Algo para pensar:
Ultimamente, y casi por todos lados, se vienen repitiendo frases como "no a la violencia en el fútbol" o "no a la violencia contra mujeres y niñas".
Más allá de cuestiones educativas básicas (alguno/a me dirá que lo hacía sin saberlo, y es cierto) hay un problemita con este tipo de frases.
Tomemos como ejemplo la siguiente oración: "Repudio la violencia contra mujeres y niñas".
Hay un sujeto tácito ("yo) y el verbo ("repudio") es el núcleo del predicado. Hasta aquí sintaxis fácil y elemental que todos recuerdan.
La segunda parte incluye un objeto directo ("la violencia") y un objeto indirecto ("mujeres y niñas").
Tanto el OD como el OI son MODIFICADORES verbales. MODIFICAN el verbo, en este caso delimitándolo a cierta circunstancia (ya sea el fútbol o las mujeres).
Es decir: ¡se está diciendo que se apoya o no repudia toda otra forma de violencia!
Si querés repudiar la violencia, solo hace falta "no a la violencia". Desde el momento que modificás el verbo poniéndole un límite estás incluyendo a todo el ámbito restante como parte del mensaje opuesto ("No repudio la violencia salvo contra mujeres y niñas").
¿Que estoy exagerando?
Esto es el mismo error tan común y que todos hemos cometido alguna vez: el "te amo cuando me mirás así".
"¿Y cuando no te miro así?" le preguntarán con toda razón.
Hagan un breve experimento: se paran frente a la persona amada y le dicen: "te amo de lunes a viernes".
Nadie responderá a eso con cariño (y podremos ver cuánto repudian ellas la violencia contra nosotros) y todos pensarán en por qué no el fin de semana.
junio 12, 2013
Los hijos bobos de Iván Ilich
I
En la tumba de los políticos y acomodados debería decir algo así como "se metieron los cargos en el culo".
II
Lo bueno de todo esto es que cuando estén muertos ellos y esté muerto uno, uno ya va a estar acostumbrado a ser nada.
III
Me imagino a algún "acomodado" de esos de los que hoy andan por ahí ostentando títulos en la tumba, tratando de convencer a los gusanos de que ellos son especiales.
IV
Lo malo de todo esto es que cuando estén muertos ellos y esté muerto uno, ellos ya van a estar acostumbrados a los gusanos.
junio 04, 2013
Dice Eduardo Galeano, desde un libro que cuesta el 5% de lo que gana un esclavo medio:
"En América latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio."
("La televisión/3"; de "El libro de los abrazos")
Don Eduardo, con muy poco respeto, ¿nos toma por tarados a todos sus lectores?
"En América latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio."
("La televisión/3"; de "El libro de los abrazos")
Don Eduardo, con muy poco respeto, ¿nos toma por tarados a todos sus lectores?
mayo 23, 2013
A los Qom
Mataron a un hombre para sacarle sus tierras. A un indio; lo mató un policía que seguía órdenes de arriba.
Lo mataron por un pedazo de tierra que no vale dos mangos. Pero parece que un funcionario encontró a un empresario que dice que esa tierra puede servirle para algo y pagaría buena coima por comprarla.
La prensa opositora dijo algo. Poco. Casi nada.
Después vino el silencio. Ni siquiera la renuncia de un comisario sin voz ni voto.
Nadie volvió a nombrarlo. Lo habían matado dos veces.
mayo 17, 2013
Tandil: la ciudad ajena.
Alguien pregunta en Twitter sobre unos 600 mil pesos que ingresaron al Municipio estos días por algo de terrenos. Alguien sospecha que mucho de ese dinero se irá en garrafas y cotillón propio del tiempo pre-electoral que vivimos. Nadie se anima a desmentir esto. Parece algo obvio que unos meses antes de las elecciones la prioridad sea juntar votos.
Y vuelve a la mesa una pequeña discusión que llevo un tiempo tratando de meter entre los asuntos importantes del gobierno (juntar votos, no viven para otra cosa). ¿Qué estamos haciendo con la cultura en Tandil?
Hace unos días compartí un artículo que los chicos de la Tandilidad Al Palo tuvieron el mal gusto de poner en su página.
Hay mucho para decir al respecto. Para empezar, el Intendente Lunghi degradó la Secretaría de Cultura y Educación al rango de Subsecretaría. Ni hace falta decir más.
La Subsecretaría le cuesta, al Municipio, más de 1 millón y medio de pesos al año.
¿Saben los ciudadanos de Tandil en qué se gasta ese dienro? No, porque se gasta en sueldos, en mantener un edificio que cuando era el de la Escuela Municipal de Música (y la música sí es cultura) se caían los pedazos de pared, y en publicidad, claro, en pagar al El Eco de Tandil el espacio para anunciar lo que no se hace.
Basicamente, lo que estamos pidiendo algunos escritores locales es que nos den una mano. Un subsidio para editar un libro, una revista con literatura local, lo que sea, pero algo.
¿Es posible esto? ¿Cuánto dinero de la gente se necesitaría? Mucho menos de ese millón de pesos que cuesta mantener una subsecretaría que no hace absolutamente nada.
La edición de un libro normal, de unas 100 páginas con una buena presentación, cuesta, más o menos, entre 6 mil y 7 mil pesos. Es decir que con 70 mil pesos al año, el Municipio podría estar subsidiando a 10 escritores por año. Si se quiere, con 10 mil más subsidiamos hasta 5 revistas literarias (número demasiado alto para nuestra ciudad).
Hablamos de 80 mil pesos (de los que todavía sobraría algo) para resolver la cuestión de los escritores en la ciudad.
¿No hay en el Municipio 80 mil pesos para la cultura local? Obvio que sí. De hecho, contando solamente al Intendente y a los 5 funcionarios más cercanos que tenga se llevan por mes más (bastante más) que eso en lo que ellos llaman "sueldo".
El detalle de cobrar un sueldo por no hacer absolutamente nada lo dejo para otro día.
¿Cuántas veces cobraría el subsidio el autor? Una. Con los ejemplares en mano, el escritor puede salir a venderlos y con eso sumar un ingreso o pagar una re-edición o la edición del próximo libro.
Con nada se puede hacer mucho, Sr. Intendente.
Pero en Tandil, con mucho se hace nada: en El Eco anunciaron para el 25 de mayo la inauguración del primer teatro "pasando la ruta". Es maravilloso (lo del teatro digo, no esa forma vulgar de decir que del otro lado de la ruta no era Tandil antes de esto). Es necesario. Me parece bárbaro.
Lo que me disgusta es ver que siguen degradando a la cultura a lo que queda en el fondo del plato. Siempre es "cultura y educación" "cultura e historia" y cosas así. Para el Intendente Lunghi la cultura, en sí misma, es nada. Cultura es "todo": la historia, el bicentenario, el fútbol, un TV LED en la guardia del hospital para ver tele mientras esperamos 3 horas es cultura.
Después lloramos y compartimos fotos y nos preguntamos qué nos pasó en Tandil para que nos ocurran las tragedias que nos ocurren.
¿Qué nos pasó? Nos pasó Lunghi. Nos pasó una gestión que convirtió la ciudad que fabricaba carrocerías para tractores en una fabrica de chucherías. Nos pasó un intendente para el que la "cultura" es una parte chica, ínfima, del turismo. Nos pasó un intendente que después de casi fundir la Clínica Chacabuco quiso ir por más y destruyó una ciudad entera.
Nos pasó que hicimos la vista al costado, que quisimos vivir la vida fácil del vengan a traer guita a cambio de piedritas de colores, nos pasó que nos cagamos en nuestros hijos y en la ciudad que les estamos dejando.
Nos pasó nosotros. No se pregunten por qué los pibes a los 15 años se emborrachan y se matan estúpidamente. La respuesta es por nosotros, por lo que les estamos dejando. Porque en el mejor de los casos, el futuro que les espera es ser empleado del mes en una hamburguesería o una estación de servicio, o vender artesanías en la plaza.
Nos pasó que en Tandil pasamos de conocernos todos al no me importa el otro.
Antes la ciudad éramos los que la habitábamos, hoy los que vienen a ensuciarla.
mayo 02, 2013
Tres almas
─Mire, lo que me está pidiendo no puedo hacerlo... quiero decir, sí, sí puedo pero es muy difícil y no tengo tantas ganas para serle honesto. Así que mejor haremos lo siguiente: yo lo llevo al futuro, usted allí copia los libros que serán un éxito y a la vuelta, ya otra vez en el presente, los publica antes que lo hagan sus propios autores. ¿Qué le parece?
─Que son cosas parecidas, pero diferentes. Si puede hacerlo así entonces ¿por qué no como lo sugerí yo?
─Mire, de la forma en que usted lo propuso se vuelve más complicado. Llevarlo hacia el pasado o hacia el futuro es un esfuerzo similar pero déjeme decirle que las consecuencias no son las mismas. Si lo llevo al pasado y usted hace todo como dice, yo debería, además, modificar todo el presente para que esas obras, que hoy se atribuyen a ciertos autores, se le atribuyan a usted. Si lo hacemos como yo sugerí, evitamos esa consecuencia y es menos trabajo para mi.
─La pereza es un pecado capital ¿sabía?
─Soy el Diablo, ¿recuerda? Si no puedo pecar yo entonces ¿quién?, digame usted.
─Tiene razón.
─Siempre la tengo.
─Claro, es el diablo.
─No, porque soy viejo.
─Ah, el refrán era cierto...
─Así es....le ruego no se demore tanto en la conversación que no he venido aquí a hacerme su amigo y menos aún su cura confesor... podrá imaginarse.
─Eso depende, ¡si viera a algunos curas!
─Los veo, quédese tranquilo. Deje de dar tantas vueltas que quisera terminar con este asunto para irme rápido. Bastante que me he tomado el trabajo de venir aquí a discutir con un imbécil como usted. Tengo tanto para hacer y usted buscando pelos al huevo. Sea, al menos, agradecido y apure esa desición. ¿Viene al futuro o se queda sentado en el presente?
─Es que hay una diferencia entre lo que yo pedí y lo que usted propone. Si vamos al pasado, a la vuelta yo ya sería un autor conocido y famoso por todo el mundo, pero yendo al futuro, solo tendré la seguridad de serlo en el futuro, quizás unos cien años cuando ya esté muerto.
─Mire, si sigue encendiendo cigarrillo tras cigarrillo va a estar muerto mucho antes. A ver si lo entiende así: yo lo llevo al futuro y usted copia lo que mejor le sirva. Si quiere ser famoso por siempre entonces copia las grandes obras, si quiere fama rápido, se copia algún librito de moda y a la vuelta se llena de dinero y me deja de molestar a mi con tanto capricho infantil. Así que decida rápido si viene al futuro o se queda sentado acá.
Lo quise pensar un momento, pero enseguida el Diablo empezó a bufar y amagó con levantarse para irse.
─¡Está bien! ¡Vamos!
De todo lo que ví en el futuro podría contar muchas cosas. Pero contaré solo lo esencial a mi historia. Por todos lados veía la forma transparente, etérea, de mis colegas escritores. Y no solo ellos, músicos, artistas plásticos, todos mis contemporáneos más reconocidos andaban por allí observando el futuro.
Cuando finalmente logré salir de mi asombro y sintiéndome algo estafado, pregunté:
─¿Cómo es que todos están aquí también? ¿Acaso a todos nos ofreces lo mismo? ¡Me has estafado! ¡Te entregué el alma a cambio de nada!
El Diablo me miró ya fastidiado en serio.
─Mire, no lo he engañado. Usted pidió esto y yo cumplí. Y para que sepa, ninguno de esos colegas suyos me ha venido el alma.
Notando mi asombro, mi desentendimiento total del asunto, entendió que debía explicarse un poco mejor.
─Verá, todos esos artistas que usted ve no han necesitado de mi ayuda: son, simplemente, artistas verdaderos. No necesitan de trampas, son capaces de adelantarse a su tiempo por sí mismos y crear sus obras a partir de su propia genialidad. En cambio usted, Zampatti, ¡usted es un mediocre que no puede ver ni sus propias narices! Usted necesita de metáforas tan vulgares como esta historia ─¡que de hecho hasta la ha robado!─ para explicar lo que un artista es y hace. Nadie lo ha engañado, bueno, salvo el "de arriba", que lo ha dejado creerse un artista, pero nada de lo que yo pueda decir contra Él ustedes lo van a tomar en serio. Hágame el favor de robar lo que quiera robar del futuro y volvamos. Que su compañía no es precisamente un placer.
Sentí una gran tristeza.
─Volvamos ─dije.
─¿No va a llevarse nada?
─No, ya no me interesa nada.
Volvimos sin decir una palabra en todo el viaje y otra vez estábamos sentados en la mesa de aquel café, frente a frente, yo mudo y el mirándome.
─Bueno, usted gana. Puede llevarse mi alma.
─No hay prisa, cuando muera hablamos.
─No tengo ganas de quedarme, cobre su deuda ahora y terminemos esta fantochada.
El Diablo me miró.
─Mire, Zampatti. No es algo que suela hacer mucho pero haré una excepción. Finalmente, usted no obtuvo nada de todo esto, nada bueno quiero decir. Y aunque parezca mentira, tengo un corazón. Usted ya pagó demasiado caro todo esto. Y además que su alma tampoco vale tanto como para andar quedando yo como el malo de la película por tan poca cosa. Le voy a hacer precio: con su tristeza me doy por pagado.
Se levantó y comenzó a abrigarse para salir a la calle.
─Ah ─ dijo antes de salir ─no se preocupe que el café lo pago yo.
Y haciendo un gesto que el dueño ya conocía y entendió rápidamente cruzó la puerta y salió. Yo estuve allí no sé por cuánto tiempo. Cuando comenzaron a llegar los demás escritores inventé un malestar de no recuerdo qué y me fui.
La inteporlación de la frase "─¡que de hecho hasta la ha robado─" ha despertado algunas suspicacias entre personas del ambiente. Hay quienes consideran que no es este el relato verdadero sino que es una versión maliciosamente modificada para ocultar la verdad y que esa frase es un guiño del autor, en su deseperación ante el engaño, por revelarnos los verdaderos hechos tal como ocurrieron. En consecuencia, se supone la existencia de una versión inédita y desconocida de este relato en el que el Diablo acepta el pedido del autor tal como este lo propone y lo lleva al año 1919.
Mucho se ha discutido sobre esto y existen algunos puntos de vista que resulta interesante mencionar.
Quienes sostienen la existencia de esta versión afirman que el autor fue engañado por el Oscuro ya que el relato que pretendió robar en el pasado fue igualmente publicado por su autor, Max Beerbohm, en el libro "Seven men" de 1919.
Dejaremos de lado los aspectos más leguleyos de la discusión sobre si el el autor debió especificar en su pedido que el diablo debía asegurar la no la publicación de la obra en el pasado, si este detalle significa un incumplimiento que anula automáticamente el trato o sí, de todos modos, el Señor del Averno se adueñó del alma del autor.
Sí mencionaremos, en cambio, la aparición de un tercer grupo en la discusión, defensores también de la existencia de esa versión inédita, que afirma que Beerboohm también fue víctima del mismo engaño ya que la obra pertenece en realidad a un tal Enoch Soames, a quien el autor anglosajón utilizó como protagonista y que también habría sido engañado de un modo similar.
La discusión lleva tiempo y presumimos que no podrá resolverse en años, si es que se resuelve. Sin un documento que prueba la existencia de una versión diferente, o la existencia real del hasta ahora personaje ficticio Enoch Soames, dificlmente podrán ponerse de acuerdo los involucrados en la discusión.
En lo personal creo que, estando de por medio el mismo Diablo, jamás encontraremos la verdad.
en memoria y reinvidicación
de Enoch Soames.
Me había sentado junto a una de las ventanas del café en el que
nos juntábamos con otros escritores de la cuidad. Me gustaba llegar antes que
el resto, cuando todavía era de día y pedirme un café antes de formar parte del
bullicio de la tertulia.
Yo no era de los mejores, pero sí de los más ambiciosos, y
persistentes. Los demás eran no solo más jóvenes sino también más inteligentes
que yo y lograban si en el menor esfuerzo páginas mucho mejores que las
mías.
La tarde de la que quiero hablar el Diablo, el mismísimo Diablo se
me apareció de pie frente a mi mesa.
Sin pedir permiso se sentó y cumplió con la ya conocida formalidad
de presentarse a sí mismo y explicar el clásico trato del intercambio de almas
por favores.
─¿Puedo ofrecerle algo? ─dijo y me miró con sus ojos de
fuego.
─Quisiera viajar al pasado. Déjeme que le explique: soy escritor.
Uno de los tantos escritores desconocidos que andan por el mundo esperando su
momento de gloria. Y usted puede ayudarme con eso. Si me llevara al pasado, yo
podría publicar con mi propio nombre cualquier libro antes que lo haga su
verdadero autor. Publicaría dos o tres títulos que hoy gozan de cierta fama y
así sería hoy un escritor de fama mundial.
El diablo se quedó pensativo un segundo, haciendo algunas cuentas,
hasta que al fin habló:
─Mire, lo que me está pidiendo no puedo hacerlo... quiero decir, sí, sí puedo pero es muy difícil y no tengo tantas ganas para serle honesto. Así que mejor haremos lo siguiente: yo lo llevo al futuro, usted allí copia los libros que serán un éxito y a la vuelta, ya otra vez en el presente, los publica antes que lo hagan sus propios autores. ¿Qué le parece?
─Que son cosas parecidas, pero diferentes. Si puede hacerlo así entonces ¿por qué no como lo sugerí yo?
─Mire, de la forma en que usted lo propuso se vuelve más complicado. Llevarlo hacia el pasado o hacia el futuro es un esfuerzo similar pero déjeme decirle que las consecuencias no son las mismas. Si lo llevo al pasado y usted hace todo como dice, yo debería, además, modificar todo el presente para que esas obras, que hoy se atribuyen a ciertos autores, se le atribuyan a usted. Si lo hacemos como yo sugerí, evitamos esa consecuencia y es menos trabajo para mi.
─La pereza es un pecado capital ¿sabía?
─Soy el Diablo, ¿recuerda? Si no puedo pecar yo entonces ¿quién?, digame usted.
─Tiene razón.
─Siempre la tengo.
─Claro, es el diablo.
─No, porque soy viejo.
─Ah, el refrán era cierto...
─Así es....le ruego no se demore tanto en la conversación que no he venido aquí a hacerme su amigo y menos aún su cura confesor... podrá imaginarse.
─Eso depende, ¡si viera a algunos curas!
─Los veo, quédese tranquilo. Deje de dar tantas vueltas que quisera terminar con este asunto para irme rápido. Bastante que me he tomado el trabajo de venir aquí a discutir con un imbécil como usted. Tengo tanto para hacer y usted buscando pelos al huevo. Sea, al menos, agradecido y apure esa desición. ¿Viene al futuro o se queda sentado en el presente?
─Es que hay una diferencia entre lo que yo pedí y lo que usted propone. Si vamos al pasado, a la vuelta yo ya sería un autor conocido y famoso por todo el mundo, pero yendo al futuro, solo tendré la seguridad de serlo en el futuro, quizás unos cien años cuando ya esté muerto.
─Mire, si sigue encendiendo cigarrillo tras cigarrillo va a estar muerto mucho antes. A ver si lo entiende así: yo lo llevo al futuro y usted copia lo que mejor le sirva. Si quiere ser famoso por siempre entonces copia las grandes obras, si quiere fama rápido, se copia algún librito de moda y a la vuelta se llena de dinero y me deja de molestar a mi con tanto capricho infantil. Así que decida rápido si viene al futuro o se queda sentado acá.
Lo quise pensar un momento, pero enseguida el Diablo empezó a bufar y amagó con levantarse para irse.
─¡Está bien! ¡Vamos!
De todo lo que ví en el futuro podría contar muchas cosas. Pero contaré solo lo esencial a mi historia. Por todos lados veía la forma transparente, etérea, de mis colegas escritores. Y no solo ellos, músicos, artistas plásticos, todos mis contemporáneos más reconocidos andaban por allí observando el futuro.
Cuando finalmente logré salir de mi asombro y sintiéndome algo estafado, pregunté:
─¿Cómo es que todos están aquí también? ¿Acaso a todos nos ofreces lo mismo? ¡Me has estafado! ¡Te entregué el alma a cambio de nada!
El Diablo me miró ya fastidiado en serio.
─Mire, no lo he engañado. Usted pidió esto y yo cumplí. Y para que sepa, ninguno de esos colegas suyos me ha venido el alma.
Notando mi asombro, mi desentendimiento total del asunto, entendió que debía explicarse un poco mejor.
─Verá, todos esos artistas que usted ve no han necesitado de mi ayuda: son, simplemente, artistas verdaderos. No necesitan de trampas, son capaces de adelantarse a su tiempo por sí mismos y crear sus obras a partir de su propia genialidad. En cambio usted, Zampatti, ¡usted es un mediocre que no puede ver ni sus propias narices! Usted necesita de metáforas tan vulgares como esta historia ─¡que de hecho hasta la ha robado!─ para explicar lo que un artista es y hace. Nadie lo ha engañado, bueno, salvo el "de arriba", que lo ha dejado creerse un artista, pero nada de lo que yo pueda decir contra Él ustedes lo van a tomar en serio. Hágame el favor de robar lo que quiera robar del futuro y volvamos. Que su compañía no es precisamente un placer.
Sentí una gran tristeza.
─Volvamos ─dije.
─¿No va a llevarse nada?
─No, ya no me interesa nada.
Volvimos sin decir una palabra en todo el viaje y otra vez estábamos sentados en la mesa de aquel café, frente a frente, yo mudo y el mirándome.
─Bueno, usted gana. Puede llevarse mi alma.
─No hay prisa, cuando muera hablamos.
─No tengo ganas de quedarme, cobre su deuda ahora y terminemos esta fantochada.
El Diablo me miró.
─Mire, Zampatti. No es algo que suela hacer mucho pero haré una excepción. Finalmente, usted no obtuvo nada de todo esto, nada bueno quiero decir. Y aunque parezca mentira, tengo un corazón. Usted ya pagó demasiado caro todo esto. Y además que su alma tampoco vale tanto como para andar quedando yo como el malo de la película por tan poca cosa. Le voy a hacer precio: con su tristeza me doy por pagado.
Se levantó y comenzó a abrigarse para salir a la calle.
─Ah ─ dijo antes de salir ─no se preocupe que el café lo pago yo.
Y haciendo un gesto que el dueño ya conocía y entendió rápidamente cruzó la puerta y salió. Yo estuve allí no sé por cuánto tiempo. Cuando comenzaron a llegar los demás escritores inventé un malestar de no recuerdo qué y me fui.
La inteporlación de la frase "─¡que de hecho hasta la ha robado─" ha despertado algunas suspicacias entre personas del ambiente. Hay quienes consideran que no es este el relato verdadero sino que es una versión maliciosamente modificada para ocultar la verdad y que esa frase es un guiño del autor, en su deseperación ante el engaño, por revelarnos los verdaderos hechos tal como ocurrieron. En consecuencia, se supone la existencia de una versión inédita y desconocida de este relato en el que el Diablo acepta el pedido del autor tal como este lo propone y lo lleva al año 1919.
Mucho se ha discutido sobre esto y existen algunos puntos de vista que resulta interesante mencionar.
Quienes sostienen la existencia de esta versión afirman que el autor fue engañado por el Oscuro ya que el relato que pretendió robar en el pasado fue igualmente publicado por su autor, Max Beerbohm, en el libro "Seven men" de 1919.
Dejaremos de lado los aspectos más leguleyos de la discusión sobre si el el autor debió especificar en su pedido que el diablo debía asegurar la no la publicación de la obra en el pasado, si este detalle significa un incumplimiento que anula automáticamente el trato o sí, de todos modos, el Señor del Averno se adueñó del alma del autor.
Sí mencionaremos, en cambio, la aparición de un tercer grupo en la discusión, defensores también de la existencia de esa versión inédita, que afirma que Beerboohm también fue víctima del mismo engaño ya que la obra pertenece en realidad a un tal Enoch Soames, a quien el autor anglosajón utilizó como protagonista y que también habría sido engañado de un modo similar.
La discusión lleva tiempo y presumimos que no podrá resolverse en años, si es que se resuelve. Sin un documento que prueba la existencia de una versión diferente, o la existencia real del hasta ahora personaje ficticio Enoch Soames, dificlmente podrán ponerse de acuerdo los involucrados en la discusión.
En lo personal creo que, estando de por medio el mismo Diablo, jamás encontraremos la verdad.
Encantos y desencantos de hacer literatura.
"[El Gobierno] avanzará en la prohibición para la importación de libros y publicaciones. Sucede que [...] considera que no se cumplió el pacto que marcaba que en un plazo de no más de un año las editoriales tenían que producir la misma cantidad de libros dentro del país que las que se importan."
(Diario Fortuna:
http://fortunaweb.com.ar/2013-05-02-120805-moreno-restringe-aun-mas-las-importaciones/)
Y uno no sabe dónde ponerse. De un lado, el claro y cierto fascimo no permitir la entrada al país de libros (algo que no ocurría desde la última dictadura militar). Del otro, la misma actitud mercenaria de siempre.
Entre los fascistas del gobierno y los delincuentes de las editoriales (recordemos que la usura es un delito condenado por las leyes de nuestro país, y ni hablar de la explotación) quedamos (léase: morimos de hambre) los escritores.
La pregunta que primero me llega es ¿quién carajo nos representa? Ni el gobierno, esto lo vemos, ni las editoriales, esto lo supimos desde que empezamos a escribir.
En Argentina, la publicación de un libro (hablo de una obra literaria no comercial) es una rareza más parecida a entregar una adolescente atada a un violador que a un acto de cultura.
Los costos son altísimos, imprimir un libro hoy es un lujo que solamente Dalma Maradona (nadie podrá explicarnos jamás en qué clase de sociedad enferma eso es una "escritora") y los mejores exponentes de la TV basura pueden pagar.
Pero el problema no es lo inaccesible de los costos. El verdadero problema es que estos no son una consecuencia natural del trabajo de edición o impresión (en otros paises los costos no llegan ni a la mitad de los números que manejamos aquí en Argentina) sino que son, en igual medida, consecuencia de dos problemas de la sociedad argentina.
En primer lugar, la situación económica estilo "Titanic" de un gobierno inútil y corrupto. Mientras las políticas económicas han destruído la capacidad de consumo de la población, desde las políticas culturales y vinculadas a la educación (des-educación mejor dicho) se ha acabado con ese grupo de bichos raros que leían y leían bien. Por poner un ejemplo muy claro, con los 60 millones de euros del caso de lavado y fuga de dinero que se descubrió en las última semanas se hubieran podido editar, al menos, ¡84.000 libros de autores independientes! Pero desde el Gobierno se escogió llevar ese dinero a paraísos fiscales en cuentas a nombre de altos funcionarios del propio gobierno.
En segundo lugar, por la avaricia desmedida e inmoral de los editores que se llevan alrededor del 95% de las ganancias totales de cada ejemplar que, como si fuera poco, es vendido con el mayor sobreprecio que pudiera imaginar cualquiera de esas ratas.
Para que el lector lo entienda más fácil. La editorial Siglo XXI, por poner un ejemplo rápido y sencillo, no puede estar teniendo de costo, por cada ejemplar de Eduardo Galeano, más de 35 o 40 pesos argentinos. Ese es el costo que tendría yo, simple mortal, para imprimir un libro de esas características e ingresarlo al circuito a través de alguna distribuidora. Una editorial de esa magnitud debe estar, actualmente, por la mitad de esos costos, sin embargo, el precio de venta de cada ejempar es de 120 pesos argentinos ("apenas" cien en alguna feria del libro medianamente decente). Obtienen, por cada ejemplar vendido, una ganancia superior a 3 veces el costo de producción. O sea, remarcan los libros con más del 300% de ganancia, mientras pagan a los autores de 2 a 3 pesos por ejemplar vendido (esto en casos como el de Galeano, ya que los autores no famosos no llegan a cobrar 1 peso por ejemplar vendido ni agotando la edición completa).
Hay también un tercer factor en todo esto. Alguien dijo que lo peor de las injusticias es el silencio de los buenos. Y también somos cómplices todos aquellos que escribimos. Sí, todos. Especialmente aquellos que viven esperando el milagroso mail de una editorial que, sin ninguna necesidad ni convenciencia propia (entiéndase en tono irónico, por favor), nos haga el favor de tirar en las librerías (sin publicidad ni nada que se parezca) unos doscientos o trescientos ejemplares de lo que tuvimos el coraje de escribir. Sin regalías, sin adelantos ni nada que se aprezca a un ingreso en dinero.
No importa si el autor estuvo tres años para dar forma a algo medianamente decente, ellos pagan, cuando la edición se agote (algo que no suele pasar para un primer o segundo libro, sépalo el lector), centavos por cada ejemplar.
Y nosotros nos quedamos callados. Esperando como animales de presa la oportunidad de estampar una firma que hemos ensayado por años (debe ser una firma propia de un literato para no quedar con la sensación de ser un pobre diablo más) y sonriendo con la foto de fingida postura de intelectual o poeta en la contratapa.
Será que el optimismo no es para intelectuales, sensibleros o bohemios que uno espera, como un milagro, que sea el público el que un día se canse de todo esto y no vuelva a pisar una librería y solo compre libros a autores independientes que no acetan ser parte de ese juego perverso en el que el escritor para por escribir, el lector paga por leer y la editorial gana por... por... ¿por?
Ojalá un día pase. Es cada vez más difícl creer que seremos los escritores los que salgamos a defender, contra nuestros propios intereses, nuestros propios intereses.
"[El Gobierno] avanzará en la prohibición para la importación de libros y publicaciones. Sucede que [...] considera que no se cumplió el pacto que marcaba que en un plazo de no más de un año las editoriales tenían que producir la misma cantidad de libros dentro del país que las que se importan."
(Diario Fortuna:
http://fortunaweb.com.ar/2013-05-02-120805-moreno-restringe-aun-mas-las-importaciones/)
Y uno no sabe dónde ponerse. De un lado, el claro y cierto fascimo no permitir la entrada al país de libros (algo que no ocurría desde la última dictadura militar). Del otro, la misma actitud mercenaria de siempre.
Entre los fascistas del gobierno y los delincuentes de las editoriales (recordemos que la usura es un delito condenado por las leyes de nuestro país, y ni hablar de la explotación) quedamos (léase: morimos de hambre) los escritores.
La pregunta que primero me llega es ¿quién carajo nos representa? Ni el gobierno, esto lo vemos, ni las editoriales, esto lo supimos desde que empezamos a escribir.
En Argentina, la publicación de un libro (hablo de una obra literaria no comercial) es una rareza más parecida a entregar una adolescente atada a un violador que a un acto de cultura.
Los costos son altísimos, imprimir un libro hoy es un lujo que solamente Dalma Maradona (nadie podrá explicarnos jamás en qué clase de sociedad enferma eso es una "escritora") y los mejores exponentes de la TV basura pueden pagar.
Pero el problema no es lo inaccesible de los costos. El verdadero problema es que estos no son una consecuencia natural del trabajo de edición o impresión (en otros paises los costos no llegan ni a la mitad de los números que manejamos aquí en Argentina) sino que son, en igual medida, consecuencia de dos problemas de la sociedad argentina.
En primer lugar, la situación económica estilo "Titanic" de un gobierno inútil y corrupto. Mientras las políticas económicas han destruído la capacidad de consumo de la población, desde las políticas culturales y vinculadas a la educación (des-educación mejor dicho) se ha acabado con ese grupo de bichos raros que leían y leían bien. Por poner un ejemplo muy claro, con los 60 millones de euros del caso de lavado y fuga de dinero que se descubrió en las última semanas se hubieran podido editar, al menos, ¡84.000 libros de autores independientes! Pero desde el Gobierno se escogió llevar ese dinero a paraísos fiscales en cuentas a nombre de altos funcionarios del propio gobierno.
En segundo lugar, por la avaricia desmedida e inmoral de los editores que se llevan alrededor del 95% de las ganancias totales de cada ejemplar que, como si fuera poco, es vendido con el mayor sobreprecio que pudiera imaginar cualquiera de esas ratas.
Para que el lector lo entienda más fácil. La editorial Siglo XXI, por poner un ejemplo rápido y sencillo, no puede estar teniendo de costo, por cada ejemplar de Eduardo Galeano, más de 35 o 40 pesos argentinos. Ese es el costo que tendría yo, simple mortal, para imprimir un libro de esas características e ingresarlo al circuito a través de alguna distribuidora. Una editorial de esa magnitud debe estar, actualmente, por la mitad de esos costos, sin embargo, el precio de venta de cada ejempar es de 120 pesos argentinos ("apenas" cien en alguna feria del libro medianamente decente). Obtienen, por cada ejemplar vendido, una ganancia superior a 3 veces el costo de producción. O sea, remarcan los libros con más del 300% de ganancia, mientras pagan a los autores de 2 a 3 pesos por ejemplar vendido (esto en casos como el de Galeano, ya que los autores no famosos no llegan a cobrar 1 peso por ejemplar vendido ni agotando la edición completa).
Hay también un tercer factor en todo esto. Alguien dijo que lo peor de las injusticias es el silencio de los buenos. Y también somos cómplices todos aquellos que escribimos. Sí, todos. Especialmente aquellos que viven esperando el milagroso mail de una editorial que, sin ninguna necesidad ni convenciencia propia (entiéndase en tono irónico, por favor), nos haga el favor de tirar en las librerías (sin publicidad ni nada que se parezca) unos doscientos o trescientos ejemplares de lo que tuvimos el coraje de escribir. Sin regalías, sin adelantos ni nada que se aprezca a un ingreso en dinero.
No importa si el autor estuvo tres años para dar forma a algo medianamente decente, ellos pagan, cuando la edición se agote (algo que no suele pasar para un primer o segundo libro, sépalo el lector), centavos por cada ejemplar.
Y nosotros nos quedamos callados. Esperando como animales de presa la oportunidad de estampar una firma que hemos ensayado por años (debe ser una firma propia de un literato para no quedar con la sensación de ser un pobre diablo más) y sonriendo con la foto de fingida postura de intelectual o poeta en la contratapa.
Será que el optimismo no es para intelectuales, sensibleros o bohemios que uno espera, como un milagro, que sea el público el que un día se canse de todo esto y no vuelva a pisar una librería y solo compre libros a autores independientes que no acetan ser parte de ese juego perverso en el que el escritor para por escribir, el lector paga por leer y la editorial gana por... por... ¿por?
Ojalá un día pase. Es cada vez más difícl creer que seremos los escritores los que salgamos a defender, contra nuestros propios intereses, nuestros propios intereses.
mayo 01, 2013
Día del trabajador
Lo digo en voz baja para no joder a los que están celebrando: feliz dia al que no tiene trabajo o tiene un trabajo que no es el suyo.
La RAE define el término "esclavo" como "aquel que carece de su libertad, que está sometido a una voluntad ajena o que ha perdido su libertad en cumplimiento de un deber impuesto".
No, no leíste mal. Detalles y contradicciones de un sistema hipócrita: la sola imposición por otros de un horario ya es esclavitud; tener remuneración fija independientemente del trabajo realizado y decidido por quienes contratan también es esclavitud...tener que trabajar de lo que haya para no morirse de hambre o quedarse en la calle, también es esclavitud.
¿Sabían eso? No, nadie nos dice eso. Prefieren que no se sepa, que no se comente. Y los organismos internacionales, esos que se llenan de medallitas y honores por defender los derechos humanos y la democracia (¡la Gran Libertad!) también lo saben. Y también se callan.
Porque hay que alimentar al sistema. Al gran hermano. Así como hace miles de años el hombre era el invento de los dioses que necesitaban mano de obra barata, hoy la humanidad entera es la mano de obra de un sitema corrupto y alienante que busca, por sobre todas las cosas, impedir el desarrollo individual para que la gente no esté "liberada" de yugos y se le ocurra ser feliz.
Hay que evitar conciencias libres. Que la gente no sepa nunca que está siendo explotada intencional y maliciosamente para mantenerla deprimida, carente de autoestima y fácil de manipular. Porque el poder, el sistema, o como quieras llamarlo, es, e definitiva, un grupo de personas que viven del trabajo ajeno.
Si se nos ocurriera no trabajar más para ellos, ¿cuánto tardarían esos inútiles en morirse de hambre?
Somos, aunque duela asumirlo, la mano de obra que alimenta a esa selecta raza de los que tienen la llave de los Bancos, las Catedrales y los Parlamentos.
Todo aquel que se vea forzado a un trabajo no elegido libremente por el individuo es un esclavo.
Parece solo un juego de palabras, la manipulación malintencionada de una definición para arruinarte tu día de merecido descanso. Pero no lo es. La concepción del trabajo que los Estados actuales imponen son, y no hay vueltas que darle, formas encubiertas de esclavitud.
Es un buen día para expresar el resignado deseo de que alguna vez se invente el concepto de "trabajo digno" (es decir, trabajo libre).
Y terminar de una vez con la mentira según la cual el trabajo dignifica. A veces dignifica, la mayoría de las veces esclaviza.
No cualquier trabajo dignifica. La dignidad es la consecuencia directa del desarrollo personal del individuo que es plenamente libre de escoger sus deberes, sus responsabilidades, y asumir la responsabilidad (¡qué la felicidad tampoco es gratis!) que esto implica.
Solo cuando todos seamos libres de escoger nuestras obligaciones personales (finalmente, son personales, no estatales o societales) seremos libres del constante estado de enajenación en la que vivimos.
Es nuestro derecho y es también obligación del Estado garantizarnos este derecho: ser libres, absolutamente libres, de escoger nuestro trabajo sin ninguna imposición externa.
De todos modos, aprovechen este feriado lluvioso ideal para quedarse en casa y descansar. Al fin y al cabo, este día también lo inventaron ellos para que te creas el cuentito del trabajador.
Pero vos disfrutalo, que bien merecido lo tenés.
abril 26, 2013
El argumento del fumador: el voto kamikaze.
La respuesta más habitual de los fumadores, a la hora de explicar por qué no deja ese vicio, ha sido siempre algo así como esto:
"Si igual me voy a morir, al menos elijo de qué"
Un argumento idiota hasta para mi que lo he usado alguna vez (o varias).
Lo cierto es que, en política al menos, parece que los argentinos hemos caído tan bajo que ya decidimos el voto en base a ese mismo argumento. Sería algo así:
"Ya que todos nos vamos a morir, al menos elijo que me mate la policía o un chorro en CABA"o
"Ya que todos nos vamos a morir, al menos elijo que me dejen morir en una inundación porque se afanaron la guita del entubamiento del Maldonado".
Los que hace diez o quince años creíamos que el voto castigo era lo peor que nos podía pasar como país (así le abrimos la puerta al Menemismo y, después, contra el mismo Menemismo, al Kirchnerismo) descubrimos que este país no va a dejar de sorprendernos nunca. Siempre hay un subsuelo más al que seguir cayendo.
Ahora resulta que castigamos al Macrismo votando al Kirchnerismo, y castigamos al Kirchnerismo votando al Macrismo...¡genios! ¡genios mundiales de las redes sociales! ¡Barriletes cósmicos de la democracia!
Si es cierto aquello de que cada país tiene el gobierno que se merece, también es cierto que Dios es argentino, porque lo que es nosotros, por merecimiento, deberíamos tener gobiernos mucho peores todavía.
A pesar del "voto kamikaze" seguimos vivos. Deberíamos dar gracias.
Un día decidió que sería él mismo su propio reloj. A cada vuelta completa de su sangre por todo su sistema de venas y arterias le daría un nombre que reemplazaría a los minutos.
Porque el tiempo es interno, pensaba, propio.
─Mi tiempo es humano y ningún artilugio mecánico me dirá cuándo es el momento de nada.
abril 25, 2013
Me dormí. De haber podido estar en Buenos Aires quizás hubiera estado en la calle, frente al congreso, hasta la hora que fuera. Pero "el modelo" (no tenía un mango) me lo impidió y me dormí mirádolo por televisión.
Sin otra solución, me tuve que conformarcon onfiar en mis compatriotas apostados con firme decisión frente al congreso. En esos millones de compatriotas que tienen la ventaja de estar donde se toman las decisiones que afectarán a país entero y que allí estaban, tan firmes...
Bueno, no tan firmes.
Cuando me desperté hoy lo primero que hice fue encender la tele para enterarme si había terminado todo o si el resto del país teníamos que salir también a la calle a dar una mano a los que gritaban en Buenos Aires y a mostrar que no eran solo unos caceroludos de algún barrio cheto de Baires.
Bastó un titular y un pequeño zapping por los canales de la "opo" para saber que habíamos perdido. No, que nos habíamos rendido.
En 1999, y con casi el 50% de los votos, asumía el gobierno de De La Rúa. A días de cumplirse los dos años de gobierno, nadie pensó en las instituciones, en dejarlo terminar, en que había sido electo por la mayoría. Nos metieron la mano en el bolsillo. Había que pedir la cabeza de todos. Que sepan que a los argentinos nadie nos roba tan descaradamente y que si se quieren robar la patria entera que laven la guita de la obra pública como hace cualquier gobierno decente.
Pero en la cara y con un decreto no, eso era imperdonable. Quedarse con los ahorros era el límite a la institucionalidad y la democracia.
Hoy, la vergüenza de ser argentino es grande. Mayor aun que la crisis de fines de 2001 o cualquier escándalo de este gobierno.
Más grande que la patria que nos parió.
La Plaza se llena cuando no podemos comprar dólares o viajar al exterior. Anoche, se fueron a dormir.
Hoy han destruido la república. Hoy fuimos la generación que dejó que destruyeran la República Argentina. Hoy somos los que dentro de diez años vamos a decir "yo no la voté" o "yo estaba gritando en la calle para que no lo hicieran".
Pero es mentira, somos los que hacemos explotar las redes sociales mirando a Lanata el domingo a la noche, los que compartimos fotos graciosas (¡porque encima nos parece gracioso!) sobre los impresentables que se llevan bolsos y bolsos de dinero.
Si, reírse de Karina Jelinek es divertido, pobre boluda que no entiende nada y nosotros todo. ¿Nosotros sí entendemos? Ahora si me causó gracia.
Las generaciones futuras sentirán vergüenza de nosotros. Y con mucha razón.
Seremos, para la historia, la generación que volteó a un presidente cuando nos limitó el acceso a los ahorros , pero que se quedó callada cuando nos quitaron la Constitución y nuestros derechos básicos.
Porque esto recién empieza. Ahora es fácil imaginar lo que sigue con este gobierno criminal y sin Poder Judicial que nos defienda o, al menos, les meta una pequeña duda o temor a estos delincuentes.
Me da vergüenza ser parte de esta generación de argentinos. Y ojalá a ustedes también.
Finalmente, el Kirchnerismo tenía razón sobre los caceroludos. Gritan para ir a Miami. Y ojalá se vayan. Y no vuelvan.
Bunos Aires nos dejó solos. Estaban ahí, tenían que gritar, romper, empezar el ruido hasta que los demás (al menos el que puediera pagarse un boleto) llegaran. Pero se fueron a dormir.
Para terminar, solo una cosa más: que nadie vuelva a quejarse. De nada. Porque no nos ganaron ellos, perdimos nosotros, nos rendimos, vendimos la patria por el subsidio, el plan, la asignación universal por hijo y el fútbol para todos.
Nos merecemos diez años más de Kirchnerismo. Y bien calladitos la boca.
abril 23, 2013
Feliz día del libro
Los libros. El día del libro y el compromiso de pensar en uno, en dos, en tres a lo sumo y no perderme bajo esa montaña de libros que no tendré nunca.
Si tengo que pensar en los predilectos, en esos con los que camino (de alguna forma uno se ha convertido en algo así como un reader que almacena libros en su memoria), me marea y me pierdo entre tantos títulos.
Así que haré un resumen. Un pequeño catálogo de los que no me estoy olvidando en este mismo instante.
El primero, la "Ética para Amador" de Savater que me prestó una novia.
Después la costumbre de llevarme en el bolsito de la facultad los pequeños tomos de una colección de Crónica (cien x cien, creo que se llamaban). "La metamorfosis", de Kafka; "Bola de sebo", de Maupassant; algunos cuentos de Hoffman; "La muerte de Iván Ilich" y "Iván el tonto"de Tolstoi...algunos de la colección.
Pasaron muchos libros, desde entonces.
Una edición viejísima de la "Antología apócrifa" de Nalé Roxlo, que presté y nunca volvió y juro que de verdad lo extraño.
Un volumen chiquito de artículos de Miguel Unamuno y luego, su nivola, "Niebla" con el inolvidable Augusto Pérez discutiendo con su propio autor sobre su derecho a existir.
Una época de muchos viajes que me llevaba los tomos completos de Borges y Cortazar sacados de la biblioteca del colegio. Ahí, en esa biblioteca, también encontré una edición de lujo, en papel Biblia, de las "Cartas a Milena" de Kafka, los dos tomos de una introducción a la filosofía que me vaciaron el cerebro y me volvieron un refutador de todo y mi primer lectura del Quijote la tarde que ella entró a la biblioteca cuando yo tenía apenas 16 años.
Más frescos están los de Galeano, regalos de cumpleaños de mi hermana tan bien y bellamente dedicados.
No puedo olvidar del primer tomo de las obras completas de Tolstoi en encuadernación de lujo. Nunca conseguí los otros tomos.
Algunas ediciones Castalia (El Lazarillo de Tormes, Vicente Aleixandré...) que son un lujo humilde con sus prólogos y estudios preliminares que no he encontrado en otras ediciones.
Una edición bilingüe del "Critón" de Platón, que me di el gusto de leer en griego antiguo, o los poemas de Horacio y los "Comentarios a la guerra de las Galias", de Julio César, ambos leídos en latín.
Son muchísimos libros a los que he dado rango de familia.
El último, el más fresquito: los cuentos completos de Cortazar, con la letra de ella en la página en blanco del comienzo. He besado esa dedicatoria solo para traerla.
Y sí, tengo que incluirlo, aunque con cierta vergüenza: mi "Primeros poemas", todo un bastardo que trato y trato de convertir en el primogénito. Solo por amor. Y el próximo, "Enamorado del rayo", ese libro que moriré sin terminar nunca. Los dos están guardados también en esto que ni sé que es.
Digamos, solo para justificar los últimos minutos que he perdido escribiendo esto, que es un homenaje a todos los libros que he amado.
Pablo Mosse (¡cómo pude olvidarme de contar su libro en esta lista!) dijo una vez que discutíamos sobre los libros digitales que el libro impreso es irreemplazable. Puede mojarse, caerse, golpearse y no importa qué le pase, siempre podrá leerse. Un libro es parte de uno, de su casa de sus muebles, de sus parientes que conviven con él.
¿Tomamos unos mates? Apoyá tranquilo la pava sobre ese libro que está en la mesa. No pasa nada. Ellos dan todo y nunca se quejan.
Perdón por el desorden, y por todos los libros que no nombré.
abril 20, 2013
En agosto de 1967, la Real Academia le sugirió, para mejorar la llegada de sus poemas al público en general, re-editarlos anexando al final del volumen un pequeño glosario de aquellas palabras que ella inventaba con el significado que ella misma les daba.
─Al principio─ explicó luego la poetisa─ tomé la sugerencia como algo gracioso y hasta de una tierna ingenuidad casi infantil. Iba a aceptar la propuesta pero, cuando lo pensé por segunda vez, descubrí la malvada intención detrás de aquel asunto. Buscaban no una mayor comprensión, solo temían las consecuencias de aquellos actos de libertad extrema para un pueblo como el latinoamericano. Solo pretendían racionalizar al extremo el uso del lenguaje para evitar cualquier brote poético o revolucionario (si no es que son la misma cosa) en su uso. Por supuesto que me negué. Aquel que no puede comprender un poema, aún cuando desconoce el significado particular de cada una de sus palabras, está muerto. La poesía habla, solo hay que escucharla, dejarse llevar por el ritmo...¿o acaso quienes aman al mar le preguntan el por qué de sus olas, de su espuma, o de sus mareas? ¿O acaso alguien le pide explicaciones a su amada sobre el color de su pelo, su tono de voz, o su forma de besar?
abril 19, 2013
A veces la vida se desenvuelve de esa manera caprichosa y estúpida. Una noche, borracha, no pensó antes de abrir las piernas y meses después criaba un hijo sin padre.
─Es la vida ─decía su madre. ─Con vos me pasó lo mismo.
Pero en su interior ella sospechaba otra verdad. Llegaron los años más difíciles, y casi como una Sarmiento de la escuela de la vida había aprendido a odiar a los hombres por lo que le había hecho uno, a las mujeres por lo que no le habían hecho a las otras (eso no era del todo cierto, su caso era bastante común pero todas pensaban igual que ella) y a la vida por hija de puta.
─Bien que te divertiste haciéndolo ─solía decirle el padre para no hacerse cargo del nieto.
El nieto crecía, como podía, medio como a los golpes, y no tardó en hacerse un hombrecito a fuerza de arrastrar el peso de las tradiciones familiares que lo criaron.
Aprendió a bajar calzones (aunque según su madre eso lo traía en los genes) sin la menor responsabilidad, a odiar a los hombres por aquella ausencia de su padre, a odiar a las mujeres por la falta de nadie sabía qué de su madre que se había arruinado la vida criándolo. Y un poco a la vida, también, por hija de puta.
Terminó borracho, mujeriego y jugador. Una joyita, decían los vecinos. Claro que lo que piensen los vecinos se lo pasaba por donde no le daba el sol (frase hecha e inútil ya que varias veces se lo había visto corretear mujeres desnudo por la calle).
La vida era una mierda sin sentido, la resaca de una borrachera eterna que no importaba cuanto vomitaras o cagaras que no se iba a pasar.
Y no eran ellos. Eso hubiera resuelto todo a una mala familia. Era el barrio que también andaba de putas y borracheras. Y una vez que tuvo que viajar al centro descubrió que la cuidad entera era una mujer vieja y arrugada que daba asco pero igual había que darle.
Le contó una vez el primo Federico, ese que había triunfado, que el mundo era así también. Que no había paz en ningún lugar.
Y eso que el primo Federico había tenido suerte. Tenía los ojos claros, tan claro como que la madre había andado cojiendo por ahí con otro. Con otro que un día volvió y se llevó al primo Federico a vivir en su mansión. Boluda no era la madre, porque el tipo que le había hecho al primo era un político importante. De esos que cada tanto salen en una foto con el que vende droga en la esquina del barrio, o con el que maneja el piribundín de la otra punta donde el otro primo, Marito, se pegó la sífilis.
Y el primo Federico decía que el mundo entero era un mierda, que no valía la pena salir de casa. Claro que su casa no era la casa de estos semi.parientes semi-humanos de los que ya solo se acordaba para venir a refregarles lo puta que era la actriz esa a la que llamaba "novia".
Una vez se agarraron a trompadas con Marito porque este le tocó el culo a la actriz de culebrones caros.
Pero cuando el primo Federico venía de visita salían todos los primos. Y era un fiesta porque el primo Federico parecía el presidente de lo bien vestido que andaba. Y pagaba todo, claro, para que vieran que tenía. Entonces las mismas negritas que los miraban pasar todas las tardes sin contestarles ni el saludo se dejaban meter la mano a ver si el primo rico o alguno de la familia les hacía un crio.
Y así repitieron la historia. El nietito del que nadie se había querido hacer cargo aguantaba a la bruta de la esquina embarazada. La brutita corría con ventaja: ella sí tenía un padre, y uno que medía más de ancho que de alto y borracho era capaz de matar un cristiano con las manos atadas. No había forma de escaparse sin perder una parte del cuerpo y tuvo que hacerse cargo de la bruta, del pibe y del trago interminable del suegro.
─Si te divertiste poniendolá ahora divertite limpiándole el culo al pibe─ dijo el abuelo, casi feliz de poder demostrar su sabiduría de viejo estúpido otra vez, ahora con su nieto.
Y él entendió, tarde, cuando ya no le servía de nada, por qué la vida era esa mierda infinita y cíclica que se repetía generación tras generación. Cuando después de unos meses la bruta parió una nena con los ojos del primo Federico, se prendió un cigarrillo de yerba en la puerda del hospital y entre pitada y pitada se repetía:
─¡Qué puta de mierda!
Pero nadie sabía si hablaba de su madre, de su tía, de la bruta, de la cuidad o de la vida misma.
abril 08, 2013
El León y la Gacela (fábula erótica)
Cuando el León se enamoró de la Gacela todo en la selva se volvió confuso.
Quizás porque él no conocía otra forma de relacionarse con ella que la de perseguirla con las fauces húmedas que a la Gacela le resultaba difícil creerse aquel cuento.
Fue recién cuando el rey se convirtió en la principal burla de la selva que ella le dio algo de crédito, y una tarde que él comenzó a perseguirla con la boca abierta y babeante ella, después de pensarlo dos veces, se dejó alcanzar por el León.
Y juntos descubrieron otra forma de jugar al cazador y la presa.
Cuando el León se enamoró de la Gacela todo en la selva se volvió confuso.
Quizás porque él no conocía otra forma de relacionarse con ella que la de perseguirla con las fauces húmedas que a la Gacela le resultaba difícil creerse aquel cuento.
Fue recién cuando el rey se convirtió en la principal burla de la selva que ella le dio algo de crédito, y una tarde que él comenzó a perseguirla con la boca abierta y babeante ella, después de pensarlo dos veces, se dejó alcanzar por el León.
Y juntos descubrieron otra forma de jugar al cazador y la presa.
Un bote de madera algo podrida atado junto al muelle. Debería moverse suavemente con el agua, pero el lago está congelado. Un paisaje clásico con montañas con bosques cubiertos de nieve en las laderas. El cuadro de un lago con marco de pedregal frío. En lo poco que queda para el cielo, un gris que muchos definirían como depresivo.
Un escenario más que conocido, accesible a la imaginación de cualquiera.
Agregamos la cabaña, la máquina de escribir, el aroma de un café recién preparado. Todo esto convenientemente cerca de una ventana.
El escritor: desalineado, con su barba descuidada de varios días, un par de lentes viejos, un saco con botones desprendido sobre su desgastada camisa preferida.
De a ratos la intuición ─suficientemente escasa para llamarla inspiración─ le hace un ruido que le despierta algo que se le agita dentro, se revuelve y se vuelve a dormir.
Tiene ante si una metáfora completa: un objeto privado de su naturaleza móvil.
Así como el teclado del piano esconde las notas necesarias para una canción, también el teclado de su máquina de escribir esconde, como un jeroglífico, lo que está sacudiéndose en su cabeza.
El cuadro completo es un crucigrama que se resuelve encontrando la combinación exacta de las teclas.
abril 03, 2013
Ética Electoral
(o "Basta de votar como imbéciles")
Veo con cierta tristeza al poder paseando entre las ruinas húmedas de una ciudad que ayer estaba, literalmente, bajo el agua.
Nadie se arriesga a mojarse los zapatitos de charol: esperaron que bajara el agua, que se secaran las calles, para ir a recorrer las zonas inundadas.
La culpa es de Macri, de Cristina, de Scioli, de la puta lluvia que se le ocurre, justamente, caer sobre la tierra. Nosotros, pobres víctimas.
¿Quién los votó? ¿Quién votó a Macri, a Cristina, a Scioli, a cada uno de esos cientos y miles de inmorales enriquecidos ilegítimamente?
Seguramente, se votan ellos mismos. Porque nosotros, pobres víctimas.
Ahora saldrán los mismos estúpidos de siempre preguntando a quién votaría, o que votan al menos malo, o que son todos iguales y que da lo mismo votar a uno o a otro. Y los que nos hemos tomado el triste laburo de recorrer la página de cada uno de los candidatos en cada elección, de vernos hasta el hartazgo cada discurso, de mirarles cada gesto esperando encontrar una señal que nos ayude un poco, nos damos la cabeza contra la pared pensando que todo es tan al pedo que ni vale la pena seguir creyendo ni en la propia madre.
Les preguntaría, a quienes votaron a estos, a cuántos candidatos más conocían. Cuánto se informaron, cuánto buscaron entre esas boletas desconocidas para ver si había alguien mejor.
No saben. Para ellos (para la gran mayoría) el mundo es Macri o Cristina. Scioli o Cristina. Son incapaces de levantarse del sillón, de sacar Los Simpson a ver si en algún canal de esos arriba del 17 o 18 aparece el tipo desconocido, el candidato de 100 gatos locos con alguna buena idea.
Se escudan, y a veces creo que es válido el argumento, en que no tiene fe. Que son todos la misma mierda. Que al menos votamos.
Más del 80% de la población (no solo en Argentina, sino en el mundo) carece de la capacidad (según la RAE "preparación, o medios para realizar un acto") para decidir con argumentos válidos, quién está mejor capacitado para gobernar, administrar, un estado.
Le dicen (y dicen que es lo menos malo) "democracia". Pero se pronuncia "populismo". Siempre absolutamente siempre, la democracia es populismo. Gana el que miente más y mejor a esa gran mayoría de des-capacitados políticos. Savater, en un sentido más amplio, les llamó "imbéciles", pero aquí todavía nos sirve esa definición:
"¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. [...]La palabra «imbécil» viene del latín baculus que significa «bastón»: el imbécil es el que necesita bastón para caminar. Si el imbécil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu el debilucho y cojitranco, aunque su cuerpo pegue unas volteretas de órdago. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir: a) El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque. b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez. c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace está dictado por la opinión mayoritaria de los que le rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa. d) El que sabe que quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o con poca fuerza. A fin de cuentas, termina siempre haciendo lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra más entonado. e) El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo. Todos estos tipos de imbecilidad necesitan bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de fuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. [...] Los imbéciles suelen acabar bastante mal, [...]suelen fastidiarse a sí mismos y nunca logran vivir la buena vida esa que tanto nos apetece a ti y a mí. Y todavía siento más tener que informarte qué síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos [...] Conclusión: ¡alerta!, ¡en guardia!, ¡la imbecilidad acecha y no perdona! "
(Extracto de: Fernando Savater, "Ética para Amador"; cap. "Aparece Pepito Grillo").
abril 02, 2013
Abril, 2, de 2013.
Sé, y no me importa, que es un tema complicado, una herida llena de mierda que todavía no hemos podido cerrar. Pero cada 2 de abril pienso en lo mismo y, por lo general, he preferido callarme por miedo a herir sentimientos por los que tengo un respeto casi religioso.
Sigo escuchando esa palabrita: "colonialismo". Inglaterra debe devolver (si, devolver, así hablan) las Malvinas para terminar con el colonialismo. ("Coloniaje", como dijo la Gran Burra, no existe en ningún idioma real ni imaginario.)
Para terminar el colonialismo, entonces, alcanzaría con cambiar de colonialista.
Perdón, pero no puedo quedarme callado mientras me dan de comer mi alfalfa. La soberanía es un concepto entre vivos, no entre muertos. Los isleños que viven en las islas son un pueblo nativo, "criollo" como decíamos por acá en época de la colonia en contraposición a los "colonialistas". Son un pueblo que en pleno siglo XXI pertenecen a una corona. O a una democracia extranjera, según quién mire, pero todo termina dando lo mismo.
Verlo de una o de otra manera es seguir apagando hambre con agua.
El fin del colonialismo llegará, precisamente, cuando ingleses y argentinos aplaudamos la independencia política de las islas como un nuevo país libre e independiente. Un nuevo integrante de la América del Sur y, por qué no, un nuevo hermano latino americano (salvo por ese problemita del idioma, claro, pero es un detalle que bien podríamos tolerar).
Como animal político ese (sí, eso) es uno de mis mayores sueños: que dejemos de pelearnos por una nación que ni es inglesa ni es argentina. Que dejemos de joder a los muertos (también hay muertos ingleses enterrados en las islas) y por fin aceptemos que NADIE es dueño de nadie y que cada pueblo tiene la OBLIGACIÓN de ser un pueblo libre y soberano de sí mismo.
Claro, para eso (para tal grado de madurez humana y política) falta, de parte nuestra al menos, una generación entera de argentinos dotada de cerebro. Y eso sí que es un sueño...
Volver es no quedarse, tampoco, en lo avanzado. No olvidar que el horizonte nos rodea en 360 grados. Hay un cielo delante nuestro, pero también detrás; y a cada lado.
Olvidar que una vez fuimos el pie y no la huella; reconocer en esa huella a ese ser que miraba, anhelante, ese mismo camino no como una experiencia pisada sino como un puente por cruzar.
Después, es cierto, modificamos el rumbo, aprendemos, buscamos nuevas opciones nos adaptamos a nuevos sueños, nuevas circunstancias y, a veces, hasta renegamos de ese ser que fuimos.
Pero esa huella que vemos detrás nuestro, que llamamos "pasado", fue alguna vez lo que tuvimos delante y quisimos recorrer.
Volver a recorrer un camino abandonado que incluso tratamos, injustamente, como un error, es también reconocer el error de haber olvidado.
De haber olvidado esa parte tan propia e íntima que es la que define quién somos, y de dónde venimos.
marzo 21, 2013
Uno piensa. Piensa en su propio nombre y desde un ─su─ pequeño cerebro, fabricado a medida y, muchas veces, bastante ajustado, para ocupar la propia calavera.
Uno piensa como puede, como se le ocurre, precisamente, a su propio cerebro. Uno piensa desde uno, para uno y por uno.
El error está en creer que esa idea, ese pensamiento, ese resultado de un montón de cosas internas, que ocurren dentro de uno, pueden asimilarse al otro. A ese otro tan parecido pero tan diferente a uno.
El error está en creer que uno puede pensar por el otro. Y olvidar que el otro también es "uno" y también tiene su pequeño cerebro ajustado a su propia calavera.
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