febrero 16, 2016

Yo no tengo ─ni tuve─ amigos de letras. Cortazar se enorgullecía de no descender de ningún prócer. Tampoco es la gran cosa. Hay gente que apenas si desciende de alguien.
Decía que no tengo amigos de letras. Lo intenté. Dios sabe cuánto. Y fracasé. Carolina sabe cuánto.
Los escritores suelen rodearse de "colegas" ─tendrán que disculparme pero a mi la palabra colega me suena a pegamento para prótesis dentales─ con los que traman complejísimas discusiones en torno a la idea dele scritor, el compromiso social, la poesía, estética y no sé cuántas palabritas más que aprendieron en algún calendario de esos de frases que no dicen una mierda.
No he podido, no disfruto de esas discusiones. Quizás no las entienda. O no entienda esa manía que tienen ciertas personas de preguntarse por qué hacen lo que hacen.
¿Que por qué escribo? ¡Qué se yo! Si supiera qué motivación oscura y profunda me mueve los dedos por un teclado quizás hubiera dejado de hacerlo hace mucho tiempo.
Escribo porque quiero; porque me gusta. Aunque no tenga nada que decir cuando me aburro garabateo algunas líneas, letras o simples rayitas en un papel con una pluma. Ah, sí, eso de escribir con pluma sí que lo tengo. Nadie está libre de vicios. Como escritor tengo los mios: el cigarrillo entre la niebla de la noche invernal, escribir con pluma y los gatos.
Pero eso de los amigos en el café discutiendo a Sartre, perdón, pero me da más sueño que sueños.
¿Por qué escribían los escritores que leemos con tanta pasión? Me importa tanto como el por qué escribo yo mismo. Me gusta, no me he logrado concebir nunca como alguien que no escribe. Y Dios sabe cuánto me he resistido a eso de ser un "escritor". Es mucho trabajo, y nadie paga por eso. Vale más quedarse tirado en el sillón mirando televisión.
En serio, no me  resulta ni un poco interesante eso de ser un escritor. Sin embargo escribo, porque cada tanto, aunque no lo quiera, aunque me resista, la escritura vuelve. Una palabra desata todas las demás, y por un rato me quedo colgado de  un teclado, revisando, repasando, corrigiendo. Como si uno supiera qué cosa es la que corrige. Uno busca una palabra que quede bien, que suene mejor, que combine más o, simplemente, que no moleste al lector cuando va pasando sus ojos con cierta velocidad, o ritmo como suelen decirle.
Escribo porque no sirvo para otra cosa. Y no es falsa modestia: soy un eprfecto inútil. Y lo de perfecto es porque tengo ese don que tienen alguna spersonas de visualizar el funcionamiento de las cosas. Puedo aprender a reparar relojes en muy poco tiempo. O cualquier cosa. Me paro frente a algo y de pronto todo me viene a la cabeza y comeinzo a comprender cada detalle de lo que estoy viendo.
El interés me dura cinco días, seis a lo mucho. Y tan rápido como lo aprendí lo olvido. Por eso no sirvo para otra cosa. Aunque pudiera ser el mejor en lo que me propanga directamente no me lo propongo. Carezco de toda motivación. No hay nada en el mundo que  logre mantenerme interesado por mucho tiempo. Y ahí llega eso de inútil. No importa lo bueno que hubiera podido ser aprendiendo idiomas, música, ciencias exactas...todo me importa un bledo. Me aburre rápido. Salvo escribir. Cuando me aburre escribir paro, dejo todo esto y me alejo de todo lo que tuviera que ver con ser un "escritor".
Hasta que un día, sin que me de cuenta cómo, ese aburrimiento absoluto de todo vuelve y me llena de palabras, de ganas de contar lo poco que me importa todo.
Y empiezo a escribir otra vez. Un poema, o dos al principio, después alguna prosa pequeña y vulgar, un cuento más extenso, alguna idea par anovela y un día me levanto con una picazón por todo el cuerpo que solo se pasa a las veinte o treinta páginas de mi próxima novela que nucna acabaré. Porque me aburro, claro está, pierdo el interés, la motivación. O lo que sea.
Podría decirse, enonces, que escribo por aburrimiento. Creo. Aunque tambien por aburrimiento es que abandono todo esto y me olvido de mis anhelos de premios, fama y reconocimeinto y pienso "con que me lea alguien y le guste me alcanza". Eso sí es falsa modestia. Quiero ser Tolstoi, Kafka, Maupassant, Borges, Cortazar, Poe, Dostoyevski...todos ellos en uno solo.
Y cuando veo el trabajo que me llevaría ser todos ellos...me siento a mirar la televisión.