Desde que la Presidente de unos cuántos argentinos afirmó que ahora la soberanía se defiende desde las ideas, que la soberanía es un concepto intelectual, no paro de recibir mails de editoriales que están asombradas por la cantidad de recursos que tienen para publicar libros. Dicen que están desesperados por empezar a publicar ideas nuevas. Que no saben de dónde sacar escritores para publicar porque todos estamos más felices sin trabajo y sin editar nada. Aunque hay un miedo terrible a que la gente salga desesperada a saquear librerías ante el pánico de que se agoten los libros y quedarse sin ejemplares.
O no, la Presidente sigue mintiendo como en cada discurso que ha dado en su vida, las editoriales están quebradas, la gente lo único que lee son mensajes de texto, la educación es la peor que hemos tenido en toda la historia, y los escritores, intelectuales o lo que sea que seamos seguimos rogándoles un trabajo a los "trabajadores" del turismo que, sentados al sol con un pastito en la boca, ojeando cada tanto para ver si viene algún turista a comprar cucharitas de bambú para la yerba, nos dé un trabajo barriendo el piso.
noviembre 16, 2011
noviembre 11, 2011
noviembre 09, 2011
Necesitaba el Sol, y una noche lo encontró escondido detrás de un cerro al final del horizonte. Durante varias horas intentó convencerlo de salir de allí. Pero el Sol, que ya ha perdido su hermoso ego de otros siglos no quería mostrarse.
-Ya no me aman-dijo timidamente,-yo era el Astro al que le agradecían el calor, las cosechas, la luz, la vida entera. Pero el hombre me olvidó, se ahogó en cuentos de de falsos dioses y ya no me aman.
El hombrecito entendió que aquello sería arduo. No se resignó, pero necesitó un plan para convencer al Sol de asomarse. Se alejó un poco y se sentó en una piedra. Mientras pensaba sacó una flauta hecha de caña que llevaba en el morral. Y empezó a soplar en ella una antigua melodía que había aprendido de sus ancestros.
Distraído como estaba, el hombrecito no notó que mientras tocaba su canción el Sol asomaba algunos rayos por sobre el cerro para espiarlo. Hasta que al fin, una voz soberbia, llena de amor y que parecía contener todo el cosmos en su eco lo interrumpió:
-Esa canción que tocas, Pastor de llamas, se la enseñé hace mucho a los primeros hombres. Veo que eres un Hijo de ellos. ¿Qué necesitas Hijo?
-Mis cosechas, Padre, necesitan su calor...y mis hijos también, ya que pasan frío porque somos pobres y no tengo para darles abrigo...
-Brillaré por ti- respondió solamente el Astro, con su voz de fuego.
El hombre volvió a su rancho de adobe. Desde aquel día el sol brilló alto en su tierra y las cosechas crecieron más que nunca. Y todo el cerro brilló con la majestuosidad del Astro Sol no dejando al frío tocar a aquella familia.
Para cuando terminó de recolectarse la cosecha, el hombrecito fue al arroyito que quitaba la sed a sus huertas. Allí soplaban unas cañas desde hacía tiempo. Pero estaban más crecidas que nunca por aquel calor nuevo del Sol. Cortó una caña, pidiendo permiso a la Pachamama, y con ella hizo tres flautas para sus hijos. Y con ellas les enseñó a tocar aquella canción de sus ancestros.
Cada día, antes del desayuno, padre e hijos soplaban aquella vieja oración al Sol en agradecimiento al Padre.
Y el Sol, el Padre eterno que nunca abandona a sus hijos, los escucha feliz de saber que aún siguen sus hijos caminando en la tierra.
-Ya no me aman-dijo timidamente,-yo era el Astro al que le agradecían el calor, las cosechas, la luz, la vida entera. Pero el hombre me olvidó, se ahogó en cuentos de de falsos dioses y ya no me aman.
El hombrecito entendió que aquello sería arduo. No se resignó, pero necesitó un plan para convencer al Sol de asomarse. Se alejó un poco y se sentó en una piedra. Mientras pensaba sacó una flauta hecha de caña que llevaba en el morral. Y empezó a soplar en ella una antigua melodía que había aprendido de sus ancestros.
Distraído como estaba, el hombrecito no notó que mientras tocaba su canción el Sol asomaba algunos rayos por sobre el cerro para espiarlo. Hasta que al fin, una voz soberbia, llena de amor y que parecía contener todo el cosmos en su eco lo interrumpió:
-Esa canción que tocas, Pastor de llamas, se la enseñé hace mucho a los primeros hombres. Veo que eres un Hijo de ellos. ¿Qué necesitas Hijo?
-Mis cosechas, Padre, necesitan su calor...y mis hijos también, ya que pasan frío porque somos pobres y no tengo para darles abrigo...
-Brillaré por ti- respondió solamente el Astro, con su voz de fuego.
El hombre volvió a su rancho de adobe. Desde aquel día el sol brilló alto en su tierra y las cosechas crecieron más que nunca. Y todo el cerro brilló con la majestuosidad del Astro Sol no dejando al frío tocar a aquella familia.
Para cuando terminó de recolectarse la cosecha, el hombrecito fue al arroyito que quitaba la sed a sus huertas. Allí soplaban unas cañas desde hacía tiempo. Pero estaban más crecidas que nunca por aquel calor nuevo del Sol. Cortó una caña, pidiendo permiso a la Pachamama, y con ella hizo tres flautas para sus hijos. Y con ellas les enseñó a tocar aquella canción de sus ancestros.
Cada día, antes del desayuno, padre e hijos soplaban aquella vieja oración al Sol en agradecimiento al Padre.
Y el Sol, el Padre eterno que nunca abandona a sus hijos, los escucha feliz de saber que aún siguen sus hijos caminando en la tierra.
noviembre 08, 2011
Ejercicios de microrrelato:
*Minutos más tarde, la había olvidado por completo. Sin embargo, nunca dejó de amarla.
*El mirlo se veía inquieto, con sus pequeñas patitas moviéndose a lo largo de la rama. El gato, al pie del árbol, no tenía prisa.
*El conejo miró el calendario y comenzó a tomar precauciones para que su dueño no sospechara que él, una simple mascota, era el Conejo de Pascuas.
*Veía las nubes con calma, adivinando formas, hasta que una lo espantó: era su rostro, con el gesto sereno de la muerte en su boca.
*Lo conoció con el corazón roto y lo amó hasta arreglarselo. Cuando lo olvidó tenía otra vez el corazón roto.
*Logró superar aquel desengaño con meses de terapia. Pero cuando se enamoró de su psicóloga toda la terapia se volvió inútil.
*Un pez creyó en la vida fuera de su mundo cuando hizo contacto con un buzo.
*-¡Qué cuernos más grandes tienes, abuelita!-dijo Caperucita. Y el lobo pensó en la loba, y en cómo cada día se hacían más extraños entre si.
*Esa tarde el sol no se puso tras las montañas como cada día. Se quedó alto en el cielo y ya nunca hubo noches ni lunas ni estrellas, ni enamorados.
*Borra tus huellas cuando te vayas, no sea que se me antoje seguirte.
*Minutos más tarde, la había olvidado por completo. Sin embargo, nunca dejó de amarla.
*El mirlo se veía inquieto, con sus pequeñas patitas moviéndose a lo largo de la rama. El gato, al pie del árbol, no tenía prisa.
*El conejo miró el calendario y comenzó a tomar precauciones para que su dueño no sospechara que él, una simple mascota, era el Conejo de Pascuas.
*Veía las nubes con calma, adivinando formas, hasta que una lo espantó: era su rostro, con el gesto sereno de la muerte en su boca.
*Lo conoció con el corazón roto y lo amó hasta arreglarselo. Cuando lo olvidó tenía otra vez el corazón roto.
*Logró superar aquel desengaño con meses de terapia. Pero cuando se enamoró de su psicóloga toda la terapia se volvió inútil.
*Un pez creyó en la vida fuera de su mundo cuando hizo contacto con un buzo.
*-¡Qué cuernos más grandes tienes, abuelita!-dijo Caperucita. Y el lobo pensó en la loba, y en cómo cada día se hacían más extraños entre si.
*Esa tarde el sol no se puso tras las montañas como cada día. Se quedó alto en el cielo y ya nunca hubo noches ni lunas ni estrellas, ni enamorados.
*Borra tus huellas cuando te vayas, no sea que se me antoje seguirte.
noviembre 01, 2011
El médico mira a su paciente. Piensa en el muchacho al que la leucemia le cortó los años antes de llegar a 21. Era su hijo, sano, de costumbres prolijas, moderado en todo, comidas ordenadas, no probó nunca cigarrillo ni alcohol. Ahora, seis meses después, este hombre de algo más de cincuenta años le muestra una sonrisa de pobre pero satisfecha por el resultado de sus estudios. Conocedor del tabaco desde chico, acostumbrado al trago, a la noches de mujerzuelas, a la vida triste de un pobre que llegó vacío a la capital.
Este médico tiene preguntas sin responder y culpas sin repartir. Quiere vivo al hijo muerto. Quiere justicia, alguna forma de justicia sacada de algún tratado de biología. Al otro hombre le hubiera gustado tener las oportunidades del hijo de un médico acomodado, no ser el hijo de un peón borracho y pobre.
La trama es compleja. La culpa es de todos, y de nadie. Somos seres humanos, raza sin verdades, de justicias más poéticas que reales.
Este médico tiene preguntas sin responder y culpas sin repartir. Quiere vivo al hijo muerto. Quiere justicia, alguna forma de justicia sacada de algún tratado de biología. Al otro hombre le hubiera gustado tener las oportunidades del hijo de un médico acomodado, no ser el hijo de un peón borracho y pobre.
La trama es compleja. La culpa es de todos, y de nadie. Somos seres humanos, raza sin verdades, de justicias más poéticas que reales.
octubre 31, 2011
"¡Qué suerte la de los números," piensan las letras, "todo el tiempo en el mundo hay alguien hablando de ellos".
Lo que no saben las letras es que los números viven celosos de ellas porque mientras a ellos los cuentan los hombres más miserables, a ellas las cuentan los poetas, los contadores de historias, los enamorados.
Nunca un enamorado dirá: "te amo 15749". Ni un poeta escribirá versos con números, ni un abuelo contará una historia de "Érase una vez un 3749..."
Pero las letras no sospechan esta enfermedad que de a poco va envenenando el alma de los números. Porque las letras cuentan verdades, y la verdad siempre es humilde aunque al mentiroso le parezca soberbia. Las letras jamás sabrán que son la envidia que un día va a matar de un disgusto a los números. Y está bien que no lo sepan, que sigan siendo siempre los ladrillos de nuestras casitas de sueños, donde después de cenar nos sentamos con la mujer que amamos a simplemente ser felices juntos.
Lo que no saben las letras es que los números viven celosos de ellas porque mientras a ellos los cuentan los hombres más miserables, a ellas las cuentan los poetas, los contadores de historias, los enamorados.
Nunca un enamorado dirá: "te amo 15749". Ni un poeta escribirá versos con números, ni un abuelo contará una historia de "Érase una vez un 3749..."
Pero las letras no sospechan esta enfermedad que de a poco va envenenando el alma de los números. Porque las letras cuentan verdades, y la verdad siempre es humilde aunque al mentiroso le parezca soberbia. Las letras jamás sabrán que son la envidia que un día va a matar de un disgusto a los números. Y está bien que no lo sepan, que sigan siendo siempre los ladrillos de nuestras casitas de sueños, donde después de cenar nos sentamos con la mujer que amamos a simplemente ser felices juntos.
El día empezó marcado por la especulación, la preocupación por qué iba a pasar con el dólar debido a las últimas medidas del gobierno. La mayoría habla de eso, y solamente de eso. Dólares por acá dólares por allá. Que no se pueden comprar, que sí pero hay que justificar la compra y no sé cuántas pavadas más.
Mientras tanto, fuera de los círculos de los Grandes Economistas (esa especie de Dioses modernos) camina por la calle un grupo de gente con los auriculares a todo volúmen, hacia la casa de algún amigo a tomar mate, de algun novio o novia.
El mundo de los Grandes Señoritos, esos animales licenciados en ciencias NO humanas, especialistas en no contar nada (al fin y al cabo, los números siempre serán esclavos de los celos que sienten por las letras, que pueden CONTAR verdades) se termina de a poco.
Un día, el Sr. Contador de Números despertará y, al asomarse a la ventana de su casa, verá la calle llena de cronopios bailando y jugando con mangueras de colores.
Se les termina el tiempo, Grandes Señoritos, ¡aprendan las letras porque los números ya no nos importan!
Mientras tanto, fuera de los círculos de los Grandes Economistas (esa especie de Dioses modernos) camina por la calle un grupo de gente con los auriculares a todo volúmen, hacia la casa de algún amigo a tomar mate, de algun novio o novia.
El mundo de los Grandes Señoritos, esos animales licenciados en ciencias NO humanas, especialistas en no contar nada (al fin y al cabo, los números siempre serán esclavos de los celos que sienten por las letras, que pueden CONTAR verdades) se termina de a poco.
Un día, el Sr. Contador de Números despertará y, al asomarse a la ventana de su casa, verá la calle llena de cronopios bailando y jugando con mangueras de colores.
Se les termina el tiempo, Grandes Señoritos, ¡aprendan las letras porque los números ya no nos importan!
octubre 25, 2011
El arte es de los artistas. NADIE tiene derecho a ganar con el trabajo ajeno. Es necesaria una nueva Ley de Propiedad intelectual que ponga las cosas en su lugar: a los artistas en el escenario y a los grandes ladrones-editores en la cárcel.
Basta de decirnos que le robamos a los músicos por descargar su música. Los que roban son los editores discográficos.
Jamás falté el respeto a un artista ni le robé nada. No me enriquecí nunca con un CD descargado de Internet. Cada canción que he bajado está guardada dentro del corazón como un tesoro. Y siempre que pude, compré el CD original.
Mientras no entendamos que los responsables de las grandes compañías discográficas tienen que estar presos esto no va a cambiar jamás: piratería es robar, enriquecerse con bienes ajenos. Ellos son los que lo hacen, no nosotros.
Mientras nosotros difundimos y disfrutamos a los artistas ellos mantienen su propio negocio bien asegurado, impidiendo el acceso a los circuitos de distribución a los músicos que no les generan ganancias a ellos y obligándonos a soportar mediocres que no valen un solo CD editado.
EL ARTE JAMÁS DEBE MEDIRSE POR LAS REGALÍAS QUE DEJA A UN EMPRESARIO. Medir el arte por las ganancias que deja es un delito mucho peor que descargar ese disco que tanto disfrutamos y admiramos.
TODO ARTISTA TIENE EL DERECHO A SER ESCUCHADO, VISTO O LEÍDO. Ese el el único derecho de propiedad intelectual. Lo demás es negocio, y no tiene nada que ver con el arte. Y el Estado, por medio de Leyes correctas, tiene la obligación de garantizar este derecho y penalizar a TODO aquel que, sin ser el artista y dueño de una obra, obtenga ganancias con ella. Tanto al que vende un CD descargado gratuitamente de Internet, como a al que lo vende a cambio de porcentajes inmorales.
Warner Music Group, EMI, Sony Music Entertainment, Universal Music Group y otras, TAMBIÉN SON PIRATERÍA.
Ya una Ley que limite el valor agregado sobre los costos REALES de las obras de arte; que distribuya las ganancias de la venta en favor del artista y no del editor; que permita la distribución libre de todo contenido cultural de forma controlada; que asegure la NO caducidad de los derechos comerciales para el autor (actualmente, por la reedición de una obra editada más de 30 años atrás no debe pagarse regalías al autor).
Quiero arte, necesito arte. Me sobran mercaderes. Basta de intermediarios y explotadores. Que cada parte gane lo que es justo por su trabajo.
Basta de decirnos que le robamos a los músicos por descargar su música. Los que roban son los editores discográficos.
Jamás falté el respeto a un artista ni le robé nada. No me enriquecí nunca con un CD descargado de Internet. Cada canción que he bajado está guardada dentro del corazón como un tesoro. Y siempre que pude, compré el CD original.
Mientras no entendamos que los responsables de las grandes compañías discográficas tienen que estar presos esto no va a cambiar jamás: piratería es robar, enriquecerse con bienes ajenos. Ellos son los que lo hacen, no nosotros.
Mientras nosotros difundimos y disfrutamos a los artistas ellos mantienen su propio negocio bien asegurado, impidiendo el acceso a los circuitos de distribución a los músicos que no les generan ganancias a ellos y obligándonos a soportar mediocres que no valen un solo CD editado.
EL ARTE JAMÁS DEBE MEDIRSE POR LAS REGALÍAS QUE DEJA A UN EMPRESARIO. Medir el arte por las ganancias que deja es un delito mucho peor que descargar ese disco que tanto disfrutamos y admiramos.
TODO ARTISTA TIENE EL DERECHO A SER ESCUCHADO, VISTO O LEÍDO. Ese el el único derecho de propiedad intelectual. Lo demás es negocio, y no tiene nada que ver con el arte. Y el Estado, por medio de Leyes correctas, tiene la obligación de garantizar este derecho y penalizar a TODO aquel que, sin ser el artista y dueño de una obra, obtenga ganancias con ella. Tanto al que vende un CD descargado gratuitamente de Internet, como a al que lo vende a cambio de porcentajes inmorales.
Warner Music Group, EMI, Sony Music Entertainment, Universal Music Group y otras, TAMBIÉN SON PIRATERÍA.
Ya una Ley que limite el valor agregado sobre los costos REALES de las obras de arte; que distribuya las ganancias de la venta en favor del artista y no del editor; que permita la distribución libre de todo contenido cultural de forma controlada; que asegure la NO caducidad de los derechos comerciales para el autor (actualmente, por la reedición de una obra editada más de 30 años atrás no debe pagarse regalías al autor).
Quiero arte, necesito arte. Me sobran mercaderes. Basta de intermediarios y explotadores. Que cada parte gane lo que es justo por su trabajo.
septiembre 23, 2011
La irrealidad depende de los intereses que pone en juego cada observador. El subjetivismo es la principal causa de distorsión de la realidad. Esto en las relaciones interpersonales es más claro y, cuanto menos conviene al sujeto captar la verdadera situación, más intenta desdibujar el cuadro general de situación. Lo que no conviene saber se oculta y lo que hace falta, si no está, se inventa.
De todas formas, cuando al sentimiento se lo modifica con el fin de hacerlo más conveniente es cuando más se nota el miedo de aceptar que se está llamando "amor" a la incapacidad de aceptar un sentimiento verdadero, capaz de mantener la relación dentro de un marco relativamente objetivo.
La modernidad nos ha vaciado. Llamamos "amor" a cualquier forma de sentimiento que nos saque del letargo. Muchos buscan solamente relaciones violentas en las que la unión esté determinada por reacciones agresivas, confundiendo la intensidad de estas discusiones con un sentimiento mayor, pero absolutamente opuesto. Esto puede originarse en la impotencia que surge al no poder canalizar las propias frustraciones originadas en los errores cometidos pero no reconocidos a nivel consciente.
En estas parejas, al no poder amarse mutuamente, se agreden con intensidad para compensar el vacío y el sinsentido de la relación. Mientras que, por otro lado, los sentimientos verdaderos hacia personas externas a la pareja que han sido inconscientemente reprimidos (o bloqueados, por miedo ante repetidas frustraciones, por miedo a sentirse vulnerables) se exteriorizan por medio de resentimiento o bronca constante hacia ellos, resultado no del accionar de esas otras personas sino de la propia decepción ante la vida y la falta de herramientas para encauzar los sentimientos de manera correcta.
La incapacidad de accionar normalmente en este tipo de relaciones se refleja, por lo general, en la incapacidad de comunicar los hechos ocurridos en relación a la pareja con personas de otros entornos (amigos, parientes). Comúnmente, los individuos atrapados en esta forma de relación, son incapaces de conjugar correctamente la situación de pareja con situaciones fuera de ese entorno. No hablarán de sus parejas con nadie, o evitarán ser vistos publicamente con ellas. Es posible que se llegue, incluso, a la negación de la relación con el fin de evitar comentarios que expongan la verdadera condición de la pareja.
El primer síntoma de esto es el alejamiento de todos aquellos que se muestran en disconformidad con la relación. Cuánto más explícitamente, más rápido serán evitados por los miembros de la pareja con el fin de evitar conversaciones en las que tengan que "defenderse" (ya que ellos se sentirán "atacados" por aquellos que no coincidan con ellos). Esta sensación interna de "no tener argumentos" los alejará de cualquiera que vea con desagrado la unión de la pareja y pueda dejarlos expuestos a la necesidad de afrontar la discapacidad afectiva en la que viven.
De todas formas, cuando al sentimiento se lo modifica con el fin de hacerlo más conveniente es cuando más se nota el miedo de aceptar que se está llamando "amor" a la incapacidad de aceptar un sentimiento verdadero, capaz de mantener la relación dentro de un marco relativamente objetivo.
La modernidad nos ha vaciado. Llamamos "amor" a cualquier forma de sentimiento que nos saque del letargo. Muchos buscan solamente relaciones violentas en las que la unión esté determinada por reacciones agresivas, confundiendo la intensidad de estas discusiones con un sentimiento mayor, pero absolutamente opuesto. Esto puede originarse en la impotencia que surge al no poder canalizar las propias frustraciones originadas en los errores cometidos pero no reconocidos a nivel consciente.
En estas parejas, al no poder amarse mutuamente, se agreden con intensidad para compensar el vacío y el sinsentido de la relación. Mientras que, por otro lado, los sentimientos verdaderos hacia personas externas a la pareja que han sido inconscientemente reprimidos (o bloqueados, por miedo ante repetidas frustraciones, por miedo a sentirse vulnerables) se exteriorizan por medio de resentimiento o bronca constante hacia ellos, resultado no del accionar de esas otras personas sino de la propia decepción ante la vida y la falta de herramientas para encauzar los sentimientos de manera correcta.
La incapacidad de accionar normalmente en este tipo de relaciones se refleja, por lo general, en la incapacidad de comunicar los hechos ocurridos en relación a la pareja con personas de otros entornos (amigos, parientes). Comúnmente, los individuos atrapados en esta forma de relación, son incapaces de conjugar correctamente la situación de pareja con situaciones fuera de ese entorno. No hablarán de sus parejas con nadie, o evitarán ser vistos publicamente con ellas. Es posible que se llegue, incluso, a la negación de la relación con el fin de evitar comentarios que expongan la verdadera condición de la pareja.
El primer síntoma de esto es el alejamiento de todos aquellos que se muestran en disconformidad con la relación. Cuánto más explícitamente, más rápido serán evitados por los miembros de la pareja con el fin de evitar conversaciones en las que tengan que "defenderse" (ya que ellos se sentirán "atacados" por aquellos que no coincidan con ellos). Esta sensación interna de "no tener argumentos" los alejará de cualquiera que vea con desagrado la unión de la pareja y pueda dejarlos expuestos a la necesidad de afrontar la discapacidad afectiva en la que viven.
septiembre 20, 2011
Me hablan, me explican cómo se entra en el Cielo. Pero no como salir del infierno. ¿Acaso lo conocen? ¿Acaso sus manos bajarán hasta el mismo fuego que me consume para ayudarme a levantarme? ¿O solo dirán que de necio quise quedarme en las llamas, ardiendo, para no reconocer que nunca han muerto ni descendido a los infiernos?
Cada llaga será mañana una medalla al coraje en la lucha por cada latido de un corazón que se enfermó de tus ojos.
Cada llaga será mañana una medalla al coraje en la lucha por cada latido de un corazón que se enfermó de tus ojos.
El monstruo miró a Teseo y distinguió en sus ojos a esa muchacha que lo esperaba fuera. Pensó en su propia vida, en su soledad, en su infinito encierro entre infinitos pasillos repetidos. Pensó que él nunca había tenido un amor, un abrazo, una compañera. La envidia le encendió el resentimiento y golpeó al héroe. Pero al verlo en el suelo, con sangre en el rostro volvió a sentir la pena y se dejó vencer. "¿Para qué seguir viviendo?", pensó. Y le regaló la libertad y el amor a ese otro que sí podía tenerlos.
septiembre 13, 2011
Guión para un cortometraje erótico
La cámara se acerca desde la puerta de la habitación.
En escena un hombre entrando en una mujer
con desesperada pasión, con silenciosa furia. Como intentando una salida de emergencia ante el inminente desastre.
Luego se levanta y se dirige al baño, donde se para frente al espejo.
Se mira, en silencio, durante unos segundos.
Finalmente se reconoce en el rostro enajenado e insatisfecho.
En la habitación, la mujer se ha quedado dormida, ajena a cualquier tribulación.
Él la ama. O la quiere. O le reconoce su presencia y su entrega.
El del espejo es otro, uno que no conoce la vida, que intenta escapar de la muerte inevitable escondiéndose en el vientre de esa mujer. O de cualquier otra. Ella se irá cuando no entienda que eso también es amor, entonces otra ocupará su lugar.
La cámara se queda un instante a cierta distancia abarcando a los protagonistas: a la izquierda de la imagen, por entre la puerta abierta del baño, el reflejo de un hombre parado frente al espejo; a la derecha, el cuerpo desnudo de una mujer dormida.
En la pantalla nunca aparece la palabra FIN. Solo se desvanece la imagen lentamente, como un recuerdo.
La cámara se acerca desde la puerta de la habitación.
En escena un hombre entrando en una mujer
con desesperada pasión, con silenciosa furia. Como intentando una salida de emergencia ante el inminente desastre.
Luego se levanta y se dirige al baño, donde se para frente al espejo.
Se mira, en silencio, durante unos segundos.
Finalmente se reconoce en el rostro enajenado e insatisfecho.
En la habitación, la mujer se ha quedado dormida, ajena a cualquier tribulación.
Él la ama. O la quiere. O le reconoce su presencia y su entrega.
El del espejo es otro, uno que no conoce la vida, que intenta escapar de la muerte inevitable escondiéndose en el vientre de esa mujer. O de cualquier otra. Ella se irá cuando no entienda que eso también es amor, entonces otra ocupará su lugar.
La cámara se queda un instante a cierta distancia abarcando a los protagonistas: a la izquierda de la imagen, por entre la puerta abierta del baño, el reflejo de un hombre parado frente al espejo; a la derecha, el cuerpo desnudo de una mujer dormida.
En la pantalla nunca aparece la palabra FIN. Solo se desvanece la imagen lentamente, como un recuerdo.
septiembre 11, 2011
De pronto recordé una noche, una noche cualquiera. Me había asaltado la terrible soledad y un nombre, uno solo, se me apareció en el sueño. Quise morir para no perderla pero hubo, como cada día, un sol nuevo en el cielo. Toda la mañana se me fue en aprender a olvidarla. Aquella mañana fue la más larga, y duró todo el invierno.
septiembre 08, 2011
Escapaba porque correr es buen ejercicio. En sus huidas encontraba a muchos como él que estaban huyendo. Pero nunca los entendía. Él no podía entender eso de correr de un lugar a otro para cambiar algo. Los lugares son todos iguales, pensaba, uno no escapa de un cerro, de un río, de un bosque. Escapa de la gente que los habita. Pero él no entendía porque hay gente que quiera huir de otra gente. Él solo corría porque le gustaba moverse, cambiar de aires, de horizonte. Se iba para volver, se perdía para reencontrarse con su gente. Él no huía de nada ni de nadie. Solo se iba, de a ratos, a un mundo de poemas y tristezas infinitas. Allí, se decía, el horizonte es un hilo largo entre el cielo y el mar.
Luego, cuando volvía, el mundo era diferente, como si lo viera con un papel celofán violeta delante de sus ojos.
Lo acusaron de todo: egoísmo, egocéntrico, distraído, mal educado, irrespetuoso.
Nunca lo miraron. Si lo hubieran hecho, habrían visto un alma que no tenía hogar ni reposo.
Quizá alguien hubiera podido evitar que se escapara, un atardecer de lluvia, de la única vida que creyeron que tenía.
Luego, cuando volvía, el mundo era diferente, como si lo viera con un papel celofán violeta delante de sus ojos.
Lo acusaron de todo: egoísmo, egocéntrico, distraído, mal educado, irrespetuoso.
Nunca lo miraron. Si lo hubieran hecho, habrían visto un alma que no tenía hogar ni reposo.
Quizá alguien hubiera podido evitar que se escapara, un atardecer de lluvia, de la única vida que creyeron que tenía.
Sentir que no he perdido en el camino más que algunas cosas innecesarias. La incurable sinrazón sigue vigente. Entender que entender es solo ignorar las razones. No comprenderte para no sentir lástima de lo que has sido. Irremediablemente se abren caminos y uno llega a esa esquina en que debe dejar el pasado en el borde de una ventana. Y seguir caminando, mañana un beso nos dirá quién somos relamente. Y solo una certeza tengo, que ya no soy aquellos besos que no me diste.
septiembre 03, 2011
Si me dejaras creer en un tal vez, aunque sea mínimo, te asegurarías al menos un hombre que te tenga en un altar y esté dispuesto a lo que necesites siempre. Al decidir que jamás dirás que si me estás dando la libertad de no ocuparme de tí lo necesario, de no escoger los métodos de conquista adecuados y que finalmente te convendrían.
Esto es, si ningún camino lleva donde uno quiere llegar, ¿qué importa cuál escogamos?
Apología de la Histeria
Esto es, si ningún camino lleva donde uno quiere llegar, ¿qué importa cuál escogamos?
Apología de la Histeria
septiembre 02, 2011
A ella nada le importa, nada la conmueve. Pero le sigue aparentando para que él le diga "hola, ¿cómo estás?" y se siga arrastrando y la siga cuidando como cuando ella fingía estar con él. Él sabe que todo es de cartón y a veces sigue el juego. A veces se lo cree, y ese el problema. Juntos viven como cabras saltando de mentira en mentira, cada uno jugando su juego. Los dos pierden porque él nunca la alcanzará y ella seguirá perdida entre amistades de cartón y hombres que la dejen antes que termine de vestirse. El cree en el amor eterno, ella en que todo muera rápido para no aburrirse. Los dos corren, ninguno llega. El se acostará pensando en ella, necesitándola. Ella se despertará sin entender nunca por qué el hombre que duerme a su lado, teniéndola tan fácil y sin resistencias, no la cuida como él que nunca tiene nada de ella y solo vive en su espera. Es una historia entre dos seres anacrónicos. Es una historia entre romántica y moderna. Es una historia de amor, de amor moderno.
Y eran un par de sueños truncos los que pendían de una cuerda deshilachada en el centro y a punto de cortarse.
La mitad del tiempo la amenza y la ansiedad,
la lucha y contradiccion interna de esperar el desprendimiento anunciado, ansiado, en cierta manera,
como se quiere saltar a un abismo cuando se lo tiene enfrente.
Quería pasar la muerte, quitarse esa tensión de encima lo antes posible para vivir sin esa angustia que le raspaba la garganta por dentro.
Morir, eso ayudaría, morir d euna vez y seguir viviendo después sin pensar en aquello. Vivir eternamente como en un sueño estúpido donde todo ocurre sin sentido, sin necesidad ni razón.
Eso estaría bien, pensó. De una vez por todas. De una vez. Matarse. Desprenderse del sueño ese de no tener sueños.
Lo pensó y lo decidió. Y así de simple lo resolvió.
A las 10:53am abandonó el desayuno y se cortó el cuello.
Todas las asperezas salieron en gorgoteos escarlatas.
A las 11:13am volvía a la mesa y retoma el desayuno (ya frío).
El primer placer que tuvo en la vida fue sentir el café bajando suave, sin rasguñarle la garganta.
"Ya está", se dijo en voz alta para asegurarse que estaba vivo, "ya está, ahora a seguir viviendo".
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