Cenó solo, como todas la noches.
junio 04, 2012
Sirvió la mesa para dos, como todas las noches. Dos platos, dos juegos de cubiertos, dos servilletas. Una botella de vino tinto, dos copas. Llenó los dos platos de sopa, recordó que había olvidado el salero, lo buscó y lo acomodó en un punto equidistante a los dos platos, como un gesto de cortesía.
junio 01, 2012
Cuando hablan de un aumento de toma de conciencia siempre me suena un poco a un aumento de la hipocresía general que nos rodea. Protestamos contra las invasiones yanquis en Medio Oriente, pero no andamos en bicicleta para fundir a las petroleras; nos quejamos de las leyes represivas contra la libertad en la web, pero compramos el último CD de Arjona o el último libro de Galeano a lo que nos digan que vale; gritamos porque las grandes empresas hacen lobby político y deciden nuestro futuro, pero no dejamos de comer en McDonalds ni de correr tras las ofertas inservibles de los grandes hipermercados. Pagamos 50 lo que cuesta 10 solo porque la etiqueta es otra y luego, "que difícil está todo" repetimos por todos lados. Claro que está difícil, porque seguimos siendo los que habitamos este mundo podrido y miserable donde un tipo que juega bien a la pelota gana lo que costaría descubrir la cura contra el cáncer, una puta en televisión gana lo que les daría de comer a 10 familias. ¿Pero dejamos de ver al Barcelona? ¿Dejamos de ver esa televisión mediocre? No, ni de casualidad. El culo de cualquiera en la televisión nos relaja, nos desenchufa decimos...y repetimos a coro "qué difícil está todo". Pero seguimos con el mismo mensaje inútil que nos venden los que nos manejan: necesitamos un cambio de conciencia.
No, de conciencia no, de acción tiene que ser el cambio. Estoy harto de militantes con blackberry, comunistas con Nike, revolucionarios de camisa y corbata corriendo de banco en banco.
Al final, siempre tomamos conciencia, de todo lo grave que ocurre, de todas las injusticias en el mundo, salvamos vidas compartiendo fotos en facebook, derrocamos dictaduras con un hashtag en twitter...y volvemos felices a nuestra casa a ver todas esas celebridades y políticos que nos dicen que hay que tomar conciencia o que estamos haciendo las cosas bien o que el país creció un puto tanto por ciento.
Y nunca vemos el crecimiento, la mejoría, ni el cambio en la conciencia. Porque es mentira que exista ese cambio, solo hablamos de cambiar, pero en ningún lado se ve que algo haya cambiado: los mismos gobiernos de los que nos quejamos, la misma corrupción por todos lados, la misma tragedia humana por todos lados. Jóvenes de todo el mundo salen a las calles y se quejan...¿de qué? ¿rechazarían el poder si los alcanzara? ¿Seguirán siendo buscadores de la libertad cuando quieran encerrarlos en una ideología o en un cargo político? ¿Rechazarán los sueldos oficiales contra los que protestan cuando se los ofrezcan a ellos? España explota y sale a la calle, y confirma luego a sus poderosos; México sale a luchar contra la corrupción, pero tampoco se renueva; Argentina grita a los cuatro vientos los crímenes de un gobierno que sigue siendo reelegido...y ya no hay excusas.
Queremos que el otro cambie, esperamos que los demás cambien. "Si los demás cambiaran" decimos todos, Y cada uno es el "demás" del otro y los "demás" de nadie cambian jamás porque somos nosotros esos "demás" y nunca cambiamos. Queremos un mundo donde la política sea transparente, ajena a los intereses económicos que la manejan, pero seguimos alimentando a los monstruos que manipulan la verdad, la información, y forjan las cadenas que arrastramos. Damos de comer a cada multinacional que decide el destino de todos los pueblos como si no hubiera ya pueblos en el mundo.
Entregamos nuestra libertad en cuotas cuando consumimos lo que ellos nos venden. Nunca he visto al almacenero de mi barrio haciendo lobby, exigiendo una ley contra la libertad o el trabajo. Pero si a las grandes cadenas de almacenes que además explotan a sus empleados quitándoles toda posibilidad de futuro y que cuando se les antoja los echan a la calle sin importarles absolutamente nada para "reducir gastos".
Somos lo que hemos hecho de nuestro mundo. Nunca fue un problema de conciencia sino de acción, de sacrificio, porque ningún cambio es fácil ni instantáneo. no hay soluciones mágicas. No alcanza ya con gritar (y nunca alcanzó ni sirvió). Tenemos que salir a las calles pero no a gritar, sino a vivir libres de tanta publicidad, de tanta mentira. Tenemos que dar de comer a quien trabaja, no a quien vende el trabajo ajeno, a entender de una buena vez que el soberano en nuestro mundo es quien tiene el dinero....o sea, nosotros. A ellos se lo damos nosotros cuando compramos sus mentiras elegantes y siempre de moda.
Alguna vez tenemos que hacernos cargo de nuestra propia responsabilidad sobre este mundo. Si nadie compra lo que venden ellos no gana, si nadie los vota ellos no gobiernan, si nadie los sigue no llegarán nunca a ningún lado. No alcanza con tomar conciencia de lo que está mal, y no sirve de nada mientras seguimos sentados quejándonos sin cambiar nuestras acciones cotidianas.
Vivimos en un basural, comemos mierda, tragamos mierda, digerimos mierda y cagamos mierda...¿no se aburren de tanta mierda?
mayo 31, 2012
¿Qué has hecho, Monarca, con la Corona sobre tus sienes?
Has golpeado con tu cetro a quién mantiene
tu boca y tu estómago,
tus lujos, tus mujeres, tu castillo,
tus pequeños paraísos inventados.
Tejes y destejes a tu gusto con un poder prestado
contra quienes te lo han confiado.
¿Eres amo y señor de todos tus esclavos?
¿Acaso has olvidado que también ellos son humanos?
¿Qué has hecho, Dictador, con tus poderes?
Más cadenas arrastran el hambre que has creado
y los fantasmas que ha parido tu deshonra.
¿Qué has hecho de todos los discursos pronunciados?
Todo has olvidado y también
que el hombre es libre y las cadenas
más enervan que sujetan.
¿Qué harás, Señor, cuando desnudo vayas
mendigando por las calles
que tan seguro de ti mismo gobernabas?
mayo 10, 2012
Silencio, alma,
que escucha el enemigo.
Silencio,
deja que se duerma.
Déjalo que sueñe
que el silencio es miedo,
déjalo, alma,
que sueñe y se conforme
con soñarse una corona.
Espera que estará
pronto a sus puertas
alguien más:
alistadas todas
las palabras silenciadas
creándole el mismo miedo
que soñó a los ignorados.
Silencio, alma,
que escucha el enemigo
y aún no sabe
que el pueblo no hace amigos
cuando tiene hambre.
Estaba sitiado. Poco y nada le llegaba del exterior. Apenas algún consejo inútil, la visita de algún amigo, la voz de una madre impotente. Había noches en que ni el aire tan necesario le entraba al cuerpo, se ahogaba, se apretaba en posición fetal, a veces llegaba a temblar de frío. Ya no comía, encendía un cigarrillo tras otro sin contarlos.
La extrañaba, demasiado.
mayo 06, 2012
Domingo, 9 de la mañana. Escupo el primer mate del día. Desde la computadora encendida, la voz de una gallega que imagino de ojos marrones y pelo castaño ─no sé por qué─ me informa, con voz satisfecha, que la base de datos del antivirus se ha actualizado.
Y esos primeros mates, esos de la espumita, van sacando los conejos ─que siempre son recuerdo eterno del buen Julio─ de la garganta. Serrat no hace otra cosa que pensar en ti. Yo, a veces, tampoco. Y esa tos que me entra al despertarme...
Afuera ha llovido, o llueve, todavía no lo decido, y no tengo prisa por hacerlo. El segundo cigarrillo ya no trae el ejército de muertes y pestes de ese primero fumado en la cama antes de despertar siquiera. Pero es otoño y ya empieza a quejarse el pecho a veces de que no lo cuido.
Y entre tu yo la soledad....y un manojillo de escarchas, querido Nano.
Todo se ve distinto un domingo por la mañana. Escribiendo esas primeras líneas, con los primeros mates. El gato aburriéndose a mi lado ya empieza a cabecear medio dormido.
En unos minutos el mundo empezará también a despertar dentro mio y ya no seremos los mismos ni el día, ni yo, ni estas líneas en apariencia inofensivas pero que guardan dentro, como aquel caballo en las puertas de Ilion, ejércitos apostados contra la puta vida que nos pasa por encima.
Relájese, tómese un mate. Para ser los mismos de todos los días, malgastando el tiempo en cosas que no son importantes, tenemos toda la vida.
mayo 01, 2012
abril 26, 2012
Y una noche, recostados los dos después del sexo, ella comenzó a fumar sus brazos, disfrutando cada pitada, subiendo, corriendo segura tras esa línea roja que va trepando los cigarrillos. Subió hasta el hombro, siguió hasta el pecho, y cuando llegó al corazón, mordió con fuerza, y la marca perfecta de su dentadura de muñeca mentolada quedó como un tatuaje en el corazón de su hombre.
Lo admiraba. Admiraba esa forma que él tenía de mirarla a través de los ladrillos, de las estructuras sólidas de esa realidad que no requiere argumentos para ser real. Ella lo observaba desde abajo, hacia una altura que le inventaba con sus ojos de muñeca inocente, virginal. Suspiraba al verlo sabiendo que jamás podría volver a vivir sin esa forma infantil de amarlo, sin sentir en su hombre ese amor indiferente pero sincero del hombre maduro que ama de la misma forma en que recuerda al perrito que se murió en la infancia.
I
El hombre pronunció el conjuro. Una extraña espesura invadió el aire y de la nada, de la espesa nada, ella apareció, perfecta, y ya amada desde antes de ser.
II
Deberías verla, tan hermosa, siempre tan radiante y alegre; una espesura de luces en un cuarto oscuro. Nunca creí que un día llegaría a besarla y sin embargo...ya ves, los milagros suceden.
III
En la penumbra del cuarto, el hombre bailaba y contaba "undostres...undostres" mientras giraba abrazando el aire entre las cuatro paredes acolchadas.
Allí, tendido en la arcillosa tierra desde hacía un par de días, el hombre se aliviaba la soledad con su nueva mascota, y le conversaba. Después de algún tiempo (horas, días, no podía estar seguro) el hombre le había puesto un nombre y el animal, parecía, respondía a veces a él. Así pasaron algún tiempo más; el hombre ya sintiendo la rigidez de la quietud conversando con el desinteresado animal mientras el obscuro pájaro continuaba picoteando la carne seca de quien ahora lo llamaba por un nombre.
abril 09, 2012
Fantasía menor en blanco y negro.
La ciudad estaba muerta. Pero aún así ni un fantasma con quien tomarse una copa podía encontrar uno en las calles. Una mujer que cruzaba la calle saltando entre los charcos me distrajo. Se parecía tanto a ella que no pude dejar de observarla hasta que al fin la tragó la noche. Me volví, me metí en el primer café que encontré. Una linda muchacha trabajaba de mesera y me trajo de vuelta su recuerdo, y la carta. Estudié durante unos cinco minutos la lista de cafés que se repetían en casi todo salvo en nombre y precio. Pedí uno negro, amargo. Encendí un cigarrillo y me dejé llevar por la ventana que dibujaba una calle, una noche, una lluvia, una ausencia.
Me propuse un monólogo interno sobre algún partido de fútbol, o quizás un libro. Enseguida me venció su recuerdo.
La ciudad estaba muerta. Y el único fantasma con quien tomar un trago tenía el nombre de una mujer.
La ciudad estaba muerta. Pero aún así ni un fantasma con quien tomarse una copa podía encontrar uno en las calles. Una mujer que cruzaba la calle saltando entre los charcos me distrajo. Se parecía tanto a ella que no pude dejar de observarla hasta que al fin la tragó la noche. Me volví, me metí en el primer café que encontré. Una linda muchacha trabajaba de mesera y me trajo de vuelta su recuerdo, y la carta. Estudié durante unos cinco minutos la lista de cafés que se repetían en casi todo salvo en nombre y precio. Pedí uno negro, amargo. Encendí un cigarrillo y me dejé llevar por la ventana que dibujaba una calle, una noche, una lluvia, una ausencia.
Me propuse un monólogo interno sobre algún partido de fútbol, o quizás un libro. Enseguida me venció su recuerdo.
La ciudad estaba muerta. Y el único fantasma con quien tomar un trago tenía el nombre de una mujer.
febrero 07, 2012
febrero 01, 2012
Buscando a...
Se pasó todo el día fumando en el balcón, esperando que ella pasara por debajo, sin ningún resultado. O al menos no el resultado que esperaba.
Descubrió, mirando para abajo, a toda esa gente que iba y venía por las aceras sin detenerse, corriendo apurados vaya a saber uno por qué o para llegar dónde.
Descubrió también, mirando derecho y hacia arriba, que no era el único que fumaba en el balcón esperando que un amor de verano les regalara una mirada desde allí abajo.
Y así tuvo la idea. Contratar hombres delgados, altos. Vestirlos de jean azul, con suéter a rayas rojas y blancas horizontales. La anciana del departamento vecino tejió los gorros de lana.
Cuando estuvo todo listo les dio la misión para la que los había contratado: debían caminar entre la muchedumbre, pasear por un lado y por otro discretamente, sin hacerse notar más que lo necesario para dejarse encontrar de vez en cuando.
La mujer que esperaba no volvió a pasar por debajo del balcón. Seguramente, las que esperaban todos los demás tampoco. Pero ahora, esperar un amor fumando en el balcón era un juego: cada tanto, alguno se sonreía y se felicitaba a si mismo por haber encontrado, entre toda esa muchedumbre de gente, al Wally de su calle.
Se pasó todo el día fumando en el balcón, esperando que ella pasara por debajo, sin ningún resultado. O al menos no el resultado que esperaba.
Descubrió, mirando para abajo, a toda esa gente que iba y venía por las aceras sin detenerse, corriendo apurados vaya a saber uno por qué o para llegar dónde.
Descubrió también, mirando derecho y hacia arriba, que no era el único que fumaba en el balcón esperando que un amor de verano les regalara una mirada desde allí abajo.
Y así tuvo la idea. Contratar hombres delgados, altos. Vestirlos de jean azul, con suéter a rayas rojas y blancas horizontales. La anciana del departamento vecino tejió los gorros de lana.
Cuando estuvo todo listo les dio la misión para la que los había contratado: debían caminar entre la muchedumbre, pasear por un lado y por otro discretamente, sin hacerse notar más que lo necesario para dejarse encontrar de vez en cuando.
La mujer que esperaba no volvió a pasar por debajo del balcón. Seguramente, las que esperaban todos los demás tampoco. Pero ahora, esperar un amor fumando en el balcón era un juego: cada tanto, alguno se sonreía y se felicitaba a si mismo por haber encontrado, entre toda esa muchedumbre de gente, al Wally de su calle.
enero 28, 2012
Excusa
Uno aprende un día que es posible sentir algo así como desprecio por todas las cosas que lo rodean, simplemente, porque no te conocen.
Las ventanas, los muebles, las esquinas del barrio, nunca te han visto y no sabe de vos ni te piensan.
La única solución es invitarte, un día, una tarde, a que te conozcan. A que pases por la calle, quizás hasta invitarte a que entres, que adquieras la bella costumbre de rodearte por todas esas cosas y te conozcan.
Sé que suena bobo, a una excusa tonta para decirte que vengas a verme, pero es la única forma que tengo de poder sobrevivir a la rutina sin que me consuma el odio de sentir tu ausencia en todas las cosas.
Uno aprende un día que es posible sentir algo así como desprecio por todas las cosas que lo rodean, simplemente, porque no te conocen.
Las ventanas, los muebles, las esquinas del barrio, nunca te han visto y no sabe de vos ni te piensan.
La única solución es invitarte, un día, una tarde, a que te conozcan. A que pases por la calle, quizás hasta invitarte a que entres, que adquieras la bella costumbre de rodearte por todas esas cosas y te conozcan.
Sé que suena bobo, a una excusa tonta para decirte que vengas a verme, pero es la única forma que tengo de poder sobrevivir a la rutina sin que me consuma el odio de sentir tu ausencia en todas las cosas.
enero 20, 2012
¿Vamos a cambiar el mundo de una vez? A empezar a cambiarlo, quiero decir. La verdad es que estoy un poco cansado de cada dos meses estar quejándome otra vez de algún capricho de los que tienen el poder. Estoy cansado de hablar y hablar de lo mal que está todo. Tengo ganas de hacer algo, pero soy uno solo, un individuo más entre los miles de millones que se quejan en todo el mundo. Igual que vos. Pero hay una solución y, si sigues leyendo, verás que no estoy mintiendo.
Cuando protestamos contra la Ley SOPA empezamos todos a pensar lo mismo: ¿Hasta cuándo tendremos que soportar a estos tipos? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir soportando estos abusos? Hay una respuesta muy simple: hasta que todos digamos basta.
Hasta ahora, toda lucha contra esta decisión totalmente antidemocrática y contraria al sentir de casi todos los ciudadanos se ha reducido a unos cuantos sitios de Internet apagados durante algunas horas. Los demás, nosotros, solo nos quejamos de palabra, sin hacer nada para que esto cambie.
Estas Leyes no son un invento de una mente maquiavélica y caprichosa que se despertó con ganas de fastidiarnos un poco. Son el resultado de la presión que las empresas ejercen sobre los gobiernos.
Todos sabemos que el gobierno de los Estados Unidos responde no a los ciudadanos que los votan sino a las empresas que los mantienen. Tampoco es sorpresa que ellos, los que tienen la obligación de velar por el derecho a la Educación y la Cultura de quienes los eligieron, aprueben leyes que atenten contra este derecho constitucional en pos de los dividendos de esas empresas.
Lo cierto es que ya nadie nos representa. TODOS los gobiernos responden a los intereses privados de unos pocos.
A pedido de Universal Music Group, el FBI comenzó la cacería de brujas. Y no esperen algo nuevo: la Inquisición ha vuelto, esta vez, con Mulder y Scully repartiéndose el papel de Torquemada.
Pero el problema es mucho más grave. En las acusaciones formales entran también sitios de otros países. ¿Serán nuestros gobiernos capaces de frenar esta violación a nuestros derechos constitucionales y capaces de garantizarnos nuestra libertad y nuestra soberanía? No, claro que no, nuestros gobiernos responden también al tirano del norte. Lo que ellos digan, será Ley, no solo dentro del territorio norteamericano.
Tu capricho, Tío Sam, es Ley. Y esta Ley es una violación a la soberanía de cada nación del mundo. Una Ley proclamada en los Estados Unidos de Norteamérica regirá la suerte cultural de TODOS los países del mundo.
¿Querés saber cómo se termina con esta situación de una vez por todas? Fácil, muy fácil. Atacando el problema desde sus mismas raíces.
El poder, aquel que alguna vez provenía de Dios para depositarse en los reyes, hoy proviene del dinero y decide el destino de nuestros gobiernos. La verdadera soberanía de cada pueblo (si es que aún quedan naciones libres) proviene, únicamente, del dinero. Quien tiene el dinero, tiene el poder. Esto significa que solo quien tenga el dinero podrá tomar las decisiones.
Ahora bien, ¿quién es el que tiene el dinero? ¿Quién es el "soberano"? NOSOTROS.
Estas grandes empresas alimentan al poder y le imponen el juego que más les conviene. Pero, ¿quién alimenta a estas grandes empresas? De nuevo, NOSOTROS. El poder de la soberanía, ahora proveniente del dinero, sigue estando en el pueblo, en los individuos.
Hemos sido siempre nosotros, cada uno de nosotros, quien ha estado alimentando a estos monstruos de la cultura durante décadas. No existe un solo sello discográfico, ni una editorial, ni una productora de cine que viva de sus propios empleados comprando sus propios productos. Somos nosotros quienes les damos el dinero.
Aseguré antes tener la solución a estos abusos. La solución es que seamos nosotros quienes empecemos desde hoy mismo a imponer nuestras condiciones. Una revolución, pacífica pero eficaz que se alimente de nuestra propia indignación.
Solo hay que preguntarse ¿por qué empresas de la talla de Universal Music Group necesita esta Ley? Porque tienen miedo, porque saben que dependen de nosotros, de cada uno de nosotros. Si dejamos de comprar sus productos estas empresas desaparecen.
¿Qué pasaría si TODOS decidimos no volver a darles nuestro dinero a ellos? No habría más leyes SOPA nunca más.
Antes que dejes de leer desilucionado ante una solución tan obvia quiero destacar algo: ellos cuentan con que no podemos ponernos de acuerdo, o que si lo hacemos, esto duraría unos cuantos días y luego todo al olvido. La verdad es que si nos ponemos de acuerdo, de verdad, con la firme decisión de cumplir este pacto, podemos exigir la anulación de la Ley.
Podemos imponer nuestras condiciones: no volver a comprarles, a darles nuestro dinero hasta que no exigan la anulación definitiva de la Ley SOPA.
Universal sangró solamente con las descargas de Megaupload...¿cuánto daño podría causarle un acuerdo en todo el mundo de NO comprar más sus productos? Sin duda que mucho.
Tenemos arte por doquier. La red está plagada de escritores que vale la pena leer. Que cada uno busque hasta encontrar alguno que le guste y, en vez de pagar un libro que siga alimentando a estas bestias, manden un cheque al autor de ese blog. Hay millones.
Hay millones de grupos musicales y cantantes difundiendo su obra en bares y canales de YouTube. En vez de pagar un CD o un DVD, manden un cheque a esos músicos. Asistan a los conciertos y compren los CDs que ellos mismos, y con mucho esfuerzo, han editado.
Hay miles de productoras de cine independiente, editoriales pequeñas que buscan promover nuevos autores sin imponer condiciones, pequeños estudios capaces de editar CDs de música ansiosos de vender copias de grupos desconocidos. Paguemos arte. Demos nuestro dinero a los artistas que se editan y se venden en bares, por la web, por su propio esfuerzo. No engordemos más al monstruo hasta que acepte nuestras condiciones.
Los autores no busquemos intermediarios. Trabajemos con ganas y de a poco, juntando moneda por moneda hasta poder pagar una edición propia y venderla. Con humildad, y con la tranquilidad de saber que estamos haciendo nuestro trabajo sin que nadie nos robe, y que estamos sembrando un futuro que hoy parece utópico. Hoy no es necesario un intermediario para vender un libro o un CD a mil o diez mil kilómetros de donde vivimos. Tenemos la red, no los necesitamos.
Los consumidores, no compremos más algo que tenga el sello de estos grandes monstruos. Si dejamos de comprar, dejan de vender. Así de simple.
Yo soy nadie. Un don nadie, como suele decirse. Igual que vos y que cada persona que anda caminando por la calle indignada con los incesantes abusos de un poder cada vez más corrupto y criminal. Hasta hace poco, todo el mundo se llenó de indignados en las calles y no cambió nada. Porque seguimos creyendo que con tuitear un "NO a la Ley SOPA" vamos a lograr algo. Porque seguimos esperando que nos escuchen esos mismos que convirtieron a la democracia en un instrumento para dominarnos.
No quieren escucharnos. No necesitan escucharnos porque siguen diciendo, y nosotros creyendo, que el poder es de ellos y de unos pocos que toman las decisiones. El poder es del que tiene el dinero. Y el dinero lo tenemos nosotros. Lo tuvimos siempre nosotros, pero se lo dimos a empresas que lo querían para imponernos leyes antidemocráticas.
SOMOS LOS SOBERANOS Y TENEMOS EL DEBER DE EJERCER NUESTRA SOBERANÍA.
Exigimos:
1- la anulación de ésta y todas las leyes que violen nuestro derecho a la cultura;
2- la penalización y condena legal a las empresas que practican la usura y el robo quedándose con lo que pertence a los artistas;
3- la anulación de las leyes de derechos de autor vigentes que son, en realidad, leyes de derechos del intermediario;
4-la elaboración de nuevas leyes que protegan verdaderamente los derechos del autor y condene a todo aquel que pretenda, bajo el rótulo de intermediario, apropiarse de las obras y decidir cuánto debemos pagar por ellas;
5-que toda obra musical o intelectual de autor fallecido sea declarada patrimonio cultural de la humanidad y pueda ser distribuida libremente, siempre que se haga sin fines de lucro, y que el pago de derechos recaiga, solamente, sobre aquellos que obtengan ganancias con las obras.
Estoy seguro que podemos terminar con esto. Si TODOS nos ponemos firmes y declaramos públicamente que no volveremos a comprar los productos de las grandes empresas monstruos, hasta que ellas mismas se retracten y acepten nuestras condiciones.
No es una utopía si todos nos ponemos de acuerdo. Somos millones los artistas en el mundo esperando que la cultura sea de todos. No queremos, ni tenemos por qué, seguir soportando este abuso de los intermediarios. El arte es nuestro. De todos. El dinero lo tenemos cada uno de nosotros y somos soberanos: nosotros vamos a decidir el final de esta lucha. Solo necesitamos una cosa: ponernos de acuerdo y anunciarles a los inquisidores que el arte es y será siempre de los artistas y del público.
¡Tenemos que dejar de darles dinero hasta que anulen la Ley o desaparezcan para siempre!
NO A LA LEY SOPA NI A LA VIOLACIÓN DE NUESTROS DERECHOS Y NUESTRA SOBERANIA.
Cuando protestamos contra la Ley SOPA empezamos todos a pensar lo mismo: ¿Hasta cuándo tendremos que soportar a estos tipos? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir soportando estos abusos? Hay una respuesta muy simple: hasta que todos digamos basta.
Hasta ahora, toda lucha contra esta decisión totalmente antidemocrática y contraria al sentir de casi todos los ciudadanos se ha reducido a unos cuantos sitios de Internet apagados durante algunas horas. Los demás, nosotros, solo nos quejamos de palabra, sin hacer nada para que esto cambie.
Estas Leyes no son un invento de una mente maquiavélica y caprichosa que se despertó con ganas de fastidiarnos un poco. Son el resultado de la presión que las empresas ejercen sobre los gobiernos.
Todos sabemos que el gobierno de los Estados Unidos responde no a los ciudadanos que los votan sino a las empresas que los mantienen. Tampoco es sorpresa que ellos, los que tienen la obligación de velar por el derecho a la Educación y la Cultura de quienes los eligieron, aprueben leyes que atenten contra este derecho constitucional en pos de los dividendos de esas empresas.
Lo cierto es que ya nadie nos representa. TODOS los gobiernos responden a los intereses privados de unos pocos.
A pedido de Universal Music Group, el FBI comenzó la cacería de brujas. Y no esperen algo nuevo: la Inquisición ha vuelto, esta vez, con Mulder y Scully repartiéndose el papel de Torquemada.
Pero el problema es mucho más grave. En las acusaciones formales entran también sitios de otros países. ¿Serán nuestros gobiernos capaces de frenar esta violación a nuestros derechos constitucionales y capaces de garantizarnos nuestra libertad y nuestra soberanía? No, claro que no, nuestros gobiernos responden también al tirano del norte. Lo que ellos digan, será Ley, no solo dentro del territorio norteamericano.
Tu capricho, Tío Sam, es Ley. Y esta Ley es una violación a la soberanía de cada nación del mundo. Una Ley proclamada en los Estados Unidos de Norteamérica regirá la suerte cultural de TODOS los países del mundo.
¿Querés saber cómo se termina con esta situación de una vez por todas? Fácil, muy fácil. Atacando el problema desde sus mismas raíces.
El poder, aquel que alguna vez provenía de Dios para depositarse en los reyes, hoy proviene del dinero y decide el destino de nuestros gobiernos. La verdadera soberanía de cada pueblo (si es que aún quedan naciones libres) proviene, únicamente, del dinero. Quien tiene el dinero, tiene el poder. Esto significa que solo quien tenga el dinero podrá tomar las decisiones.
Ahora bien, ¿quién es el que tiene el dinero? ¿Quién es el "soberano"? NOSOTROS.
Estas grandes empresas alimentan al poder y le imponen el juego que más les conviene. Pero, ¿quién alimenta a estas grandes empresas? De nuevo, NOSOTROS. El poder de la soberanía, ahora proveniente del dinero, sigue estando en el pueblo, en los individuos.
Hemos sido siempre nosotros, cada uno de nosotros, quien ha estado alimentando a estos monstruos de la cultura durante décadas. No existe un solo sello discográfico, ni una editorial, ni una productora de cine que viva de sus propios empleados comprando sus propios productos. Somos nosotros quienes les damos el dinero.
Aseguré antes tener la solución a estos abusos. La solución es que seamos nosotros quienes empecemos desde hoy mismo a imponer nuestras condiciones. Una revolución, pacífica pero eficaz que se alimente de nuestra propia indignación.
Solo hay que preguntarse ¿por qué empresas de la talla de Universal Music Group necesita esta Ley? Porque tienen miedo, porque saben que dependen de nosotros, de cada uno de nosotros. Si dejamos de comprar sus productos estas empresas desaparecen.
¿Qué pasaría si TODOS decidimos no volver a darles nuestro dinero a ellos? No habría más leyes SOPA nunca más.
Antes que dejes de leer desilucionado ante una solución tan obvia quiero destacar algo: ellos cuentan con que no podemos ponernos de acuerdo, o que si lo hacemos, esto duraría unos cuantos días y luego todo al olvido. La verdad es que si nos ponemos de acuerdo, de verdad, con la firme decisión de cumplir este pacto, podemos exigir la anulación de la Ley.
Podemos imponer nuestras condiciones: no volver a comprarles, a darles nuestro dinero hasta que no exigan la anulación definitiva de la Ley SOPA.
Universal sangró solamente con las descargas de Megaupload...¿cuánto daño podría causarle un acuerdo en todo el mundo de NO comprar más sus productos? Sin duda que mucho.
Tenemos arte por doquier. La red está plagada de escritores que vale la pena leer. Que cada uno busque hasta encontrar alguno que le guste y, en vez de pagar un libro que siga alimentando a estas bestias, manden un cheque al autor de ese blog. Hay millones.
Hay millones de grupos musicales y cantantes difundiendo su obra en bares y canales de YouTube. En vez de pagar un CD o un DVD, manden un cheque a esos músicos. Asistan a los conciertos y compren los CDs que ellos mismos, y con mucho esfuerzo, han editado.
Hay miles de productoras de cine independiente, editoriales pequeñas que buscan promover nuevos autores sin imponer condiciones, pequeños estudios capaces de editar CDs de música ansiosos de vender copias de grupos desconocidos. Paguemos arte. Demos nuestro dinero a los artistas que se editan y se venden en bares, por la web, por su propio esfuerzo. No engordemos más al monstruo hasta que acepte nuestras condiciones.
Los autores no busquemos intermediarios. Trabajemos con ganas y de a poco, juntando moneda por moneda hasta poder pagar una edición propia y venderla. Con humildad, y con la tranquilidad de saber que estamos haciendo nuestro trabajo sin que nadie nos robe, y que estamos sembrando un futuro que hoy parece utópico. Hoy no es necesario un intermediario para vender un libro o un CD a mil o diez mil kilómetros de donde vivimos. Tenemos la red, no los necesitamos.
Los consumidores, no compremos más algo que tenga el sello de estos grandes monstruos. Si dejamos de comprar, dejan de vender. Así de simple.
Yo soy nadie. Un don nadie, como suele decirse. Igual que vos y que cada persona que anda caminando por la calle indignada con los incesantes abusos de un poder cada vez más corrupto y criminal. Hasta hace poco, todo el mundo se llenó de indignados en las calles y no cambió nada. Porque seguimos creyendo que con tuitear un "NO a la Ley SOPA" vamos a lograr algo. Porque seguimos esperando que nos escuchen esos mismos que convirtieron a la democracia en un instrumento para dominarnos.
No quieren escucharnos. No necesitan escucharnos porque siguen diciendo, y nosotros creyendo, que el poder es de ellos y de unos pocos que toman las decisiones. El poder es del que tiene el dinero. Y el dinero lo tenemos nosotros. Lo tuvimos siempre nosotros, pero se lo dimos a empresas que lo querían para imponernos leyes antidemocráticas.
SOMOS LOS SOBERANOS Y TENEMOS EL DEBER DE EJERCER NUESTRA SOBERANÍA.
Exigimos:
1- la anulación de ésta y todas las leyes que violen nuestro derecho a la cultura;
2- la penalización y condena legal a las empresas que practican la usura y el robo quedándose con lo que pertence a los artistas;
3- la anulación de las leyes de derechos de autor vigentes que son, en realidad, leyes de derechos del intermediario;
4-la elaboración de nuevas leyes que protegan verdaderamente los derechos del autor y condene a todo aquel que pretenda, bajo el rótulo de intermediario, apropiarse de las obras y decidir cuánto debemos pagar por ellas;
5-que toda obra musical o intelectual de autor fallecido sea declarada patrimonio cultural de la humanidad y pueda ser distribuida libremente, siempre que se haga sin fines de lucro, y que el pago de derechos recaiga, solamente, sobre aquellos que obtengan ganancias con las obras.
Estoy seguro que podemos terminar con esto. Si TODOS nos ponemos firmes y declaramos públicamente que no volveremos a comprar los productos de las grandes empresas monstruos, hasta que ellas mismas se retracten y acepten nuestras condiciones.
No es una utopía si todos nos ponemos de acuerdo. Somos millones los artistas en el mundo esperando que la cultura sea de todos. No queremos, ni tenemos por qué, seguir soportando este abuso de los intermediarios. El arte es nuestro. De todos. El dinero lo tenemos cada uno de nosotros y somos soberanos: nosotros vamos a decidir el final de esta lucha. Solo necesitamos una cosa: ponernos de acuerdo y anunciarles a los inquisidores que el arte es y será siempre de los artistas y del público.
¡Tenemos que dejar de darles dinero hasta que anulen la Ley o desaparezcan para siempre!
NO A LA LEY SOPA NI A LA VIOLACIÓN DE NUESTROS DERECHOS Y NUESTRA SOBERANIA.
enero 17, 2012
Huelga de poetas (Carta abierta)
Hoy quiero escribir la historia de un hombre real, como usted. La historia de un hombre que trabaja sin que nadie le pague. De un hombre sin derechos, al que le han robado la dignidad de su trabajo.
Nuestro hombre es un escritor: poeta, cuenta cuentos, pensador, llámelo como usted quiera, él ya está acostumbrado.
Cada mañana se despierta con unas cuantas ideas que escribir y una sola pregunta: "¿para qué?". Y, sin tener una respuesta, se reacomoda en la cama y sigue durmiendo, tratando de despertar en otro mundo, en otra realidad, en otro cuerpo y, sobre todo, en otra vocación.
Nuestro hombre sueña con ser empleado en una oficina del gobierno, portero, barredor, mendigo en la puerta de la Iglesia, lo que sea que se pague.
Nuestro hombre todavía no entiende qué trabajos son los que dignifican. Solo sabe, porque se lo repiten constantemente, que el suyo no. Ha estado más de diez años trabajando para otros mientras un nefasto acuerdo social intentaba mentirle que trabajaba para él. En varios países es hasta tema de dramáticos informes en la televisión que un abogado maneje un taxi, que un médico tenga que dar clases de biología en una escuela, o que un ingeniero reparta pizzas. Pero nunca escuché a nadie gritar horrorizado "¡Qué barbaridad! Un poeta atendiendo un almacén!". El poeta, el escritor, no merece el espanto y la indignación ajena.
Nadie se espanta porque un poeta esté vendiendo caramelos. Pero pobre de él si intentara afirmar que escribir (en sentido literario) es un trabajo. A nuestro hombre intentan explicarle en vano que escribir NO es un trabajo. Que el trabajo de un escritor es ser profesor de Literatura, redactor en un diario, corrector en algún lado, o periodista.
Nuestro hombre asiste a todos los cumpleaños y reuniones familiares solo para que alguien pueda echarle en cara el último ascenso de la hija del tío del primo de un hermano del vecino que pasó de barrer el piso en una oficina a limpiar las ventanas. Asiste cada 31 de diciembre a la tradicional cena de año nuevo solo para que toda la familia esté pensando "Quizás este año consiga un trabajo" (y nunca falte quien tenga la cuenta bancaria lo suficientemente inflada como para sentirse en el derecho a decirlo).
Nuestro escritor no tiene vida, no tiene futuro, no tiene seguro médico. Conclusión, no tiene trabajo. Está todo el día sentado frente a una computadora sin hacer nada.
¿Por qué ocurre esto? No sé, tengo más preguntas, querido lector, que respuestas.
El escritor debe ser cualquier cosa menos escritor: profesor en algún colegio, periodista, redactor en alguna empresa o diseñar el slogan que venda una cortadora de césped. El escritor no puede ser escritor.
El trabajo de escritor no existe. Escribir literatura no es un trabajo.
Escribir poesía es tan poco digno que hasta debo dejar de hacerlo para responder un mail de una revista, de un diario, o de un lo que sea que vaya a ganar dinero con lo que yo escribo, para decir, con el pecho inflado de orgullo y felicidad: "si, claro, publiquen mi poema/cuento, es un honor". Y dos horas después estar mirando el último cigarrillo pensado que quizá no vuelva a fumar uno hasta que algún amigo venga de visita.
La excusa más repetida es que la revista no se vende, que se distribuye gratuitamente, que es on line, que apenas se mantiene. Yo ni a mantenerme llego y vos adornás mi poema con publicidades que cobrás sin la más mínima vergüenza.
¿Y si yo no autorizo a publicarme sin pagar por mi trabajo? La respuesta es clara: no me publican. Porque mi trabajo no vale. Los dos meses que estuve trabajando un cuento no valen en dinero absolutamente nada. Porque escribir no es trabajo. Editar es un trabajo, vender publicidad es un trabajo. Escribir lo que ellos venden (directa o indirectamente, porque cobrar por publicidades también es vender lo que uno escribió) no es trabajo.
De las editoriales, mejor no hablar. Algún día, la humanidad tendrá que entender que todo lo que está mal en el mundo es consecuencia directa de poner precio a las letras. La Revolución Francesa hubiera muerto en el sueño de un puñado de borrachos gritando en una taberna de no ser por la imprenta, por el libro, porque aquel sueño de Igualdad, Libertad y Fraternidad llegó a todos los rincones del planeta en unos cuantos libros impresos. Claro, cuando todavía se imprimían ideas. Ahora, Coelho deja más ganancia. Y ni el más mínimo riesgo de una idea que amenace con una sublevación de desnutridos en toda África.
Pero ya estoy desvariando. Disculpen esta pasión desperdiciada en defender un pasatiempos (creo que así es como quieren que lo llame).
El tema es que la historia de hoy no es de un hombre solo, único y especial (que ya habrán adivinado de quién se trata). Mi historia es la de miles de hombres y mujeres que por todo el mundo vamos dejando un verso, un cuento, o algo, por pequeño que sea, que escribimos y que usted lee.
Tómese un día el trabajo de buscar en internet cuántos somos los que estamos aquí ofreciéndole algo mejor que esos programas de televisión basura; algo más digno, más serio que esos libros que intentan imponerle desde una oficina de contabilidades mezquinas que responden a los más nefastos intereses de unos pocos.
Tómese el trabajo de preguntarse seriamente por qué nuestro trabajo no vale lo mismo que el suyo.
¿Qué pasaría si un día decidiéramos, todos juntos, declararnos en una huelga poética? Absolutamente nada. Por dos razones muy simples. Primero, hay infinidad de cosas para leer y si un día todos los que escribimos dejáramos de hacerlos, quizá usted tendría tiempo de leer todo eso que no ha podido leer hasta ahora.
Pero la segunda razón, la más importante, es porque seguiríamos escribiendo porque amamos lo que hacemos. No podemos dejar de escribir como usted no puede dejar de ser usted. Somos escritores, no otra cosa. Ni profesores, ni camareros, ni ninguna otra cosa. Somos escritores. Nuestro trabajo es este. Nuestra vida es esta y usted no puede ni imaginar la literatura maravillosa que podríamos crear para usted si tuviéramos la oportunidad de hacerlo, si no tuviéramos que conformarnos con escribir los fines de semana o los ratos que nos deja nuestro trabajo de verdad.
Yo he tenido la suerte maravillosa de quedarme sin trabajo. Si, de ser uno de esos millones de desempleados de los que tanto se habla en los medios. De ser uno de esos seres sin futuro, pero más que nada sin presente. Y digo suerte porque en estos meses he podido darme el lujo de despertarme temprano a trabajar de escritor. Pero nada dura para siempre. Es cuestión de tiempo que estos meses pasen a ser un buen recuerdo.
En España y en todo el mundo se habla de "los indignados", los que se cansaron de no ser. Yo estoy harto, querido lector y compañero, de no ser. Harto de levantarme cada mañana y preguntarme "¿para qué?". Harto de tener una respuesta, y que sea siempre la misma. Harto de tanta literatura, de tanto sueño, de tanta fe, de tanta historia de mentira, harto de seguir esperando el milagro.
El mundo es esto porque nosotros lo hicimos así. Es imposible que unos cuantos señores decidan el futuro de seis mil millones de personas. Esta realidad la cagamos nosotros. Y hasta que no dejemos de comprar mentiras y bolsas de basura no dejarán de venderla.
Hoy, cuando me desperté, con la misma respuesta de siempre, estuve a punto de quedarme en la cama esperando despertar en un pibe que sirva café en una oficina por el sueldo mínimo. Algo me dijo que eso no pasaría y decidí levantarme y escribir, pero cambiando un poco el estilo. Contar una historia que no fuera un cuento. Contar la historia de miles de escritores que NO somos profesores, ni taxistas, ni empleados en el almacén de un pariente lejano que tuvo éxito mientras nosotros perdíamos el tiempo escribiendo poemas.
Porque ni eso es tener éxito ni esto es ser un fracasado. Mi éxito es que usted esté leyendo esto, que haya leído mis poemas y mis cuentos y haya encontrado en ellos alguna virtud, algún sentimiento, alguna idea. Porque soy escritor y punto.
Le pido disculpas si esperaba otra cosa, algún poema de esos de medio pelo que suelo escribir o un cuento tonto sobre muertos que vuelven de la muerte porque extrañaban a un amor...hoy no tengo ganas. Hoy me desperté aplastado por un "¿para qué?" con la misma respuesta de siempre: para nada, para que me sigan diciendo que me busque un trabajo mientras mis poemas y mis cuentos siguen paseando por revistas de todo latinoamérica y España. Para que me sigan acusando de ser un fracasado mientras los imbéciles piden el Nobel para Coelho y las editoriales guardan ese silencio asesino que ya les queda como pintado, mientras la gente sigue quejándose y repitiendo "es así, no podemos hacer nada".
Hoy me levanté más harto que nunca.
Perdón por el hartazgo.
Hoy quiero escribir la historia de un hombre real, como usted. La historia de un hombre que trabaja sin que nadie le pague. De un hombre sin derechos, al que le han robado la dignidad de su trabajo.
Nuestro hombre es un escritor: poeta, cuenta cuentos, pensador, llámelo como usted quiera, él ya está acostumbrado.
Cada mañana se despierta con unas cuantas ideas que escribir y una sola pregunta: "¿para qué?". Y, sin tener una respuesta, se reacomoda en la cama y sigue durmiendo, tratando de despertar en otro mundo, en otra realidad, en otro cuerpo y, sobre todo, en otra vocación.
Nuestro hombre sueña con ser empleado en una oficina del gobierno, portero, barredor, mendigo en la puerta de la Iglesia, lo que sea que se pague.
Nuestro hombre todavía no entiende qué trabajos son los que dignifican. Solo sabe, porque se lo repiten constantemente, que el suyo no. Ha estado más de diez años trabajando para otros mientras un nefasto acuerdo social intentaba mentirle que trabajaba para él. En varios países es hasta tema de dramáticos informes en la televisión que un abogado maneje un taxi, que un médico tenga que dar clases de biología en una escuela, o que un ingeniero reparta pizzas. Pero nunca escuché a nadie gritar horrorizado "¡Qué barbaridad! Un poeta atendiendo un almacén!". El poeta, el escritor, no merece el espanto y la indignación ajena.
Nadie se espanta porque un poeta esté vendiendo caramelos. Pero pobre de él si intentara afirmar que escribir (en sentido literario) es un trabajo. A nuestro hombre intentan explicarle en vano que escribir NO es un trabajo. Que el trabajo de un escritor es ser profesor de Literatura, redactor en un diario, corrector en algún lado, o periodista.
Nuestro hombre asiste a todos los cumpleaños y reuniones familiares solo para que alguien pueda echarle en cara el último ascenso de la hija del tío del primo de un hermano del vecino que pasó de barrer el piso en una oficina a limpiar las ventanas. Asiste cada 31 de diciembre a la tradicional cena de año nuevo solo para que toda la familia esté pensando "Quizás este año consiga un trabajo" (y nunca falte quien tenga la cuenta bancaria lo suficientemente inflada como para sentirse en el derecho a decirlo).
Nuestro escritor no tiene vida, no tiene futuro, no tiene seguro médico. Conclusión, no tiene trabajo. Está todo el día sentado frente a una computadora sin hacer nada.
¿Por qué ocurre esto? No sé, tengo más preguntas, querido lector, que respuestas.
El escritor debe ser cualquier cosa menos escritor: profesor en algún colegio, periodista, redactor en alguna empresa o diseñar el slogan que venda una cortadora de césped. El escritor no puede ser escritor.
El trabajo de escritor no existe. Escribir literatura no es un trabajo.
Escribir poesía es tan poco digno que hasta debo dejar de hacerlo para responder un mail de una revista, de un diario, o de un lo que sea que vaya a ganar dinero con lo que yo escribo, para decir, con el pecho inflado de orgullo y felicidad: "si, claro, publiquen mi poema/cuento, es un honor". Y dos horas después estar mirando el último cigarrillo pensado que quizá no vuelva a fumar uno hasta que algún amigo venga de visita.
La excusa más repetida es que la revista no se vende, que se distribuye gratuitamente, que es on line, que apenas se mantiene. Yo ni a mantenerme llego y vos adornás mi poema con publicidades que cobrás sin la más mínima vergüenza.
¿Y si yo no autorizo a publicarme sin pagar por mi trabajo? La respuesta es clara: no me publican. Porque mi trabajo no vale. Los dos meses que estuve trabajando un cuento no valen en dinero absolutamente nada. Porque escribir no es trabajo. Editar es un trabajo, vender publicidad es un trabajo. Escribir lo que ellos venden (directa o indirectamente, porque cobrar por publicidades también es vender lo que uno escribió) no es trabajo.
De las editoriales, mejor no hablar. Algún día, la humanidad tendrá que entender que todo lo que está mal en el mundo es consecuencia directa de poner precio a las letras. La Revolución Francesa hubiera muerto en el sueño de un puñado de borrachos gritando en una taberna de no ser por la imprenta, por el libro, porque aquel sueño de Igualdad, Libertad y Fraternidad llegó a todos los rincones del planeta en unos cuantos libros impresos. Claro, cuando todavía se imprimían ideas. Ahora, Coelho deja más ganancia. Y ni el más mínimo riesgo de una idea que amenace con una sublevación de desnutridos en toda África.
Pero ya estoy desvariando. Disculpen esta pasión desperdiciada en defender un pasatiempos (creo que así es como quieren que lo llame).
El tema es que la historia de hoy no es de un hombre solo, único y especial (que ya habrán adivinado de quién se trata). Mi historia es la de miles de hombres y mujeres que por todo el mundo vamos dejando un verso, un cuento, o algo, por pequeño que sea, que escribimos y que usted lee.
Tómese un día el trabajo de buscar en internet cuántos somos los que estamos aquí ofreciéndole algo mejor que esos programas de televisión basura; algo más digno, más serio que esos libros que intentan imponerle desde una oficina de contabilidades mezquinas que responden a los más nefastos intereses de unos pocos.
Tómese el trabajo de preguntarse seriamente por qué nuestro trabajo no vale lo mismo que el suyo.
¿Qué pasaría si un día decidiéramos, todos juntos, declararnos en una huelga poética? Absolutamente nada. Por dos razones muy simples. Primero, hay infinidad de cosas para leer y si un día todos los que escribimos dejáramos de hacerlos, quizá usted tendría tiempo de leer todo eso que no ha podido leer hasta ahora.
Pero la segunda razón, la más importante, es porque seguiríamos escribiendo porque amamos lo que hacemos. No podemos dejar de escribir como usted no puede dejar de ser usted. Somos escritores, no otra cosa. Ni profesores, ni camareros, ni ninguna otra cosa. Somos escritores. Nuestro trabajo es este. Nuestra vida es esta y usted no puede ni imaginar la literatura maravillosa que podríamos crear para usted si tuviéramos la oportunidad de hacerlo, si no tuviéramos que conformarnos con escribir los fines de semana o los ratos que nos deja nuestro trabajo de verdad.
Yo he tenido la suerte maravillosa de quedarme sin trabajo. Si, de ser uno de esos millones de desempleados de los que tanto se habla en los medios. De ser uno de esos seres sin futuro, pero más que nada sin presente. Y digo suerte porque en estos meses he podido darme el lujo de despertarme temprano a trabajar de escritor. Pero nada dura para siempre. Es cuestión de tiempo que estos meses pasen a ser un buen recuerdo.
En España y en todo el mundo se habla de "los indignados", los que se cansaron de no ser. Yo estoy harto, querido lector y compañero, de no ser. Harto de levantarme cada mañana y preguntarme "¿para qué?". Harto de tener una respuesta, y que sea siempre la misma. Harto de tanta literatura, de tanto sueño, de tanta fe, de tanta historia de mentira, harto de seguir esperando el milagro.
El mundo es esto porque nosotros lo hicimos así. Es imposible que unos cuantos señores decidan el futuro de seis mil millones de personas. Esta realidad la cagamos nosotros. Y hasta que no dejemos de comprar mentiras y bolsas de basura no dejarán de venderla.
Hoy, cuando me desperté, con la misma respuesta de siempre, estuve a punto de quedarme en la cama esperando despertar en un pibe que sirva café en una oficina por el sueldo mínimo. Algo me dijo que eso no pasaría y decidí levantarme y escribir, pero cambiando un poco el estilo. Contar una historia que no fuera un cuento. Contar la historia de miles de escritores que NO somos profesores, ni taxistas, ni empleados en el almacén de un pariente lejano que tuvo éxito mientras nosotros perdíamos el tiempo escribiendo poemas.
Porque ni eso es tener éxito ni esto es ser un fracasado. Mi éxito es que usted esté leyendo esto, que haya leído mis poemas y mis cuentos y haya encontrado en ellos alguna virtud, algún sentimiento, alguna idea. Porque soy escritor y punto.
Le pido disculpas si esperaba otra cosa, algún poema de esos de medio pelo que suelo escribir o un cuento tonto sobre muertos que vuelven de la muerte porque extrañaban a un amor...hoy no tengo ganas. Hoy me desperté aplastado por un "¿para qué?" con la misma respuesta de siempre: para nada, para que me sigan diciendo que me busque un trabajo mientras mis poemas y mis cuentos siguen paseando por revistas de todo latinoamérica y España. Para que me sigan acusando de ser un fracasado mientras los imbéciles piden el Nobel para Coelho y las editoriales guardan ese silencio asesino que ya les queda como pintado, mientras la gente sigue quejándose y repitiendo "es así, no podemos hacer nada".
Hoy me levanté más harto que nunca.
Perdón por el hartazgo.
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