas.
No sé si venía a hablar conmigo y se arrepintió o si solo pasaba. Su aspecto era más bien el de alguien paseando por los viejos lugares donde habitó, algo que me gusta hacer a veces. Estuvo a punto de saludarme pero no lo hice, como si quisiera evitar un gesto que lo delatara.
Así pasé por mi ventana hace un instante. Feliz, relajado. Al llegar a la esquina dobló hacia la casa en la que vivía un amigo de la infancia y entonces ya no lo vi más.
Fue grato verme, pero ahora sé que tendré que esperar veinte años para saber por qué pasé de largo sin siquiera saludarme.

diciembre 16, 2011

Sin el valor para tomar una resolución definitiva decidió echar a suerte su propia suerte: todas las noches, antes de irse a dormir, tiraba una moneda al aire: si resultaba "cara" se acostaría, dormiría y al día siguiente iría a trabajar; si salía "seca" se suicidaría.
Repitió este ritual cada noche y sin hacer nunca trampa hasta que, de un infarto a los 65 años, murió sintiéndose un hombre sin suerte.

diciembre 15, 2011

El diablo se apareció de pronto:
─Puedo darte lo que me pidas a cambio de tu alma.
Él pensó un instante.
─Quiero un final original para esta historia.
─Usted no debería estar aquí, usted fue ateo toda su vida ─ le dijeron ni bien llegó al Cielo.
─En ese caso, tampoco usted ni este Cielo deberían estar aquí, y sin embargo están.
Harto de perder el tiempo en su propia fantasía tomó el martillo y, de tres golpes, destruyó el reloj.
Entonces salió a la calle sonriendo, caminaba con las manos en los bolsillos, sabiendo que ya no había más tiempo que perder.
Se sentó a esperar. Y un día llegó la muerte a buscarlo. Quiso quedarse argumentando que todavía no había vivido, que hacía años que esperaba sin ningún resultado, que morir de esa manera era injusto. Finalmente entendió, tarde, que lo único que llega solo en esta vida es la muerte.

diciembre 09, 2011

Amor por la camiseta
(un cuento de fútbol)

Mi viejo murió joven, no tuvo tiempo de contagiarme, como cualquier otro padre, el amor por una camiseta de fútbol.
Como una forma de honrar su memoria todos en casa debíamos considerarnos hinchas de ese club.
El asunto es que por una especie de tradición o folclore (mi tío y mis primos eran de Boca) yo debía ser hincha de River. Sí, debía.
Otro dato, y para nada menor, es que todos los domingos papá me llevaba a la cancha. Acá, en mi pueblo. Obviamente, no a ver a River. Como todo futbolero del interior, mi padre tenía también sus colores a nivel local: la "bataraza" Jorge Newery, equipo que por aquellos años de mi infancia hacía historia en el fútbol tandilense.
Cuando a mis siete años me quedé sin la persona que más he amado en el mundo, un compañero de trabajo de mi viejo siguió llevándome cada domingo a ver a Newery. Pero de  River nadie más habló salvo para las gastadas de mi tío "bostero". Y River quedó ahí, como una forma de no traicionar a mi viejo ni decepcionar a mi familia.
Mi vida futbolística siguió durante la infancia un destino desde entonces bastante parecida al nomadismo.
Recuerdo haber seguido fielmente las campañas del Vélez de Bianchi, del Newell's campeón y de varios equipos que ofrecían un buen entretenimiento.
Durante años desconocí esa sensación de ver un partido de fútbol con los ojos llenos de un interés particular, de eso que llaman pasión, o amor por una camiseta. Todo partido era una forma de empezar de cero. A los cinco o diez minutos alguno de los equipos en cancha me gustaba más, me generaba cierta empatía, o algo motivaba mi entusiasmo y, por apenas poco más de una hora, yo era hincha de ese cuadro. Hasta que el árbitro pitara y todo terminara. Y de nuevo a empezar cada vez.
Esa fue mi iniciación futbolística, mis inocentes amores de noventa minutos, de tres meses, que pasaban como dulces recuerdos de adolescencia.
Ya un poco más grande llegaría el amor en serio en mi vida. Y fue gracias a la televisación hasta obsesiva de cualquier evento en el que rodara una pelota.
La aparición de varias señales deportivas en la televisión, de eternas 24 horas de fútbol en los televisores fue lo que me llevó un día a gritar un gol. Y fue, tristemente, contra el querido River de mi viejo.
La historia comienza en el hecho particular de que me gusta ver fútbol. No tanto por el juego, más porque significa, en momentos de aburrimiento, dos horas de tener algo para ver. Nunca me gustó hacer zapping ni ver películas por lo que el fútbol me deparaba dos horas de entretenimiento sencillo, sin grandes complicaciones y con final incierto.
Veía, preferentemente, fútbol de las categorías inferiores de Argentina. El fútbol europeo, aún hoy, me aburre y ni siquiera me parece fútbol.
Empezó entonces el desfile de equipos de todo el país, aunque la mayoría, el negocio de la televisión es, finalmente, ese, eran de Buenos Aires. Pero siempre se encontraba uno con algún partido o resumen de algunos torneos del interior.
Y había, entre tantos equipos, uno que tenía algo diferente. Un club chico, de allá por la cordillera, que a pesar de jugar en categorías poco valoradas y recientemente sobre valuadas por razones extra futbolísticas, intentaba jugar un fútbol bonito, entretenido. Además, tenía algo que brilla por su ausencia aún hoy en día: seriedad, ética, juego limpio. Un equipo que intentaba jugar al fútbol con elegancia, pero que además no tenía nada de esa asquerosa viveza criolla (porteña, debería decir) de hacer tiempo, esconder balones cuando iban ganando, o sacar ventajas extra deportivas.
Quiero aclarar una cosa: no buscaba los partidos, no conocía a los jugadores, ni me interesaba tampoco eso. Solo prendía el televisor y encontraba los partidos.
Así que al terminar el día siempre había algún partido para mirar. Y los veía, solo por pasar el rato.
Pero poco a poco descubrí que entre tantos amores de ocasión, había una amistad que dejaba algo más que dos horas de entretenimiento. Ese pequeño equipo que ya me gustaba desde el partido anterior, que no necesitaba de cinco o diez minutos para convencerme, que con solo ver que era uno de los que jugaba ya tenía mi simpatía y ese esfuerzo inútil que hace un espectador para que su equipo gane.
Me gustaba, desde no sabría cuándo. Y cada vez que lo encontraba lo veía, disfrutaba de esas dos horas compartiendo las ganas de ganar. Pero todavía no era amor.
El nombre del club (que conocí completo más tarde y que hoy significa un orgullo casi de baba al pronunciarlo) es Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba. El "Tomba", el equipo mendocino que ya no sorprende a nadie por alcanzar logros que hasta hace poco eran privilegio de los equipos "grandes".
Verlo en la cancha me gustaba, me llenaba de ansiedad. Saber que jugaría tal día a tal hora era suficiente para  organizar mis obligaciones de acuerdo a ese partido.
Sí, esperaba los partidos del Tomba con cosquilleo y todo. Yo, que solo veía fútbol cuando lo encontraba, había empezado a buscar encontrarme con esos colores.
Claro que por entonces no era fácil. La distancia (Godoy Cruz, la ciudad, está a 1600 km de donde vivo), el hecho de no jugar en primera división, ni ser de Buenos Aires, hacía difícil seguir las campañas como un hincha. Pero cada tanto la televisión nos regalaba esos noventa minutos juntos.
Durante un par de años aproveché cada oportunidad de ver al Tomba sin saber qué clase de sentimeinto era.
Fue en el 2006 cuando las consecuencias lógicas de estos encuentros fortuitos empezaron a precipitarse. En mayo de ese año el Bodeguero asciende a la primera división del fútbol argentino y la televisión comienza a transmitir todos los partidos del Tomba en vivo.
Ahora que estaba en primera y podía seguir la campaña, tenía que hacerlo. Debía hacerlo, pero en un sentido totalmente nuevo para mi, no como cuando debía ser hincha de River.
Los primeros seis meses el Tomba brillaba con su juego, entretenía, sorprendía a todos con su fútbol bonito, su buenas intenciones tan impecablemente llevadas a cabo en la cancha. Pero perdía y los puntos empezaban a faltar para mantener la categoría. Yo, que no era hincha del club, terminaba los partidos enojado con el fútbol, con la vida. Me indignaba, era injusto que un equipo chico y del interior con tan buenas intenciones y que jugara tan lindo, perdiera contra los equipos mezquinos que ni siquiera intentaban jugar a algo. Yo racionalizaba esa amargura, la justificaba diciéndome eso. Era solo una cuestión de justicia moral y deportiva.
Aclaro que para mi todo esto era nuevo. No conocía esa sensación de angustia ante un simple partido de fútbol. Es necesario que alguno pierda para que otro gane o todos serían empates y el juego perdería absolutamente todo. Pero ver perder al Tomba era angustiante, me llenaba de un odio totalmente desconocido e inexplicable para mi que no había sufrido nunca por una camiseta.
Para el hincha común de fútbol todo esto es puro palabrerío. Conocen desde la cuna el amor por la camiseta, el orgullo de ver jugar bien a un equipo, la alegría de un resultado positivo, la explosión en la garganta de un grito de gol. Pero para mi, eso era algo ajeno, de gente que no tenía nada en la vida y se desquitaba insultando a un árbitro, o gritándole a alguien solo por seguir a otro equipo.
Yo no sabía de nada de eso. No lo había sentido jamás. Uno era hincha porque debía serlo, porque su padre, o un tío o un abuelo, o quién fuera se lo había impuesto. Y eso anulaba cualquier acto pasional.
Fue a mediados del 2007, una tarde noche de lunes (lo recuerdo porque debía ir a cursar a la Escuela de Música) que por el campeonato local se enfrentaban, para mi desgracia, River y Godoy Cruz.
Falté a clases. La excusa era que jugaba River. Lo juro. En casa dije que no tenía ganas de ir, que me quedaba en casa, que aprovechaba que jugaba River para verlo. Y jugó el Millonario contra un equipito de Mendoza que venía sorprendiendo por el buen juego. Ahí, enfrente de la banda roja, la camiseta suplente en gris y azul del Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba.
Del partido no recuerdo practicamente nada. Me acuerdo que entró un pibe, un tal Enzo (que algunos años después jugaría la final del mundo contra el Barça de Messi), y que ese pibe, con ese nombre que tanto significaba en esa cancha, se hizo inmEnzo, como hubieran dicho ellos.
Terminaba el partido, 47 minutos del segundo tiempo, empataban sin goles. Alguien presiona en campo del local, los millonarios pierden la pelota y Enzo Perez la roba y corre hacia el área rival. Minuto 48 del segundo tiempo. Se me rompe la garganta en un grito desconocido, nuevo y maravilloso. Nicolás Olmedo aparece por la derecha y el pibe Enzo lo ve, lo habilita y el "cascarudo" le cruza la pelota al arquero de la banda roja. Un final de novela.
Fue el primer "te amo". Fue la destrucción de todas las imposiciones. Fue gritarle el gol en la cara al fantasma de mi viejo. Fue por fin liberarme y confesarle a esa esposa insípida que nunca me había movido un pelo, que otra me había hecho temblar la estantería, que ya no podía esconderme, que ya no era un juego, que ya no alcanzaban esos encuentros ocasionales. Que estaba enamorado de otra.
Si alguna vez he podido mirar un partido de fútbol sin sentimentalismos, fue antes de esa noche de ese miércoles.
Esa noche supe que ya no habría más amores de ocasión. Ya no habría pequeños romances de noventa minutos, de seis meses y. mucho menos, un matrimonio acordado desde antes que supiera patear una pelota.
Desde entonces el fútbol es, para mi, tener que explicar cómo me hice hincha de un equipo que juega a más de mil kilómetros de distancia. O ver a los que viven en Mendoza, y pueden ir a la cancha cada vez que el Tomba juega de local, como un bicho raro que salió de quién sabe dónde, pensando que ellos tienen todo tan cerca pero que yo me banqué la distancia. O enfrentar las acusaciones de los que me conocen de toda la vida diciendo "¿pero vos no eras de River? ¿Ahora te vendiste?". No, nunca amé esa esposa que me obligaron a mantener y cuidar. Me emociona más una pisada de Olmedo que cualquier de Francescolli. El sombrero de Villar en la sudamericana, de espaldas al arco y de taco, para dejar a Tito Ramirez mano a mano con el arquero rival lo tengo pegado en la frente, del lado de adentro, agarrado con chinches. Y ¡qué decir de ese verano que el Tomba salió campeón de una torneo de verano acá en mi ciudad, en mi Tandil!
Tener que dar explicaciones vale por todos esos momentos en que sentado frente al televisor me emociona un taco, una pisada, una pelota puesta al pie. Un equipo queriendo merecer la gloria. Y mereciéndola con creces.
Nadie podrá quitarme mi emoción al ver jugar al bodeguero. Ni la ansiedad de esperar que llegue el próximo partido, ni el orgullo de ser hincha de un club chico, que no tendrá la historia de los grandes. Pero te voy a decir algo: mientras los grandes hablan de historia, Godoy Cruz Antonio Tomba hace historia...
¿y yo?...yo escribo historias, como esta, mi historia con el Tomba, una historia de amor.

diciembre 08, 2011

Y pasó que un buen día el espejo le respondió.
Versión infantil:
Cuando el hilo se soltó de su mano el niño comenzó a llorar desconsoladamente. No sabía en su inocencia que el mundo es redondo, que el viento llevaría a su globo a dar toda la vuelta y que volvería un día repleto de grandes historias que contarle.

Versión adulta:
Cuando el hilo se soltó de su mano el niño comenzó a llorar desconsoladamente. No sabía en su inocencia que el mundo es redondo, que el viento llevaría a su globo a dar toda la vuelta y que volvería un día a sus manos.
Y cuando finalmente volvió modificado por sus experiencias, el niño, tal vez cansado de llorarlo, no lo reconoció.
Primero me quitaste tus labios. Luego tus manos. Un día ya no te traían más tus pies. Ayer me pediste que te olvidara. Si tu plan era privarme de ti de a poco, que me fuera acostumbrando a no tenerte, tengo que decirte que has fallado. Cuando cierro los ojos sigues aquí.

diciembre 06, 2011

Como jugando, se paró frente al espejo sin encender la luz. En la habitación obscura se escuchó una voz. Pero, ¿cómo saber cuál de los dos era el que hablaba?
A los pocos minutos aquello era un diálogo entre dos sombras sin sombra.

diciembre 04, 2011

Tus piernas me aman.
Yo lamo tus heridas.
Ellas me abrazan,
yo las ignoro,
distraido,
enfocado,
en mi labor
entre tus piernas.

diciembre 02, 2011

No creo en espíritus y no me importa cuántos de ellos vuelvan de la muerte a intentar convencerme.
"¡Cuidado con el alma!" rezaba el cartel. En aquella casa no tendrían perro, pero si las prioridades muy claras.
Sus uñas encontraron tierra. Rascaron, con desesperación, hasta alcanzar ese poco de aire que alcanzara para advertirles que estaba vivo.

noviembre 30, 2011

Se despertó. La ansiedad era un millar de hormigas inquietas devorándole las tripas.
Miró el reloj para saber cuántas horas le quedaban con aquella mujer que le había dicho que tenían que hablar.
Extrañamente, él, que nunca había creído en artes adivinatorias y esas fantochadas, sabía muy bien lo que escucharía esa tarde, palabra por palabra.
Todo terminaría cuando escuchara ese nombre oculto que el había descubierto unos meses antes.
Luego vendría el crimen, la sangre, las investigaciones, la cárcel.
Luego, ahora la ansiedad y el odio afilaban el cuchillo.

noviembre 25, 2011

Una vez creí que que había un mundo
que era redondo, habitado por personas.
Una noche desperté sobresaltado por una pesadilla
y entonces lo supe:
no había nada ni nadie,
todo había sido un sueño.
Durante un tiempo moré pensativo por la nada
buscando un ser o, al menos, una roca,
alguien o algo a quien contarle de ese mundo
redondo, repleto de personas que vivían sus vidas.
Con el tiempo me acostumbré a la soledad, al silencio.
Ya no ando por ahí buscando a quien contar mis historias,
me las cuento a mi mismo y, que nadie escuche,
ya no es importante, porque yo me escucho
y me asombro ante las increíbles aventuras de esa gente
y de ese mundo que una vez soñé.

noviembre 21, 2011

Desde que la Presidente de unos cuántos argentinos afirmó que ahora la soberanía se defiende desde las ideas, que la soberanía es un concepto intelectual, no paro de recibir mails de editoriales que están asombradas por la cantidad de recursos que tienen para publicar libros. Dicen que están desesperados por empezar a publicar ideas nuevas. Que no saben de dónde sacar escritores para publicar porque todos estamos más felices sin trabajo y sin editar nada. Aunque hay un miedo terrible a que la gente salga desesperada a saquear librerías ante el pánico de que se agoten los libros y quedarse sin ejemplares.
O no, la Presidente sigue mintiendo como en cada discurso que ha dado en su vida, las editoriales están quebradas, la gente lo único que lee son mensajes de texto, la educación es la peor que hemos tenido en toda la historia, y los escritores, intelectuales o lo que sea que seamos seguimos rogándoles un trabajo a los "trabajadores" del turismo que, sentados al sol con un pastito en la boca, ojeando cada tanto para ver si viene algún turista a comprar cucharitas de bambú para la yerba, nos dé un trabajo barriendo el piso.

noviembre 16, 2011

Crecía porque todo ser biológico crece, y nada más.

noviembre 11, 2011

Nunca estaremos más desnudos que cuando nacimos ni más arreglados que cuando nos entierren.

noviembre 09, 2011

Necesitaba el Sol, y una noche lo encontró escondido detrás de un cerro al final del horizonte. Durante varias horas intentó convencerlo de salir de allí. Pero el Sol, que ya ha perdido su hermoso ego de otros siglos no quería mostrarse.
-Ya no me aman-dijo timidamente,-yo era el Astro al que le agradecían el calor, las cosechas, la luz, la vida entera. Pero el hombre me olvidó, se ahogó en cuentos de de falsos dioses y ya no me aman.
El hombrecito entendió que aquello sería arduo. No se resignó, pero necesitó un plan para convencer al Sol de asomarse. Se alejó un poco y se sentó en una piedra. Mientras pensaba sacó una flauta hecha de caña que llevaba en el morral. Y empezó a soplar en ella una antigua melodía que había aprendido de sus ancestros.
Distraído como estaba, el hombrecito no notó que mientras tocaba su canción el Sol asomaba algunos rayos por sobre el cerro para espiarlo. Hasta que al fin, una voz soberbia, llena de amor y que parecía contener todo el cosmos en su eco lo interrumpió:
-Esa canción que tocas, Pastor de llamas, se la enseñé hace mucho a los primeros hombres. Veo que eres un Hijo de ellos. ¿Qué necesitas Hijo?
-Mis cosechas, Padre, necesitan su calor...y mis hijos también, ya que pasan frío porque somos pobres y no tengo para darles abrigo...
-Brillaré por ti- respondió solamente el Astro, con su voz de fuego.
El hombre volvió a su rancho de adobe. Desde aquel día el sol brilló alto en su tierra y las cosechas crecieron más que nunca. Y todo el cerro brilló con la majestuosidad del Astro Sol no dejando al frío tocar a aquella familia.
Para cuando terminó de recolectarse la cosecha, el hombrecito fue al arroyito que quitaba la sed a sus huertas. Allí soplaban unas cañas desde hacía tiempo. Pero estaban más crecidas que nunca por aquel calor nuevo del Sol. Cortó una caña, pidiendo permiso a la Pachamama, y con ella hizo tres flautas para sus hijos. Y con ellas les enseñó a tocar aquella canción de sus ancestros.
Cada día, antes del desayuno, padre e hijos soplaban aquella vieja oración al Sol en agradecimiento al Padre.
Y el Sol, el Padre eterno que nunca abandona a sus hijos, los escucha feliz de saber que aún siguen sus hijos caminando en la tierra.

noviembre 08, 2011

Ejercicios de microrrelato:


*Minutos más tarde, la había olvidado por completo. Sin embargo, nunca dejó de amarla.

                     
*El mirlo se veía inquieto, con sus pequeñas patitas moviéndose a lo largo de la rama. El gato, al pie del árbol, no tenía prisa.


*El conejo miró el calendario y comenzó a tomar precauciones para que su dueño no sospechara que él, una simple mascota, era el Conejo de Pascuas.


*Veía las nubes con calma, adivinando formas, hasta que una lo espantó: era su rostro, con el gesto sereno de la muerte en su boca.


*Lo conoció con el corazón roto y lo amó hasta arreglarselo. Cuando lo olvidó tenía otra vez el corazón roto.


*Logró superar aquel desengaño con meses de terapia. Pero cuando se enamoró de su psicóloga toda la terapia se volvió inútil.



*Un pez creyó en la vida fuera de su mundo cuando hizo contacto con un buzo.


*-¡Qué cuernos más grandes tienes, abuelita!-dijo Caperucita. Y el lobo pensó en la loba, y en cómo cada día se hacían más extraños entre si.


*Esa tarde el sol no se puso tras las montañas como cada día. Se quedó alto en el cielo y ya nunca hubo noches ni lunas ni estrellas, ni enamorados.



*Borra tus huellas cuando te vayas, no sea que se me antoje seguirte.
Una tarde, mirándola a los ojos, le confesó su amor. Ella dudó, hubiera querido decirle que sí, que ella también, pero no estaba segura. Cierto que siempre se había visto reflejada en él, pero después de todo, él era solo su espejo.

noviembre 01, 2011

El médico mira a su paciente. Piensa en el muchacho al que la leucemia le cortó los años antes de llegar a 21. Era su hijo, sano, de costumbres prolijas, moderado en todo, comidas ordenadas, no probó nunca cigarrillo ni alcohol. Ahora, seis meses después, este hombre de algo más de cincuenta años le muestra una sonrisa de pobre pero satisfecha por el resultado de sus estudios. Conocedor del tabaco desde chico, acostumbrado al trago, a la noches de mujerzuelas, a la vida triste de un pobre que llegó vacío a la capital.
Este médico tiene preguntas sin responder y culpas sin repartir. Quiere vivo al hijo muerto. Quiere justicia, alguna forma de justicia sacada de algún tratado de biología. Al otro hombre le hubiera gustado tener las oportunidades del hijo de un médico acomodado, no ser el hijo de un peón borracho y pobre.
La trama es compleja. La culpa es de todos, y de nadie. Somos seres humanos, raza sin verdades, de justicias más poéticas que reales.

octubre 31, 2011

"¡Qué suerte la de los números," piensan las letras, "todo el tiempo en el mundo hay alguien hablando de ellos".
Lo que no saben las letras es que los números viven celosos de ellas porque mientras a ellos los cuentan los hombres más miserables, a ellas las cuentan los poetas, los contadores de historias, los enamorados.
Nunca un enamorado dirá: "te amo 15749". Ni un poeta escribirá versos con números, ni un abuelo contará una historia  de "Érase una vez un 3749..."
Pero las letras no sospechan esta enfermedad que de a poco va envenenando el alma de los números. Porque las letras cuentan verdades, y la verdad siempre es humilde aunque al mentiroso le parezca soberbia. Las letras jamás sabrán que son la envidia que un día va a matar de un disgusto a los números. Y está bien que no lo sepan, que sigan siendo siempre los ladrillos de nuestras casitas de sueños, donde después de cenar nos sentamos con la mujer que amamos a simplemente ser felices juntos.
El día empezó marcado por la especulación, la preocupación por qué iba a pasar con el dólar debido a las últimas medidas del gobierno. La mayoría habla de eso, y solamente de eso. Dólares por acá dólares por allá. Que no se pueden comprar, que sí pero hay que justificar la compra y no sé cuántas pavadas más.
Mientras tanto, fuera de los círculos de los Grandes Economistas (esa especie de Dioses modernos) camina por la calle un grupo de gente con los auriculares a todo volúmen, hacia la casa de algún amigo a tomar mate, de algun novio o novia.
El mundo de los Grandes Señoritos, esos animales licenciados en ciencias NO humanas, especialistas en no contar nada (al fin y al cabo, los números siempre serán esclavos de los celos que sienten por las letras, que pueden CONTAR verdades) se termina de a poco.
Un día, el Sr. Contador de Números despertará y, al asomarse a la ventana de su casa, verá la calle llena de cronopios bailando y jugando con mangueras de colores.
Se les termina el tiempo, Grandes Señoritos, ¡aprendan las letras porque los números ya no nos importan!

octubre 25, 2011

El arte es de los artistas. NADIE tiene derecho a ganar con el trabajo ajeno. Es necesaria una nueva Ley de Propiedad intelectual que ponga las cosas en su lugar: a los artistas en el escenario y a los grandes ladrones-editores en la cárcel.
Basta de decirnos que le robamos a los músicos por descargar su música. Los que roban son los editores discográficos.
Jamás falté el respeto a un artista ni le robé nada. No me enriquecí nunca con un CD descargado de Internet. Cada canción que he bajado está guardada dentro del corazón como un tesoro. Y siempre que pude, compré el CD original.
Mientras no entendamos que los responsables de las grandes compañías discográficas tienen que estar presos esto no va a cambiar jamás: piratería es robar, enriquecerse con bienes ajenos. Ellos son los que lo hacen, no nosotros.
Mientras nosotros difundimos y disfrutamos a los artistas ellos mantienen su propio negocio bien asegurado, impidiendo el acceso a los circuitos de distribución a los músicos que no les generan ganancias a ellos y obligándonos a soportar mediocres que no valen un solo CD editado.
EL ARTE JAMÁS DEBE MEDIRSE POR LAS REGALÍAS QUE DEJA A UN EMPRESARIO. Medir el arte por las ganancias que deja es un delito mucho peor que descargar ese disco que tanto disfrutamos y admiramos.
TODO ARTISTA TIENE EL DERECHO A SER ESCUCHADO, VISTO O LEÍDO. Ese el el único derecho de propiedad intelectual. Lo demás es negocio, y no tiene nada que ver con el arte. Y el Estado, por medio de Leyes correctas, tiene la obligación de garantizar este derecho y penalizar a TODO aquel que, sin ser el artista y dueño de una obra, obtenga ganancias con ella. Tanto al que vende un CD descargado gratuitamente de Internet, como a al que lo vende a cambio de porcentajes inmorales.
Warner Music Group, EMI, Sony Music Entertainment, Universal Music Group y otras, TAMBIÉN SON PIRATERÍA.
Ya una Ley que limite el valor agregado sobre los costos REALES de las obras de arte; que distribuya las ganancias de la venta en favor del artista y no del editor; que permita la distribución libre de todo contenido cultural de forma controlada; que asegure la NO caducidad de los derechos comerciales para el autor (actualmente, por la reedición de una obra editada más de 30 años atrás no debe pagarse regalías al autor).

Quiero arte, necesito arte. Me sobran mercaderes. Basta de intermediarios y explotadores. Que cada parte gane lo que es justo por su trabajo.

septiembre 23, 2011

La irrealidad depende de los intereses que pone en juego cada observador. El subjetivismo es la principal causa de distorsión de la realidad. Esto en las relaciones interpersonales es más claro y, cuanto menos conviene al sujeto captar la verdadera situación, más intenta desdibujar el cuadro general de situación. Lo que no conviene saber se oculta y lo que hace falta, si no está, se inventa.
De todas formas, cuando al sentimiento se lo modifica con el fin de hacerlo más conveniente es cuando más se nota el miedo de aceptar que se está llamando "amor" a la incapacidad de aceptar un sentimiento verdadero, capaz de mantener la relación dentro de un marco relativamente objetivo.

La modernidad nos ha vaciado. Llamamos "amor" a cualquier forma de sentimiento que nos saque del letargo. Muchos buscan solamente relaciones violentas en las que la unión esté determinada por reacciones agresivas, confundiendo la intensidad de estas discusiones con un sentimiento mayor, pero absolutamente opuesto. Esto puede originarse en la impotencia que surge al no poder canalizar las propias frustraciones originadas en los errores cometidos pero no reconocidos a nivel consciente.
En estas parejas, al no poder amarse mutuamente, se agreden con intensidad para compensar el vacío y el sinsentido de la relación. Mientras que, por otro lado, los sentimientos verdaderos hacia personas externas a la pareja que han sido inconscientemente reprimidos (o bloqueados, por miedo ante repetidas frustraciones, por miedo a sentirse vulnerables) se exteriorizan por medio de resentimiento o bronca constante hacia ellos, resultado no del accionar de esas otras personas sino de la propia decepción ante la vida y la falta de herramientas para encauzar los sentimientos de manera correcta.
La incapacidad de accionar normalmente en este tipo de relaciones se refleja, por lo general, en la incapacidad de comunicar los hechos ocurridos en relación a la pareja con personas de otros entornos (amigos, parientes). Comúnmente, los individuos atrapados en esta forma de relación, son incapaces de conjugar correctamente la situación de pareja con situaciones fuera de ese entorno. No hablarán de sus parejas con nadie, o evitarán ser vistos publicamente con ellas. Es posible que se llegue, incluso, a la negación de la relación con el fin de evitar comentarios que expongan la verdadera condición de la pareja.
El primer síntoma de esto es el alejamiento de todos aquellos que se muestran en disconformidad con la relación. Cuánto más explícitamente, más rápido serán evitados por los miembros de la pareja con el fin de evitar conversaciones en las que tengan que "defenderse" (ya que ellos se sentirán "atacados" por aquellos que no coincidan con ellos). Esta sensación interna de "no tener argumentos" los alejará de cualquiera que vea con desagrado la unión de la pareja y pueda dejarlos expuestos a la necesidad de afrontar la discapacidad afectiva en la que viven.