noviembre 27, 2013

Palmares (fragmento)

En Palmares ocurre que los muertos no se van al Cielo de los Cristianos ni pasan a otra dimensión ni nada que se parezca: los muertos se quedan, permanecen en la tierra y todos los que han nacido en Palmares pueden verlos como a cualquier hombre o animal que siga vivo, y pueden tratar con ellos con normalidad y ocurre a veces que los muertos llegan a convertirse en grandes maestros, líderes y hasta comerciantes de bienes que no pueden obtener los vivos salvo a través del intercambio con los muertos.
No saben esto los vivos de las colonias aunque entre los negros y los esclavos se sabe y se tiene como algo natural.
─No mueren, los que han escapado a Palmares son inmortales─ cuentan los negros de las plantaciones de Pernambuco mientras organizan su huida a la selva.
Domingo Jorge Velho, bandeirante que puso fin a la resistencia de los quilombolas, lo supo una noche a principios de 1696 cuando descubrió entre la última resistencia al mismísimo Zumbi, llevando sobre sus hombros la misma cabeza que algunos meses antes el bandeirante había paseado clavada en una pica a modo de ejemplo para los demás negros. 

noviembre 15, 2013

No pasó nada

Hagamos de cuenta que acá no pasó nada. Después hagamos de cuenta que allá no pasó nada.
Con un poco de paciencia no habrá pasado nada ni acá ni allá.
No pasó nada en Vietnam, ni en Haití, ni en Afganistán, ni en Nicaragua, ni en Irak, ni en Chile, ni en...
Hagamos de cuenta que acá nunca pasó nada.
Nadie vino nunca a invadir, ni se llevó nada de ningún lugar, ni bombardeó nunca un país para apropiarse de sus riquezas, ni derrocó nunca un gobierno democrático solo porque no quería a sus empresas haciendo esos que las empresas siempre hacen.
Vamos a olvidarnos de todo. Que acá no pasó nada.
Pero eso sí: que no siga pasando.

noviembre 09, 2013

Buenos días

Se despierta con un solo ojo, deja cinco minutos más de sueño al otro. Tiene ese encanto, esa media sonrisa de recién despertarse. Esa forma felina de estirarse despacio hacia mi, ese acercarse refregándose como gata que espera le acaricien la espalda.
Alguno va a odiarme por esto, pero hace que la alarma puesta media hora antes de la hora de levantarse sea más música que la novena de Beethoven.

noviembre 06, 2013

El Nogal del abuelo

Pienso en aquello de "plantar un árbol". Pienso en las tradiciones que vienen de no sabemos cuándo que decían que en los árboles viven los espíritus de los ancestros. 
Se dice del hijo y del libro que son formas de inmortalidad, pequeños consuelos. 
¿Será el árbol que plantamos nuestra casa en el más allá? Por las dudas, cada tanto me acerco al nogal del abuelo y le cuento cosas, le pido ayuda, o simplemente le ando cerca como haciéndonos compañía. Y pienso, cada tanto, en qué árbol me gustaría vivir.
I'worry

Pongo la pava en el fuego y Julio Sosa me pregunta "¿Quién fue el raro bicho que te ha dicho, che pebete, que pasó el tiempo del firulete?". Mi abuelo escuchaba a Julio y de él heredé algunos discos viejos con sus temas más clásicos. 
Al atardecer él se metía en un pequeño taller que se había armado en el fondo de la casa y allí corríamos mi primo y yo a meter las narices ─cosa que mi abuelo odiaba pero a sus nietos nos lo permitía sin chistar─ y los tangos sonaban sin imaginarse que dos décadas después seguirían cantando en otro lugar, en otra casa, y en una computadora que esos años ni siquiera imaginaban.
Mi abuelo me dejó, entre otras cosas que no se tocan, la música: D'Arienzo, Julio Sosa... Cosas que eran partes de él y, cada vez que alguno de ellos canta, el familiar espectro se acerca, se queda sentado a mi lado escuchando y soñando, tal vez, con un mate que ya no puede sostener.
Así la familia continúa, así viven los que ya no tienen vida. 
Entonces pienso en los nietos modernos. Los abuelos ya no escuchan radio, ni discos. Hoy los nietos llegan y en televisores a todo color y en HD un periodista que deshonra la profesión se pelea con una conductora de un metro noventa que la tiene más larga que él.
Dentro de dos o tres décadas los nietos modernos no tendrán de sus abuelos más que un montón de fotos digitales que tendrán la insolencia de ni siquiera ponerse amarillas. Cada generación va dejando menos: menos música, menos libros, menos todo. Nos estamos yendo irremediablemente, para siempre, y sin dejar un ventana mínima por la que asomarnos a compartir un mate y una canción con nuestros nietos.

octubre 19, 2013

Bogotá

Un morro, la ladera de un cerro cubierta de verde, una autopista a lo lejos, una fila de techitos iguales. De todos los lugares llegan voces que hablan y todos los paisajes nos dicen cosas cuando uno sabe escuchar. Y aunque casi siempre me traigas hermosas palabras de amor, a veces escucho tu voz como un lamento, como una elegía a lo que pudo ser y no fue. A veces me cuentas mis errores, o mis ausencias; a veces me das consuelo, me ayudas a dormir feliz.
Otras, solo me torturas el alma dicéndome "despierta, que aquí te está esperando ella".
Una gillette en el tobogán.*

Cuando era chico, los juegos de la plaza no era común que estuvieran en el patio de una casa. Salvo alguna hamaca medio artesanal, a lo "hágalo usted mismo" pero no más que eso.
Sin embargo, en los últimos años han proliferado las grandes jugueterías que ofrecen, embalados y listos para armar, este tipo de juegos. En su propio patio, su propia plaza.
¿Pública? No, privada. Estos juegos son para armar y disfrutarlos entre las mismas paredes que vivimos encerrados. 
Es lógico, los parques públicos ya no son seguros. 
Como tampoco son seguras o buenas o de calidad las escuelas públicas, ni los hospitales públicos o ningún espacio que pueda definirse de esta manera. Lo público, lo de todos, ha quedado en el recuerdo. Lo seguro, lo saludable, lo bonito, es lo privado, lo mio, no lo nuestro.
¿Cuántas empresas que fabrican estos juguetes han rezado por años para que los parques públicos ya no sean seguros? ¿Cuántas empresas, en general, de todos los rubros, han estado rezando a Dios ─es decir, financiando a nuestros gobiernos─ para que lo público, lo nuestro, ya no sea ni tan seguro ni tan sano ni tan lindo como lo privado, lo mío.
Quizás llevamos décadas desde que un director general o gerente de ventas descubrió que lo público, lo de todos, es riqueza de nadie pero lo privado era el negocio de quien pudiera comprar gobiernos y comenzó a convertir países enteros en sectores privados.



*El título pertence al primer CD del grupo argentino "Autofagia". 

octubre 04, 2013

De Galeano a Chevrón, pasaje de ida y vuelta.

Si hay un intelectual al que hayan convertido en bandera en estas últimas décadas ese es Eduardo Galeano.
Bastión de los gobiernos populistas de América Latina, Galeano definió las políticas y los discursos pro Latinoamérica de los últimos años.
Todos los jóvenes que apoyan estos gobiernos lo leen como si de un profeta se tratara. Y tiene sentido.
Lo que no tiene sentido es que aquellos que hayan leído sus libros sean, hoy por hoy, en Argentina, "nacionales y populares".
En 1998 Galeano publica "Patas arriba", un resumen del mundo moderno, corrupto y criminal en un tono irónico, como si se tratara del programa educativo de una escuela para triunfar en este mundo.
En ese libro Galeano dedica todo un capítulo entero a la impunidad de las grandes corporaciones culpables de crímenes de lesa humanidad.
El capítulo de los "modelos a estudiar" está dedicado casi en su totalidad a una empresa: Chevrón.
Allí se nos cuenta sobre los fusilamientos y ahorcamientos de la dictadura nigeriana a mediados de los '90 y cómo el mismo dictador explicaba estos hechos afirmando que la empresa Chevrón así se lo exigía a cambio de invertir en su país: debían asegurar la estabilidad de la empresa y exterminar a todo aquel que denunciara el envenenamiento del medio ambiente ya que eso afectaba negativamente la imágen de la empresa. 
Y el gobierno de Nigeria, cumplió. Como los gobiernos de otros 23 países en los que Chevrón tenía el derecho de apropiarse, como mínimo, del 25% del petróleo extraído sin pagar por él.
Cóbrese a nombre de Platón.

Un avión en Tailandia, un aterrizaje forzoso, los pasajeros dicen haber sido rescatados por una mujer vestida como típica tailandesa que desaparece sin dejar rastros.
Una nota corta sobre el misterioso episodio.
Un montón de cristianos comentando maravillas de la Virgen María.

Esto pasó hace varios siglos en México. Los mayas no dejaban de adorar a su Diosa creadora sin importar el esfuerzo que hicieran los cristianos por hacerlos entrar en razón. Entonces el Vaticano la vistió diferente, le cambió el nombre y la convirtió en la Virgen de Guadalupe.
Lo gracioso (déjeme ser optimista) es ver a tanto Cristiano superado adorando a una mujer que vino de Venus y se convirtió en la madre fundadora de los pueblos meso americanos, muchos miles de años antes de que, en la otra punta del mundo, una virgen (literalmente "mujer soltera, que no ha tenido contacto con hombre", ya que la virginidad debía perderse en la noche de bodas) pariera un niño.

septiembre 30, 2013

Veía desde el balcón su pueblo entero
llorando, gritando, pidiendo
en las calles
limosnas, derechos, justicia.

Había comprado un médico.
Había pagado una década de maestros para sus hijos.
Había comprado un auto, un perro y, por supuesto, ese departamento con balcón.

Los compró porque era joven y su padre le había dicho, enseñado, impuesto...
no sabía de las otras vidas pero desde el balcón las fue descubriendo
una por una, tarde a tarde, noche a noche
cuando las cosas que trepaban hasta su ventana comenzaron a no dejarlo dormir.

Al principio solo veía todo aquel mundo a sus pies como quien asiste a un circo o al teatro.
Hasta que una mañana pasó por debajo suyo un viejo amigo de la infancia buscando trabajo.
Otra tarde un pariente que hacía años no veía pasó cabizbajo, con papeles de hospitales públicos en la mano.
Un día pasó su suegra buscando un abogado que hiciera que el cretino del marido pagara por aquella zorra de la oficina.

De a poco fue construyendo ─sin notarlo, sin quererlo─ una escalera entre el mundo de abajo y su mundo de arriba.

Un día subió por la escalera un telegrama.

Entonces vio desde abajo aquel balcón que no pudo terminar de pagar.
Un otro lo vio pasar buscando trabajo,
vio a su mujer buscando un abogado que terminara aquel hogar que se había vuelto gris,
vio a sus chicos volviendo de una escuela pública,
vio a su perro rascarse las pulgas.

Pasó el resto de su vida tratando de recordar cómo es que había fabricado esa escalera.
Pero en el fondo sabía, había aprendido, que todo lo que sube baja
y que jamás sucede al revés.


septiembre 28, 2013

Un día cualquiera un hombre quiso tener algo que pertenecía a otro hombre. Sabía que no debía, pero el deseo creció dentro suyo y lo devoró de a poco hasta que al fin se decidió y lo tomó.
Al principio se escondió, avergonzado de su acto tan vil. Con el tiempo descubrió que nadie lo buscaba, nadie condenaba su robo. Entonces volvió a robar.
Otro hombre, que también anhelaba algo que tenía su hermano, viendo que nadie lo castigaría por tomar lo ajeno, también robó.
Y luego otro, y otro, y otro. Pronto, cientos de personas robaban y ya nadie preguntaba si aquello estaría bien o mal. Solo lo hacían. Era más fácil que pedir las cosas y más aún, que ganarlas.
Un día eran miles los que robaban sin pudor y ya casi no conocían otra forma de conseguir lo que querían.
Y nadie hacía nada, nadie los castigaba. Apenas unos pocos cobardes que no tenían el valor de adueñarse de lo ajeno condenaban en voz alta aquella costumbre. Pero no pasaba de ahí. 
Un día la gente descubrió con sorpresa que robar era la norma y trabajar, la excepción. Y que quienes robaban triunfaban en la vida más de lo que alguna vez se pensó que podía triunfarse. Incluso, ¡si hasta llegaban a ser poderosos hombres que mandaban y tomaban decisiones!
Y entre los que no robaban se miraron y se dijeron "ya es tarde, ya han vencido". Y se dejaron gobernar esperando, un día, poder al menos robar ellos lo suficiente para vivir.
Es el síndrome del fumador. Nadie mejor que el fumador sabe cuánto daña el cigarrillo (todas esas fotos y leyendas en los atados son cuentos infantiles comparadas con lo que nosotros sabemos por dentro).
Europa fuma Monarquías. Latinaoamérica fuma Gobiernos Corruptos. Estas dos "marquillas" han destruído más vidas que todo el tabaco junto.
Al igual que el fumador cuando dice (como un estúpido) "de algo hay que morir, yo al menos elijo de qué", de un lado y del otro del Océano Atlántico nos autoconvecemos de estar elijiendo nuestro destino. 
Aunque solo estemos dejandonos morir solo para no hacer el esfuerzo de curarnos. 
Pero ya saben cómo es esto: es fácil decir "el cigarrillo me está matando" mientras encendemos otro cigarrillo.

septiembre 26, 2013

La única respuesta que sabía el sabio era "Si lo hubieras sabido antes entonces hubiera sido demasiado tarde antes".
Gratitud

La porquería literaria, esa basura de todos los días que nunca falla. Raramente se me ocurren cosas interesantes que escribir, en cambio esa basura, esos poemas que nunca mostraré a nadie, esos cuentos que ni yo leería...
Esa porquería que siempre sale fácil (no como esas obras maestras que casi nunca aparecen) está en cada verso que han leído, en cada línea escrita que les ha gustado.
Uno no debe ser así, como muchos, ingrato con esa basura. Cuando no hay nada que dispare un buen poema, un buen cuento, ella está ahí, siempre, como la mujer que le ceba mate en la cama a uno cuando anda deprimido o enfermo, o como la mujer que te dice "ya llegará" cuando uno quiere bajar los brazos.
¿Cuántas mañanas hemos perdido buscando un gran poema que contar y, sin embargo, solo ella, esa basura, acudió a calmar nuestra ansiedad, a consolar nuestra mediocridad solo para dejarnos creer que la disciplina servirá de algo?
A esa mujer que acompaña, alienta, sostiene, uno la ama. Entonces, ¿por qué seguimos despreciando esos textos horribles, inleíbles, que siempre están ahí logrando el milagro de que uno siga intentándolo, siga luchando cada verso, cada renglón a pesar de todo?
La ingratitud, sabemos, es un detalle poco agradable y, después de todo, la literatura no tiene la culpa de nuestro poco talento.
No tengamos miedo a la basura literaria, no encontraremos nada más leal en la vida.

septiembre 23, 2013

Variaciones sobre un mismo tema (tema I)

Primera variación:
Los escalones crujieron de a uno a la vez, con una pausa entre uno y otro, como si necesitaran ese segundo para respirar; entonces el hombre levantaba el otro pie y lo apoyaba sobre el siguiente escalón. Lentamente, tratando de hacer el menor ruido posible. Ese segundo le permitía apreciar como nunca antes los vitrales en la pared a la altura del descanso: grandes ángeles, de largas alas en punta, cortaban con espadas de fuego la cabeza de los caídos.Dios observaba, sin tomar parte, desde una nube muy por encima de los que luchaban.
─Así es la vida ─ pensó ─ Dios arriba, lejos, disfrutando de nuestros dolores y nuestras luchas.
El ruido de un trueno lo devolvió a la realidad. Levantó el otro pie y notó que la madera del descanso de la escalera no crujía.
─Buena señal─pensó.
Pero ni bien apoyó un pie en el primer escalón del último tramo el crujido volvió, con la fuerza del contraste con el silencio que lo precedió.
El hombre renegó de su pensamiento anterior.
─Si así tiene que ser, que así sea.
Decidido como estaba a vengarse aspiró con fuerza, como si él también necesitara ese segundo para respirar, y completó los últimos peldaños ya sin preocuparse por el ruido.
En la habitación ─que había sido su habitación─ la encontró, como esperaba, en los brazos desnudos de se hombre que un mes antes lo había quitado del medio con tres disparos.


Segunda variación:
La niña, con sus ojos claros y su ropa sucia de tierra, señaló desde el estrado al hombre que la había asesinado.


Tercera variación:
─¡Abuelo! ─gritaron los dos niños contentos por la visita.
Desde la cocina la madre echó una mirada de disgusto sin decir nada, tratando de aguantar aquello.
El abuelo los abrazo y les revolvió un poco el pelo mientras les preguntaba cosas de la escuela y de cómo estaban pasando el fin de semana largo. Después los soltó y comenzó a enseñarle juegos nuevos que pronto los chicos entendieron y comenzaron a jugar.
Pasado un rato, la madre apareció en la sala y envió los chicos afuera a que fueran a jugar al sol que tenía que hablar con el abuelo.
─Te pedí que no volvieras, papá ─ comenzó la madre ─. A todos nos gustaría que las cosas no fueran como son y ya bastante difícil fue explicarle a los chicos lo del accidente. ¿Sabés lo que es tener que explicar en la escuela que los chicos no hablan en serio cuando dicen que estuvieron jugando contigo? Ya estoy harta de inventar excusas, que ellos creen que todavía estás con nosotros, que son chicos y que no entienden que los muertos se van para siempre. ¿Sabés que me preguntaron anoche mientras los acostaba? Querían que les cuente cómo hacés para bajar del cielo y llegar hasta acá y si alguna vez vas a llevarlos con vos con cuando te vayas.


Cuarta variación:
Con el último aliento llegó hasta los pies de la cama que su viuda compartía con su amante. Y allí cayeron sus huesos como una maldición.

septiembre 18, 2013

Piratería S.A.

Algunos artistas creen que las leyes que dicen proteger a los artistas protegen, en realidad, al intermediario. A esa clase de aves carroñeras que ni escriben ni leen, ni componen ni escuchan, ni pintan ni visitan los museos: solo ganan, ganan, y siguen ganando.
El escritor peruano Rodolfo Arbuena era uno de ellos.
─Yo pago para editar un libro, el lector paga por leerlo, pero el editor cobra por editarlo y cobra por venderlo─ solía decir.
Durante toda su vida luchó por la (mal) llamada "piratería"; no en contra, si no a favor de la piratería.
A tal punto que de sus últimos libros editó un solo ejemplar, con una leyenda que decía:
"Cópielo, de cualquier modo que le sea posible, a mano o por algún medio técnico; préstelo, déjelo olvidado dónde sea que otro pueda encontrarlo. Pero por favor, no haga nada con este libro que evite que otros puedan leerlo."

septiembre 16, 2013

Noe

─A ver, mujer, que Dios me dijo de todas las especies. ¡T-O-D-A-S las especies!
─¡Pero que eres terco, Noe! ¿No ves que te maldecirán durante milenios por subir esos mosquitos?

Ansiedad

Aprendió el lenguaje de los delfines gracias a una vieja silla desvencijada y los largos ataques de ansiedad que le agarraban cuando ella no llegaba.
Autoconocimiento

Todo aquello de la belleza interior o que lo importante es lo de adentro le importaba poco y nada. El feo se sabe feo y sabe que eso es una limitación en todos los aspectos de la vida.
Por eso se escondía el monstruo debajo de la cama, para no asustar al niño.

El elevante

El elevante es un animal gris, de patas cortas y gruesas, de orejas grandes en proporción a la cabeza y pequeño.
Habita en el África más salvaje, donde viven los pigmeos. Justamente, estos, debido a su pequeño tamaño, utilizan al elevante como medio de transporte, aunque también lo cazan para provisionarse de comida y cuero para vestir.
Toda la actividad de estos pigmeos gira en torno al elevante. Para ellos, el resto de la fauna es, simplemente, irrelevante.