septiembre 26, 2012
Le gustaba el olor a tierra mojada. Le traía recuerdos de otro tiempo, de una época que no recordaba del todo aunque tampoco había olvidado por completo aún.
Las tardes de lluvia se relajaba y dejaba que el agua lo empapara por completo, lo recorriera como alguna vez lo había recorrido la sangre por todo su cuerpo.
Sí, aquel era un muerto feliz, un muerto que disfrutaba su sueño infinito y se despertaba solo cuando llovía, y el olor a tierra mojada lo rodeaba por todas partes como una enamorada que lo abrazaba.
Y el muerto disfrutaba de aquello. Lo llamaba amor y creía que la lluvia era su novia.
Así, como solía hacer todo, se entregaba también en el amor: sin preguntas, sin respuestas. Claro que muchas veces el resultado era imperfecto, pero nunca faltaba la sorpresa a sus relaciones.
Así fue como un día descubrió que su princesa era un sapo con demasiado amor propio, que las sirenas eran simplemente un maloliente pescado, o que el unicornio era un simple caballo al que costaba besarle la frente sin resultar herido.
También así descubrió, a veces, que los pescados podían cantar hermosas melodías y tener excitantes bustos y ojos preciosos, que un sapo, si se lo sabe besar, se convierte en príncipe, que un caballo podía convertirse en algo único y digno de un cuento de hadas.
Claro, todo dependía siempre de uno mismo, de lo que uno quisiera ver, o de lo que uno sabía ─o quería─ encontrar en los demás. Por eso el amor le resultaba tan extraño y, a la vez, tan nuevo cada vez.
septiembre 21, 2012
─No temas ─me dijo─ no vamos a dañarte; conocemos tu soledad y la comprendemos. También nosotros estamos solos. También conocemos el frío, la noche obscura, las horas de mirar el cielo sin tener en quien pensar.
A partir de esa noche, se quedaron; y luego vinieron más cada noche que también se sentían solos. Pronto las noches se encendían con la luz de esas ánimas en pena, ya no tan en pena ni tan solos. Y, la verdad, tampoco yo me sentía ya solo.
Quien pudiera, al mirarse en un espejo, ver un cielo estrellado y azul, una luna grisácea, con su circunsferencia deformada por vapores del cielo, y sospechar al lobo en su interior, y cobrar fuerzas de un modo misterioso y enfrentar la noche fuera del espejo con el valor de un animal sin Dios ni moral.
septiembre 18, 2012
Twitteratura I
Tanto le temía el niño a la soledad de su cuarto que, llorando, imploraba a los fantasmas que no lo dejaran solo.
La besaba con tanta pasión por el miedo a perderla, que ella cada día juraba que no volvería para mantenerlo asustado.
Un nervioso tartamudeo, un gesto incierto en la mejilla, la mirada fija en los labios. El preámbulo del beso.
Cierra el día en las ventanas, mata todas las luciérnagas, apaga todos los destellos. No dejes que siga viendo este cuarto sin ti.
Ven, apágame.
Tenía memoria de sus anteriores reencarnaciones. No una memoria fáctica, sino una memoria más como emocional. Sentía sombras en su alma, sombras de antiguos amores. Asi, cuando recorría, por ejemplo, por primera vez las calles de la actual ciudad de Roma, viejas discusiones en un foro para él desconocido pero no extraño lo sacudían de nuevo como hacía más de dos mil años. Cuando conoció París volvío a escuchar el ruido de los motores que cruzaban el cielo dejando caer sus bombas. La noche que asistió a un teatro para disfrutar de un concierto dedicado a Mozart recordó los ojos de la condesa con quien asisitió al estreno de esa música, dos siglos antes.
Con pasión estudiaba la historia y encaraba cualquier viaje con la sensación de estar de regreso. La música de otros siglos, los clásicos literarios, todo lo que la cultura humana guardó del tiempo eran para él viejos reencuentros con un ser extraño que habitaba en su intuición.
Durante toda la vida se dedicó a escribir esas sombras, esas intuiciones, como si fueran ficciones.
I.
Plantó un árbol. Con él hizo el papel en el que escribió un libro. Con los versos enamoró a la mujer con la que tuvo un hijo. Era un hombre práctico.
II.
Tuvo un hijo y, desde entonces, ya no perdió el tiempo pensando en plantar un árbol ni escribir un libro. Era un hombre satisfecho.
III.
Escribió un libro con poemas a árboles que no había plantado jamás, y soñando con hijos que nunca tuvo. Era un poeta.
─¿Sabes, Manuel?─ me dijo un día Natalia ─no entiendo bien cuando me hablas: me confundís, me mareas con argumentos a los que no termino nunca de encontrarle sentido.
Elena sabía que algo de aquel reproche no era del todo cierto, que no siempre usaba mi antigua estrategia de enredarla con confusos sofismas sobre la vida y las relaciones. Pero, así como yo tenía mi estrategia en nuestras discusiones, ella tenía la propia: la generalización.
Un detalle, un simple hecho, eran para Marina la totalidad de nuestra relación. Así es como una puteada un día delante del televisor transmitiendo un partido de fútbol me convertía automáticamente en "Pablo, el grosero"; una tarde que olvidé, de vuelta del trabajo, comprar algo que me había encargado por la mañana me convertía en "Luis, el egoista"; o aquella vez que había descubierto un mensaje de texto con un juego de palabras en doble sentido ─una inocente broma con alguna connotación sexual─ con una compañera de trabajo fue durante más de cuatro años su forma de terminar todas las discusiones que tuvimos: "Mejor cerrá la boca, Lucas, porque yo no me olvido lo de tu compañerita".
Eran las ─¿nuestras?─ reglas de juego: enredarnos, exagerar hasta la generalización más absurda. Tratar de sacar provecho de cada detalle que se pudiera para tener razón. Éramos, Josefina y yo ─su "Diegui" en los reencuentros─ una pareja normal.
septiembre 13, 2012
Lograron divirnos, y vencernos. Clases baja y media separadas, enfrentadas por una oligarquía criminal hasta el exceso. Han logrado confundirnos, hacernos creer que el que pide es el enemigo del que no tiene. ¿Acaso no estamos todos pidiendo trabajo, comida, vivir con dignidad?
Quienes apoyan el actual modelo y quienes se oponen han sido caracterizados, desde el mismo gobierno, bajo banderas enem
igas, como si realmente lo fueran. Esta es la gran mentira, el relato de un gobierno que ya no tiene vergüenza ni dignidad.
Acá nadie discute si la sociedad debe o no ser más justa. Claro que debe serlo. Pero serlo de verdad, y no en un discurso que poco y nada tiene que ver con la realidad.
Hoy todos deberíamos estar en esa plaza pidiendo lo que nos falta. Y ¿saben algo? Sería exactamente lo mismo lo que pediría la clase media que la clase baja. Porque no somos diferentes, porque necesitamos y exigimos lo mismo. Es mentira que pedir algo al gobierno sea ir contra los más necesitados. Es mentira que exigir la cárcel apra Boudou sea querer un país de oligarquías y poderes nefastos. Es mentira que pedir que se cumpla la Constitución de la Nación sea querer que unos pocos controlen todo el país.
Queremos la verdad, la justicia, la dignidad que no he conocido e este país en muchos años. Queremos un país en orden, un país sin divisiones, un país donde dejen de enfrentarnos para poder continuar el exagerado enriquecimeinto ilícito de quienes nos gobiernan.
Dicen que este cacerolazo responde a intereses económicos. Lo dicen ellos, desde el mismo lugar que defienden el golpe de estado del 2001 por el corralito. Nos llaman golpistas, ellos que desde las sombras pusieron punteros en 1989 y en 2001 y "compraron pobres" para saquear supermercados y generar el caos que terminó con dos gobiernos democráticamente elegidos.
Ellos, los que se enriquecieron quedandose las propiedades de los desaparecidos, los que vendieron el país con Menem, los que desestabilizaban las intituciones ocultos en las sombras cuando una causa por coimas en el senado amenazaba con ser acusados de lo que son, ellos, hoy, dividieron. Y hasta ahora, van venciendo.
julio 07, 2012
A García Márquez, el gabo.
Podrá enfermarse mi cerebro, y perder yo mis recuerdos un día y para siempre; pero haré trampa y dejaré, en mis libros, un copia perfecta de ellos, para siempre.
Y es que el escritor tiene una ventaja sobre el resto de los hombres: cuando ya no pueda recordar más nada, tendrá en sus libros sus memorias.
julio 05, 2012
La Historia es nuestra lucha
La Historia es nuestra lucha
Hemos visto en los últimos tiempos surgir voces nuevas que intentan afirmarse de una u otra manera, como la resistencia contra todo aquello que nos oprime. Hemos visto en todo el mundo levantarse la voz de los que siempre guardaron silencio. Hemos visto a los silenciados romper, finalmente, el silencio de siglos. Vemos, en todas partes, centenares o millares de personas exigiendo un cambio radical y urgente.
Se ha solucionado algo, y se ha evitado otro tanto. Pero sigue costando encontrar señales de un verdadero cambio en la forma de organizarnos como especie.
Existe, entre los que reclaman y los que tienen el deber de escuchar, una especie de negociación silenciosa, y aceptada por ambas partes, mediante la cual un reclamo general se convierte en una solución puntual que da fin a la batalla.
Es que existe una estrategia mediante la cual un estado logra imponerse como el ganador de estas contiendas: convertir cualquier exigencia popular en una batalla particular que pueda ganarse o perderse, pero que tendrá, inevitablemente, un fin.
Tarde o temprano, las voces callarán. Los manifestantes volverán a sus casas con la alegría de haber vencido o la tristeza de haber sido derrotados. Pero volverán a sus casas, a su comodidad o a su pobreza, pero en el mismo silencio. En otros casos bastará con un estado ciego y sordo que no dé acuso de recibo y se cansarán y volverán a sus casas hartos de estar hartos, y en silencio.
Todo reclamo, finalmente, se convierte en una forma de silenciar las voces en el menor tiempo y con el menor costo político posible. No importa qué es lo que el pueblo reclame, siempre habrá una ley, un plan, o un lo que sea, mediante el cual el gobierno puede dar por terminada la batalla.
En la democracia, la forma más rápida de acallar voces en una solución simple y eficaz es mediante la encarnación de esos reclamos en hombres o mujeres que nos representen. Todo reclamo encuentra un nombre y un cargo dentro del mismo sistema contra el que pretende luchar.
Y nuestro mayor problema, en este punto, somos nosotros mismos.
Encarnamos todas nuestras esperanzas en un partido político, o en un candidato en particular de la misma forma que encarnamos nuestros demonios en otros.
Si nuestro candidato pierde, todo se ha perdido y la lucha ha sido vana. En el mejor de los casos, unos pocos (las voces se convertirán entonces en susurros) seguirán resistiendo con la esperanza de, unos meses antes de las próximas elecciones, volver a ser la voz furiosa que habían sido antes de la derrota.
Peor escenario será si nuestro candidato gana. Ya nadie nos sacará de nuestra casa a reclamar nada. Ya podremos sentarnos cómodos a ver cómo el hombre que encarnó nuestras mejores intenciones cambia finalmente el mundo.
Un juego macabro que nos mantiene a raya y silenciados mientras dejamos que la gran maquinaria de la corrupción se renueve y fortalezca aún más gracias a nosotros.
Es necesario entender la lucha de una manera diferente y nueva. Ya no a través de batallas finitas, de problemas que puedan resolverse en días o semanas por medio de una decisión política o económica. Entender que cambiar el mundo es algo diferente, y hasta opuesto, a cambiar el nombre de un partido político o de un candidato.
Cambiar el mundo significa cambiar el entorno en el que nos movemos cotidianamente. Cambiar el mundo es enfrentar al mundo desde nuestra individualidad, desde nuestra propia convicción. Cambiar el mundo significa, en primer lugar, cambiarnos a nosotros mismos y ser no los que reclaman por un cambio, sino los que han cambiado para sembrar el mismo cambio en los demás.
Cambiar el mundo es, en definitiva, cambiar esa pequeña parcela de mundo que nos corresponde. Cambiar el mundo no es algo global, paradójicamente, sino un proceso individual y cotidiano de cambiar nuestros propios hábitos y nuestro propio y personal mundo interno. Cambiar el mundo es ser nosotros lo que queremos que sean los demás.
Es un proceso que no termina, que no puede darse por resuelto. La resistencia no puede ser solo presentarnos a una batalla y alegrarnos o resignarnos con el resultado.
Hemos perdido miles de batallas. Y estamos vivos. Porque no es en una batalla que cambiaremos el mundo o dependeremos siempre de un resultado positivo para seguir luchando.
No creo, en lo personal, que esté en nosotros cambiar este mundo. Pero sí está en nosotros crear los cimientos de un mundo nuevo. Somos mortales, la vida, dicen, es corta, y es probable que no nos alcance el tiempo para ver un mundo mejor. Pero sí podemos no repetir los errores del pasado y no ser nosotros los que dentro de 50 años le digamos a nuestros hijos que fallamos, que nos vencieron, que intentamos luchar y en la primer derrota volvimos a casa en silencio. Si no bajamos hoy los brazos, nuestros hijos, nuestros nietos, quizás puedan estudiar nuestro tiempo y sorprenderse de lo que hemos hecho. Descartes dudó un día hasta de la duda misma, pero su fe le impidió dudar de Dios. Pero esa duda fue la misma que mucho tiempo después de su muerte desveló a otro hombre sin fe que dudó también de Dios y del rey que Dios le imponía. Esa duda, esa semilla invisible fue la que germinó en siglos una revolución que para Descartes era inconcebible.
Debemos evitar, a riesgo de perder todo por lo que hemos luchado, la tentación de aceptar las batallas que los estados nos proponen. Concebir un plan que no sea nuestro, de cada uno, de cada ideología, sino de todos los hombres y de todos los pueblos. Entender que no venceremos hoy ni nunca, porque en la victoria (al igual que en la derrota) se terminan las batallas. Y la nuestra, la de ustedes, la de todos, debe ser una batalla sin fin, una vigilancia perpetua de las instituciones y los gobiernos. Gane quien gane, pierda quien pierda, la batalla no fue ni deberá ser nunca por un cargo, por un puesto, por un nombre. La batalla es contra nosotros mismos, contra la humana tentación de quedarnos sentados sintiendo que todo está perdido.
Nuestra lucha no es una lucha de batallas que puedan ganarse o perderse. Nuestra lucha es para siempre, indiferente a un resultado, a una victoria, a una derrota. Aún cuando el mundo sea lo que queremos que sea, habrá cosas que seguir cambiando. Nunca ganaremos, pero nunca perderemos. Porque nuestra lucha no es por un pueblo o por un momento histórico en particular, es por todos los pueblos y todos los momentos históricos que nos toquen vivir a nosotros, a nuestros hijos.
Si hoy bajamos los brazos, si hoy aceptamos la derrota, estamos aceptando para nosotros mismos los mismos mecanismos de corrupción contra los que pretendimos luchar.
Cambiar el mundo es cambiar al hombre. Resignificar la historia, transformarla por medio de un proceso que no es nuestro ni de ningún hombre en particular sino de todos los hombres en todos los tiempos.
No hay un solo hombre (ni rey ni campesino) que sea en si mismo la historia o determine por su propia voluntad el sentido del devenir histórico. La historia es nuestra tanto como de ellos y si algo hemos aprendido en esta lucha, es que ya no cuenta más aquello de que "la historia la escriben los que ganan".
julio 04, 2012
Al amor lo prefiero poco hablado. Para no desenamorarme. Cuando mi mujer me dice que soy hermoso, un poco me desenamoro. Es decir, ¿a qué clase de mujer puede uno gustarle?
Siempre hay que creer que esa mujer se ha enamorado de uno por error. De algo que ella imagina en uno para tenerlo en semejante altar.
En mi caso, me cuesta concebir que una mujer tan virtuosa, tan perfecta en casi todo lo que hace, pueda cometer el injustificable error de enamorarse de alguien como yo. Y de seguir, cada día, convencida de su amor.
Por eso prefiero que hable poco, que siempre me deje ese espacio en mi interior para decirme "esta mujer no sabe de quién está enamorada". Y dormirme abrazándola y deseando, en silencio, que nunca descubra su error.
julio 01, 2012
junio 27, 2012
Se habla de un día histórico: por primera vez, en décadas, la izquierda y los trabajadores se reunieron en la Plaza de Mayo. Se habla de una "fiesta", de un acto en paz. Se habla...y se sigue hablando.
La Presidente Cristina Fernández, desde San Juan, confirmó lo que todos sabíamos desde hace rato: quiere la chancha, los veinte, y la fábrica de hacer chorizos.
Siempre desde lo más lejos posible de la realidad. Irónicamente, hoy la Presidente de algunos argentinos se acordó del interior. Y se fue bien lejos de donde debía estar, al otro extremo, a una de las provincias símbolo del Menemismo, del Duhaldismo, y de todos los nombres que el peronismo puso al peronismo para que no se ensucie el peronismo. Pero lejos, muy lejos de donde se requería su atención.
Del otro lado (no, no del lado de la cordillera, esta vez "del otro lado" fue Buenos Aires) los "otros". Los otros peronistas. Los que nunca se mancharon de alguna forma que uno, que no es peronista, no termina de entender.
De un lado y del otro el mensaje fue el mismo: "no hay competencia", "esto no es un River-Boca", y demás boludeces políticamente correctas. Ni Cristina quiere a Moyano de enemigo ni Moyano quiere quedarse sin la torta. Entonces, todos en paz, todos amigos de los amigos y lo que era un paro y acto en repudio al gobierno resultó una fiesta y una celebración de la democracia.
Es nuestra primavera, nuestro tiempo de tibiezas, de tonos pasteles. Es nuestro tiempo de una democracia ficticia y una oposición oficialista. De puro cuento.
Hoy somos lo que merecemos: nada. Vaciamos las instituciones. Durante décadas no nos alcanzó con que cualquier ladrón, corrupto, narco, asesino o lo que fuera, no solo caminara libre por las calles sino que además los votamos. Les dimos el poder. Y los dejamos ahí, sentados y felices con sus negocios.
¿Y aquello de "que se vayan todos"? ¿Cuándo decidimos que habría excepciones? ¿Quién decidió que los corruptos que negociaron con la dictadura para secuestrar y asesinar a los compañeros que no negociaban, que se robaron todo loq ue iban dejando los desaparecidos y que se acomodaron en el pdoer por el uso de técnicas mafiosas se quedaran y fueran gobierno?
¿Quién decidió que teníamos que ser este país de mierda?
Nadie va a levantar la mano, ya lo sé. Si al menos se hubieran quedado con una parte de la torta, quizás si, pero la vergüenza de haber vendido un país sin quedarse ni un pedacito en el reparto debe ser grande.
Pronóstico reservado para el futuro. Lo más que podemos esperar es algo más de tibieza, de discursos sin contenido, de amigos que se acercan y se distancian según convenga, de funcionarios que van a seguir haciendo su veranito sin una mínima mueca de justicia. Y no, si esperabas que este "distanciamiento" entre el gobierno y la CGT fuera el punto de partida de algo...poné el agua y lloremos juntos. Entre peronistas no se van a pisar la manguera. Tenía razón el General cuando dijo aquello de "para un peronista..."
Si todavía queda algún inocente esperando que alguien diga BASTA de una buena vez a este gobierno criminal y corrupto sostenido por medios mafiosos solo le diré esto:
¿Oposición? No, gracias, recién tiramos una.
Hoy, más que nunca, querido Miguel, necesitamos huevos. En la Argentina hacen falta huevos. Desde hace más de 30 años...
http://www.youtube.com/watch?v=uuYCftRnzAo
junio 13, 2012
Premio Liebster Blog
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| Gracias a Hetai Terei, autora de http://estonoesyugoslavia.wordpress.com |
Hace poco leí un texto donde se definía al escritor como aquel que se dedica profesionalmente a la escritura. Me dio mucha tristeza y vergüenza esa definición, ese insulto. Si por esas palabras nos guiamos, entonces cualquier empleado en un periódico es escritor, mientras que los que hacemos literatura somos desempleados con un hobby.
Ser escritor es crear literatura. Se gane o no con ello. Lo que nos define son nuestros versos, nuestra literatura. Diferente es discutir la calidad de cada uno. Pero eso no nos define. Si hay abogados malos, médicos malos...también tenemos derecho los escritores a ser escritores malos. Pero escritores. Que no vendamos millones de ejemplares, que nos lean cien, o mil, personas y no millones por todo el planeta no nos hace ni más ni mejores escritores.
Cada escritor desde su blog de 50 o 100 seguidores es tan escritor como Borges, Tolstoi, Kafka, por nombrar algunos de los que más me gustan. Vender, o ser famoso, nunca significa ser un escritor de calidad. La prueba está en las librerías. Y en los blogs que a veces encontramos.
Tampoco los premios nos miden. Solo nos dicen que tan acertado va uno escribiendo lo que los demás quieren leer o no. Borges nunca recibió el Nobel, Cortazar tampoco. Otros sí y quizás entre los últimos 20 ganadores no logren reunir más méritos literarios que el autor de Ficciones en uno solo de sus cuentos.
Pero sí hay formas de saber que uno va por buen camino: el reconocimiento de los propios pares. Esta semana, mi colega Hetai Terei ( http://estonoesyugoslavia.wordpress.com ) me ha otorgado el Premio Liebster Blog.
¿Qué son los premios Liebster Blog? Un halago de parte de gente que escribe y lee. Una forma de promocionar y reconocer blogs de autores poco conocidos que trabajan lo mismo que cualquiera de los autores famosos que encuentras en una librería. Cada autor que lo recibe debe otorgarlo, a la vez, a cinco autores en reconocimiento por su quijotesco trabajo, recomendarlos, y obviamente, notificarlos (generalmente por medio de algún comentario en sus blogs).
Sólo debe cumplir unas simples normas:
1. Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
2. Premiar a sus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
3. Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.
1. Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
2. Premiar a sus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
3. Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.
Primero, el agradecimiento a Hetai Terei por el mimo tan gratificante.
Ahora sí, los autores a quienes será un honor recomendar y distinguir con este premio otorgado por pares, sanamente y sin intereses ajenos a nuestro verdadero esfuerzo.
Uno de mis autores predilectos en la red, el blog de Antonio González Sanchez, http://ahoravasylocuentas.wordpress.com/ . Cuentos, micro relatos. Practicante de varios géneros, aunque mi preferido siga siendo el género fantástico, ejerce con destreza cualquier ejercicio o desafío literario que se le ponga delante. Repito: uno de mis preferidos.
El segundo, http://elbodegon.blogspot.com.ar/ de Frank Hilzerman, textos poéticos y pequeñas prosas, en un lengüaje moderno, rápido, sencillo, pero muy eficaz. Junto con el anterior, mis dos blogs preferidos de la red.
Un tercero (el orden es solo aleatorio), http://loquesobrademimente.blogspot.com.ar , de Ivana Espina. Inteligencia y sabiduría (que no son la misma cosa) mezclados con poesía, en un tono suave, a veces triste, pero de un nivel para aprender.
Algo un poco más variado en http://paracuandolotenes.blogspot.com.ar, de Alejandro Turner. Política, teatro, opiniones, siempre con la inteligencia y la pluma prolija de este amigo. Un blog que siempre hay que tener cerca, para disfrutar y pensar. Que la literatura no sea solamente un ejercicio estético, que hay un mundo fuera de cada escritor y es necesario entenderlo.
Lo primero que leí de Micaela Godoy fueron unos versos que me envió un día para satisfacer mi curiosidad. La sorpresa fue más que grata. Una escritora de 17 años con el talento necesario para ganarse un lugar entre los cinco que he elegido hoy. La leen en http://lugarquetraerecuerdos.blogspot.com.ar, y espero que pasen.
Quedarán otros para una próxima oportunidad. Espero entiendan que tener que elegir tan solo cinco es más doloroso que gratificante.
Gracias, escribir es un sueño que se hace realidad cuando alguien nos está leyendo.
junio 04, 2012
Sirvió la mesa para dos, como todas las noches. Dos platos, dos juegos de cubiertos, dos servilletas. Una botella de vino tinto, dos copas. Llenó los dos platos de sopa, recordó que había olvidado el salero, lo buscó y lo acomodó en un punto equidistante a los dos platos, como un gesto de cortesía.
Cenó solo, como todas la noches.
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